La prueba maratón de 2009 con el BMW Serie 318d fue un hito. Con el Audi A4 en 2010 se confirmó la rivalidad entre ambas marcas. En 2011 el Mercedes Benz C200CDI demostró ser igual o mejor con menos potencia. Parecía lógico pensar que la siguiente marca protagonista de nuestros maratones fuese Volvo, y pese a apostar al principio por hacerla con el V60, la elección del S80 se ha confirmado, a toro pasado, como la más acertada. Es cierto que compite con BMW Serie 5, Audi A6 y Mercedes Clase E, pero no es menos cierto que en cuanto a agrado al volante, sistemas de protección y seguridad y ayudas a la conducción, el Volvo S80 D3 con cambio automático de 6 velocidades que hemos tenido el placer de probar, ha sido el mejor de los cuatro maratones realizados.
El interior de este S80 ya lo ves en las imágenes y en el vídeo: absolutamente Premium. El acabado ’summum’ que monta nuestra unidad cuesta 7.279 euros, pero ya te pone el coche a la altura de los mejores en cuanto a equipamiento. El color gris Oyster te cuesta 957 euritos (aguanta la suciedad una barbaridad sin que se note mucho) y las llantas de 18 pulgadas otros 982 euros. La caja de cambios automática tiene un sobreprecio de 2.086 euros con respecto a la manual. Va estupendamente, pero es dinero, y si los consumos bajan un litro cada cien kilómetros como dice la marca… creo que apostaría por el cambio manual, la verdad. En ambos casos es de seis marchas. El S80 D3 que hemos probado, estrictamente de serie sale por 36.790 euros en acabado Kinetic, el más básico, y el equipamiento de seguridad ya es considerable. Acabado Summum y cambio automático se pone en 46.156, y con todos los extras de nuestra unidad, la cosa llega a los 56.099 euros. Yo ya te digo que los pagaría –ahorrando algún extra prescindible-, a pesar de que estéticamente prefiero un diseño más moderno y atrevido, aunque comprendo que Volvo deba ser fiel a su clientela y estilo. Esta unidad lleva, además, el pack Xenium, con asientos con memoria y calefactables, techo solar y sensor de aparcamiento por 1.495 euros y el Pack Safety, más que recomendable, con el Sistema de información de puntos ciegos, la alerta del conductor y la velocidad constante adaptativa por 2.135. En gasolina, 180 caballos, tienes un S80 por 37.937 euros. El S80 tiene tres potencias con este combustible, 180, 240 y 304 CV, mientras que en diesel tiene el testado de 163 y el D5 de 215. Esta mecánica y la de 304 en gasolina, puede montar AWD.
En cambio con el navegador he salido encantado. Mucho más racional y mejor situado que en el XC90, nos ha ‘salvado la vida’ en más de una ocasión. Dos veces no le hicimos caso y dos veces que palmamos. Una, especialmente, fuimos a ocho grados bajo cero por carreteras cubiertas de hielo y nieve y parajes antárticos, con túneles fantasma y lagos helados, al atardecer, con la oscuridad ganando terreno. No volverá a pasar. La interfaz es muy intuitiva, es fácil moverse y llegar a cualquier pantalla que desees. El zoom es eficaz, te da tres opciones de cada recorrido y puedes elegir que te aparezca en pantalla siempre la velocidad máxima de la vía en la que circulas. De verdad que ha sido un grandísimo e imprescindible compañero de viaje. Evalúa en tiempo real el tráfico en la zona programada y no duda en ofrecerte rutas alternativas cuando detecta que la situación ha empeorado, diciéndote, además, los kilómetros de más que harás en la ruta que te propone. Un crack. Y además se puede controlar desde la ruletita derecha de los botones del volante. El S80 dispone, por supuesto, de bluetooth y manos libres.
