RENAULT MÉGANE CC – Prueba coche – El cabrio ejemplar

Por sa , 16/11/2010

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RENAULT MÉGANE CC – Prueba coche – El cabrio ejemplar
El último descapotable derivado de un coche generalista de éxito es este Renault Mégane CC. Se nota que Renault ya tiene experiencia y resuelve con sobresaliente los problemillas del modelo anterior. Portalcoches.net prueba el motor dCi de 160 CV.



 
Empiezan a morir los últimos días de 2010 donde el sol todavía calienta mínimamente, pero lo suficiente como para lucir palmito en un descapotable. No podía acabar la temporada de cabrios en Portalcoches.net sin ponernos al volante del último convertible en salir al mercado con cuatro plazas y un precio asequible. Y es que desde el minuto 1, el Renault Mégane se ha encaramado al puesto número 1 en ventas gracias a la completa gama que sitúan todas sus versiones en lo más alto en cuanto a relación calidad/precio con una estética moderna y unos atributos absolutamente encadenados a este siglo XXI en el que estamos inmersos.
 
Después de la berlina, el precioso coupé, el familiar, el RS deportivo y esperando con expectación la gloriosa venida de un 4x4 derivado de este modelo, comprobamos a los mandos de una unidad de prensa equipada con el motor diesel más potente, el dCi de 160 caballos, que Renault ha apostado definitivamente, sin que suene despectivo, por lo comercial, dejando a un lado arriesgados diseños y locas cabriolas y carambolas estéticas de dudoso éxito, para volver de nuevo a la primera línea de ventas en el segmento más competido en el mercado automovilístico.
 
El anterior Mégane CC cosechó bastante éxito a nivel de ventas, sobre todo en su recta final, cuando a un precio imbatible, menor de 20.000 euros, la marca del rombo se deshacía de las últimas unidades para hacer hueco al nuevo. Con pequeños desajustes y una estética que no apasionaba precisamente a las masas, logró competir en buena lid con Focus CC, 308 CC y hasta con el Volkswagen Eos, un modelo que parece haber hecho un pacto con el diablo porque parece que por él no pasa el tiempo. Pero ahora han cambiado las tornas. He de reconocer que el nuevo Renault Mégane CC no enamora a primera vista, pero a medida que pasan los días, las horas, incluso los minutos en contacto con él, poco a poco te va conquistando.
 
Las particularidades a nivel estético son muchas y muy jugosas, en mayor parte grandes aciertos, pero también algún pequeño detalle que puede generar controversias. La parte delantera no ofrece sorpresas con respecto a sus hermanos, y mantiene la misma parrilla, faros y antinieblas. Atrás, la cosa cambia, y mucho. Para llegar hasta la zaga, comprobamos como la línea se ha suavizado una barbaridad, trocando las líneas rectas, angulosas, y las aristas, por suaves formas curvas que conforman una gran capacidad de penetración aerodinámica, gracias, sobre todo, al grado de inclinación del parabrisas. Se apuesta en este caso por un techo de cristal, panorámico, con los laterales negros, que te hacen dudar mucho a nivel estético, pues en ocasiones parece camuflarse con el fondo y te llegas a preguntar si el coche tiene techo… ¡¿y dónde está?! La caída del techo se alarga hasta casi el infinito, para dotar al coche de espacio suficiente para un maletero capaz y coquetear incluso con los cuatro metros y medio de longitud. El maletero, dicho sea ya de paso, tiene una capacidad enorme con la capota de cristal puesta, hasta 417 litros, que se quedan en 211 descubierto, un hueco aceptable si sus formas no fueran, como son, demasiado estrechas, con un gran fondo y una gran anchura, pero escasísima altura. Un detalle más a tener en cuenta: si cierra el portón flojo o crees que no está ajustado, cosa muy normal debido al gran peso y volumen de dicha pieza, automáticamente el coche lo asegura de manera correcta. Dispositivo de Premium en un Renault.
 