A nivel dinámico el coche nos ha sorprendido mucho, y para bien. Los prejuicios son fatales en estos casos, y viendo peso, potencia y cambio automático, no esperábamos mucho, por muy Volvo que fuera. Y la realidad es que el conjunto ha rayado a gran nivel. El cambio es de notable alto, el peso en marcha apenas se nota, tan solo es algo perezoso cuando quieres que acelere de parado a toda máquina, y ni cuando pisas a fondo el ruido del motor molesta. Quizás tarda una décima de segundo más de lo deseable en cambiar a la marcha siguiente cuando ha alcanzado el régimen máximo, pero es perdonable. A pesar de que ‘sólo’ tiene seis marchas –la competencia ya monta siete y ocho-, los saltos entre una y otra apenas se notan. Todo es suave, sin ruidos ni notas discordantes. Es muy fácil.
Me encanta que el S80 sea ‘multiconfigurable’: apertura de puertas, luces, ángulo de los espejos, dureza del volante, alerta de la distancia, aviso de colisión, sensibilidad del cambio de carril, salvapantallas, sonido, clima… todo se puede regular para mayor o menor sensibilidad. Es muy difícil no reglar el coche a tu gusto. Especial mención al Drive Alert, sobre todo en viajes largos, que mediante unos parámetros de conducción es capaz de salvarte la vida si detecta que tu grado de atención ha caído. Posee avisos acústicos y luminosos, con luces naranjas o rojas según la inmediatez de una hipotética colisión. Es el City Safety (de serie), que con su tecnología láser, en ciudad a menos de 30 km/hora es capaz de detener el coche totalmente si detecta que puede haber colisión cercana. En carretera a más de 65 km/h, también tienes una protección parecida con la velocidad de crucero adaptativa, capaz por láser de detectar incluso a peatones, avisarte como precaución y activar los frenos él mismo en caso de necesidad. SIPS Airbags, Sistema WHIPS de Protección contra latigazos cervicales, ABS, EBA (Asistencia en Frenada de emergencia), Control Dinámico de Estabilidad y Tracción (DSTC), Freno electrónico de Aparcamiento, Faros activos en curva (ABL)… un lujazo en cuanto a seguridad.
Caja de cambios: Automática 6 velocidades
Alimentación: Diesel
Distancia ejes: 2.835 mm
Maletero: 480 litros
Nº plazas: 5 plazas
Neumáticos: 225/50/17; Unidad probada: 245/40/18
Tracción: delantera
Frenos delanteros: discos ventilados
Frenos traseros: discos
Velocidad máxima: 210 Km/h
Capacidad depósito combustible: 70 litros
Peso en orden de marcha: 1.712 Kg.
Par motor: 400 Nm a 1.500 rpm
Emisiones CO2: 148 g/Km.
Extraurbano: 4,7 l/ 100km
Urbano: 7,8 l/ 100 km
Mixto: 5,9 l/ 100 km
Comodidad, confort, habitabilidad
Medidas de seguridad casi infinitas
Ayudas a la conducción (en especial, el sist. de velocidad de crucero adaptativo)
Navegador interactivo
Peso
Ordenador de a bordo mejorable
Las luces cortas se pueden mejorar
Diseño exterior muy discreto
GLOSARIO-ETAPAS-ANECDOTARIO-INCIDENCIAS-COSAS PARA RECORDAR
ETAPA 1 – MADRID – SAN SEBASTIAN 468 kms (+16). 4h29min. 110km/h Consumo 6,0 l/100 kms
¡¿Arrancamos?! Sol, calor y primeros kilómetros a una unidad que recogemos con 7.602 kms. Empezamos la prueba con apenas 50 kilómetros más. Poco a poco nos habituamos al habitáculo, sensaciones, elementos y dispositivos.
ETAPA 2 – SAN SEBASTIAN - LILLE 1.070 kms. 10h09min. 113km/h Consumo 6,5
Tras la espectacular victoria de Fernando Alonso en el GP de Malasia, pasamos la frontera con una sonrisa de oreja a oreja. No sin antes llenar el depósito a un precio algo menor que en Francia. 49 litros a la ‘buchaca’ cuando el marcado apunta al medio millar de kilómetros en este inicio de aventura. Peajes a cada paso y obras por doquier son la dinámica en el periplo galo. Descubrimos que ‘Volvito’ (el navegador) no calcula la hora de llegada a la manera tradicional, sino en función de la velocidad en los últimos kilómetros, provocando cambios de una hora en apenas unos minutos de trayecto. Habrá que acostumbrarse. Con el límite a 130, avanzamos raudos y veloces entre una horda de Citroen C3, que parece que los regalan. El combustible en Francia, 1,59 el diesel y 1,75 la SP95. En Apenas cien kilómetros avistamos más de una docena de castillos y un Subaru Impreza de la Gendarmerie apuntando su radar-pistola con maestría. Llegando a París un panel luminoso nos pide que bajemos 20 km/hora la velocidad por culpa de la contaminación. Después de vivir y trabajar casi dos años en Paris en el pasado, es lo menos que podemos hacer.
ETAPA 3 – LILLE - COPENHAGUE 1.147 kms. 11h02min. 109km/h Consumo 6,0
Afrontamos una de las etapas más largas repostando nada más cruzar a Bélgica. Cuando pasamos a Holanda apenas hay cambios en el paisaje. El avisador de radares que llevo instalado en el móvil enmudece durante un par de cientos de kilómetros. Alemania llega y sus tramos de autopista sin límite de velocidad, aunque cada vez son menos por culpa de unas obras que parecen interminables. Un fogonazo rojo nos pone en alerta. ¿Habremos infringido algún límite? Pensamos que no, pero nos ronda la mosca detrás de la oreja. Pocos coches a todo gas en las Autobahn. ¿Los alemanes también notan la crisis? Nos sorprende ver señales de tráfico que prohíben adelantar a camiones entre las 6 y las 20 horas. A partir de aquí veremos que es una cosa normal en los países nórdicos en diferentes tramos horarios. Mirar a los retrovisores es fundamental, pues de vez en cuando se acercan coches a doscientos y pico. También nos sorprende, pasado Hamburgo, que se puede circular por el arcén. Entramos en Dinamarca, donde hay que llevar las luces siempre encendidas y en autopista circular a 130. Aquí los camiones no pueden adelantar de 6 a 9 ni de 15 a 18 horas. Antes de saltar a la isla en la que está Copenhague el puente de Nyborg nos sorprende por sus casi 20 kilómetros de longitud, aunque se apoya en una mini isla a medio camino. Torres eólicas salen del agua para ver que los daneses no respetan demasiado los límites de velocidad.
ETAPA 4 – COPENHAGUE - GOTEBORG 325 kms. 3h29min. 97km/h Consumo 6,2
Abandonamos la capital danesa con 862,65 coronas menos, las mismas que valen 72,37 litros de gasóleo (Volvo dice que en su S80 caben 70 litros). Atravesamos el magnífico puente de Oresund, que une Copenhague con Malmoe, ya en Suecia, por el ‘módico’ precio de 43 euros. De Alemania para arriba debes llevar la tarjeta de crédito en los dientes para cualquier cosa. No te digo más que a mitad de viaje el chip empezó a fallar, de lo rayado que estaba. Lo peor es que los 43 eurazos no dan derecho ni a un café o unas pastitas, para pasar mejor el trago. En cualquier caso el trabajo de ingeniería es brutal. La única vez en todo el camino que nos paran en una frontera es en esta. Se sorprende cuando le decimos que venimos de España por carretera a hacer un reportaje de la fábrica de Volvo en Goteborg. Después de preguntarme que si soy del Real Madrid esboza una sonrisa y nos desea buena suerte en el camino. En menos de tres minutos vemos el primer Ikea del país. Aquí los camiones también tienen sus restricciones para adelantar, aunque por menos tiempo. No pueden de 7 a 9 ni de 16 a 18 horas. Llanuras verdes salpicadas por casas y graneros de color rojo. Comprobado durante horas y horas: no pasan 8 coches, nunca jamás, sin que uno de ellos sea un Volvo. Espectacular. Las versiones ‘wagon’, rancheras, o como quieras llamarlas, ganan en un porcentaje de 75-25 a las berlinas correspondientes. Desde Dortmund hacia arriba, siempre igual. Arribamos a Goteborg tras 3.038 kms de aventura.
ETAPA 5 – GOTEBORG – VOLVO - ESTOCOLMO 481 kms. 4h40min. 106km/h Consumo 5,8
La visita a la fábrica de Volvo y a su museo la cuento en un reportaje especial. Baste decir aquí que trato exquisito, muchas curiosidades y ambiente total de primer mundo. Después de comer rumbo a Estocolmo. Los lagos se suceden y la total ausencia de núcleos urbanos, y sí muchas casitas de madera desperdigadas. No podemos pasar de 110 km/h. Curiosamente, nos encontramos con un desvío a la fábrica de Husqvarna de motos. Mirada cómplice al copiloto y risas más cómplices aún. Nos encantaría tener tiempo para visitar la meca de las motos suecas, pero vamos pillados para llegar a una hora decente al hotel de Estocolmo, el mejor y más caro de todos. ¡Qué no se enteren nuestros hermanos de Portalmotos.com! También vemos de pasada ciervos pastando como si fueran vacas a menos de 50 metros de nosotros. Y más de la mitad de localidades que atravesamos de Goteborg a Estocolmo las tengo en casa: ¡corresponden a nombres de productos del Ikea! Cuando vi un cartel que decía Vestby no pude contener la risa.
Nos tomamos un día entero de descanso en Estocolmo. Nos producía mucha curiosidad saber por qué casi la mitad de los coches que pasaban por nuestro lado hacían un ruido especial. La respuesta, en la foto: la mayoría no había quitado las ruedas de clavos, obligatorias en invierno en aquellas latitudes. La meteorología es tan caprichosa y cambiante como un F1 pilotado por Lewis Hamilton. En cinco minutos puedes empaparte, morirte de frío, sufrir con el granizo o ponerte en manga corta por el calor. Aunque lo último es un poco exagerado, la verdad. Y lo digo ya: el mito de las suecas se viene abajo por completo, sobre todo tras pasar por Dinamarca, un país lleno de bellezas… y no lo digo por La Sirenita. En Estocolmo, y por ende en todos los países nórdicos, hasta una barra de pan se paga con tarjeta de crédito. Y que no lea esto Esperanza Aguirre ni ningún alcalde español, porque allí se paga en los parquímetros… ¡hasta por dejar el coche en la calle de noche! También vemos que muchos coches circulan con potentes faros añadidos en el frontal, generalmente tres, aunque también dos más grandes. La explicación es las intensas nevadas a partir de esas latitudes. Sólo así se puede ver algo.ETAPA 6 – ESTOCOLMO – SIGTUNA – UPPSALA - ESTOCOLMO 303 kms. 5h08min. 58km/h Consumo 6,5
La visita a la Sala Azul, de ladrillo visto, donde se celebra el banquete de los premios Nobel es obligada. De nuevo tiempo cambiante. Sigtuna, la antigua capital sueca es un remanso de paz y tranquilidad, a la vez que un parque temático de casitas de madera pintadas de vivos colores, de todos los tamaños y casi sabores. Pippi Langstrumpf puede aparecer tras una esquina en cualquier momento.
Repostamos nada más abandonar la capital sueca, y comprobamos que cada vez el litro de gasóleo está más caro. Al cambio, 1,72 euros. A los lados de la carretera, la publicidad está prohibida en carteles al uso, y se las apañan para aparcar remolques de enormes dimensiones para situar los mensajes publicitarios. Y son muy cutres. Es el quinto día en suelo sueco y descubro que apenas manejo tres-cuatro palabras en este idioma. Muy triste. Pasamos a Noruega, donde en algunas estaciones de servicio el litro se acerca ya a los dos euros. Salvo raras excepciones, la velocidad máxima es de 90 por hora. Durante el periplo comprobamos que entre estos dos países sufragan a las empresas que fabrican cofres para la baca de los coches. Increíble el número. En Noruega las carreteras son peores, son más estrechas y están peor conservadas. El hielo, sin duda, hace estragos. También hay más curvas. Las placas de hielo empiezan a aparecer y cometemos el primer error serio del viaje al contradecir a Volvito.
Por ahorrarnos una docena de kilómetros nos metemos por una carretera de montaña menos transitada que la autovía a Mordor. El sol se oculta, la nieve y el hielo empieza a taparlo todo y empezamos a tener miedo de verdad. No hay nadie en cientos de kilómetros a la redonda y nos separan aún casi 300 de Bergen. De la nada surge un túnel fantasmagórico, cerrado con lo que parece la puerta de un parking. El semáforo rojo se pone verde y la puerta se levanta. Dentro, la oscuridad. Casualmente, el sistema aleatorio del equipo de sonido elige del USB con 8 gigas de música a su disposición la BSO de Indiana Jones. Nos reímos por no llorar, mientras atravesamos a dos por hora y absolutamente acojonados las entrañas del planeta. ¡Y yo sin mi látigo! Después de 4 kilómetros en los que vimos nuestra vida pasar como a cámara rápida, y esperando encontrarnos con el Súper Agente 86 en cualquier momento, el capricho del destino hace coincidir la salida del túnel con la BSO de 1492, la conquista del paraíso, de Vangelis. Ahora el suspiro de alivio se mezcla con la sonrisa, aunque el hielo sigue impidiendo ver lo negro del asfalto. El termómetro del S80 marca ocho grados bajo cero mientras suponemos que vamos por la carretera y no por fuera. Los techos de alguna casa abandonada que nos encontramos de vez en cuando sirven un poco de guía. Espectacular. La docena de túneles que se suceden ya no nos pillan de nuevas. Después de 13 horas de la conducción más tensa que recuerdo, llegamos a Bergen. Ya hemos hecho 4.720 kms.ETAPA 8 – BERGEN - STAVANGER 225 kms. 3h39min. 62km/h Consumo 6,6
Aparentemente una etapa fácil. Por eso la complicamos de inicio, pasando por el Preikestolen, más conocido como ‘El Púlpito’, que no ‘el pulpito’. Un fiordo cortado a pico, 604 metros por encima del nivel del mar. Aquí una imagen vale más que mil palabras. Lo que no sabíamos es que teníamos que coger cuatro ferries ese día, ni que en el ferry… ¡había wifi gratis! También descubrimos que los ‘francotiradores’ –léase policía con radares ocultos- existían más arriba de España, Francia y Alemania. Y también saben camuflarse. Nos libramos de uno por los pelos, la verdad. En Noruega los coches y camiones no dudan en pararse o echarse a un lado para dejarte pasar si ven que vas más rápido que ellos o están formando cola. Entre ferry y ferry también hay tiempo para túneles kilométricos muy peculiares. Si dura 8 kilómetros, los cuatro primeros son hacia abajo y los cuatro últimos para arriba, con una pendiente apreciable. Cuando se sube, hay dos carriles disponibles. Muy curioso. Ya en Bergen, aprovechamos para visitar los locales de moda y en el que entramos nos parece presenciar en directo un capítulo de Jersey Shore ‘Jersey Shore’ –de la MTV-, pero en rubio. Maaaaaaaaaaadre mía.
No nos queda más remedio que repostar en una carretera perdida de la mano de dios y el litro nos sale a 1,96 euros. Nos cruzamos con dos grupos de la Cruz Roja solicitando donativos en los arcenes… y casi el cien por cien de los coches en ambos sentidos se paran para colaborar. Nos frotamos los ojos y nos pellizcamos a la vez. Nos quedamos con el nombre: las carreteras 42 y 41, de Stavanger a Oslo, sería el paraíso de los moteros o de dueños de TT, Z4, o similares. Cuando esté bien asfaltado todo, volveremos para disfrutar de lo lindo con un coche más deportivo, aunque el S80 demuestra maneras pese al tamaño. Nos damos cuenta de que fuera de las ciudades, no existe una sola carretera sin los palitroques a los lados que sirven para ver la altura de la nieve. Antes de llegar a la capital noruega, disfrutamos con la iglesia vikinga construida en madera más espectacular y antigua del mundo, en Heddal. Merece la pena la visita. En Oslo el marcador del Volvo S80 anuncia que llevamos ya en el lomo 5.543 kms.
Al igual que en Estocolmo nos tomamos un día de respiro para visitar Oslo. Alucinamos con el gran número de coches eléctricos vistos en la ciudad. En un gran párking cubierto una veintena de enchufes hacen juego con los Leaf, Ion, I-Miev, C-Cero y Reva, con algún acoplado más. La señalización en Noruega, también en Suecia, es algo caótica, ya que tienes réplicas de los semáforos enfrente y cuando giras dudas de si el que te encuentras es tuyo o del vecino.
Comienza el regreso en lo que serán tres etapas de más de mil kilómetros del tirón. Esta es la etapa reina, con 1.188 kms. La nevada es tan intensa que durante unos minutos el sensor del coche que mide la distancia con el de delante se bloquea y deja de funcionar. Lo que parecía esporádico se convierte en habitual, y apuntamos que tanto en Suecia y en Noruega es normal que las estaciones de servicio que funcionan con tarjeta no dejen cargar combustible por valor de más de X coronas, 400 o 500, generalmente. Durante las 12 horas de viaje sólo nos libramos de la lluvia la primera hora y media… dónde la nevada fue épica. En Alemania de nuevo nos encontramos un montón de carreteras en obra, por lo que cada vez son más escasos los momentos donde dar rienda suelta al pie derecho. Viernes Santo, noche lluviosa, obras y más obras, 22:15 de la noche, y un francotirador apostado esperando su presa. Acojonante. Llegamos cansados, pero satisfechos, con 6.784 kilómetros en nuestros intestinos.
Un breve pero edificante paseo por una de las ciudades más bonitas de Alemania sirven para que estiremos unas piernas que no van a tener mucho respiro en ruta. Obras, obras y más obras, tanto en Alemania como en Francia. Ojo al dato. Llegamos a París en hora punta y el atasco es la misa del siglo XXI que en su día tuvo que tragarse Enrique III de Navarra y IV de Francia, el de ‘París bien vale una misa’. Hay tanto radar en Francia y tanto sensor que te avisa de tu velocidad, que comprobamos que el descuadre del velocímetro del Volvo S80 es de un 7-8 %. 7.810 kms y mi espalda no se resiente
El último millar de kilómetros antes de llegar a casa. Antes de salir de territorio galo, ya llegando a España, vemos que los francotiradores han cambiado el Subaru Impreza por el Renault Mégane RS. No se andan con tonterías. Últimos 50 euros de diesel, ya en suelo español, para alimentar el último esfuerzo del S80 que sigue en una forma espectacular. Nos fuimos con solazo y el toro de Osborne nos da la bienvenida con otro de igual porte. Entre medias, agua, frío, lluvia, nieve y granizo. Como en España, en ningún lado, ya te lo digo. El Domingo de Resurrección nos regala cero atascos en previsible hora punta. El cuentakilómetros del Volvo marca 16.509 kilómetros. Los últimos 8.844,2 con nosotros.
Tiempo: 97h 44min.
Velocidad media: 93 Km/h.
Consumo medio: 6,26 l/100kms.