Foto detalle del interior del Renault Mégane CCTras 25 segundos de ansiosa espera el coche retira su techo panorámico de cristal tintado y te deja ver, con más claridad todavía, los detalles de su interior, al que habrás accedido, como siempre en la marca francesa en los coche de mayor equipamiento, sin tener que sacar la tarjeta codificada del bolsillo. Poner en marcha el coche es tan fácil como apretar un botón. El salpicadero y el cuadro de mandos no tiene ninguna sorpresa con lo ya visto en sus hermanos mayores, y en apenas unos pocos segundos compruebas que al acabado Privilège no le falta casi de nada. La única variación consiste en que, debajo de la consola central, detrás de la palanca de cambios, hay un pequeño botón que es el que permite capotar y descapotar el coche. También compruebas con agrado que las tomas de audio auxiliares justo al lado, ya incorporan la entrada USB por la que tanto batallo en cada crítica. El panel de instrumentos, digital, es muy legible y el ordenador de a bordo tiene todo lo que puedes desear, salvo el tiempo que llevas conduciendo. En su debe, el hecho de conservar el botón que activa el limitador de velocidad y la velocidad de crucero casi en tu codo derecho, junto al hueco del reposabrazos central, más abajo aún. Te obliga a hacer un movimiento ‘antinatura’ que habría que solucionar en próximas versiones.
 
El interior es extremadamente confortable. El cuero negro con pespuntes blancos de los asientos tiene una textura ejemplar y envuelve unas plazas delanteras, tirando a duras, pero que se ajustan anatómicamente a la perfección y, con reglajes electrónicos, recogen y sujetan de maravilla cuando la carretera y su trazado se ponen caprichosos. Las dos plazas traseras, individuales, no son tan agradecidas como las de delante. Siguen la tendencia de los últimos diseños de tener casi forma de hueva, y situarse prácticamente empotradas en el maletero, muy atrás y muy abajo. Con esto se logran unos centímetros extras para las piernas, pero vas situado muy abajo y en una posición algo exigente, que no proporciona, precisamente, una extrema comodidad. No puedo acabar este párrafo sin ensalzar, una vez más y las que sean necesarias, los reposacabezas de las plazas delanteras de la mayoría de los Renault, y estos en concreto. La posibilidad de mover la parte inferior hacia adelante ayuda a ‘recoger’ la cabeza proporcionando una comodidad casi infinita. De verdad que gracias.
 
A nivel aerodinámico no recuerdo, ni siquiera en marcas Premium, un descapotable donde, con los cristales subidos –por cierto que tiene una sola tecla para poder actuar sobre las cuatro ventanillas a la vez-, se pueda circular a 120 kilómetros por hora y puedas mantener una conversación en un tono normal con el copiloto. Lógicamente afecta algo el aire, pero no hasta el extremo de tener que soportar dramáticas turbulencias. Para ello, y como extra (270 euros), puedes instalar una red antirremolinos. Lo peor de este dispositivo es que no es automático, y tienes que montarlo previamente a hacer uso del coche descapotado, con lo que el engorro es evidente. Como mal menor, y justo entre los cabeceros de los asientos traseros, cuenta con una pequeña pantalla transparente denominada ‘wind deflector’ para intentar aportar algo más de confort a los pasajeros y reducir turbulencias en el habitáculo. Otro detalle muy loable a tener en cuenta, es que, en días de calor extremo, aunque el techo de cristal esté ahumado y oscurecido convenientemente, la temperatura puede subir considerablemente en el interior… si perseveras en ir capotado en pleno verano. Pero para ello, Renault ha previsto una cortinilla perforada para mitigar en buena parte los rigores del astro rey. Una pega a tener en cuenta con el techo y su accionamiento, es que debes estar totalmente parado para poder activarlo.
 
El motor he de decir que, igual que el dCi de 130 CV me decepcionó, este de 160 me ha gustado mucho más, aunque a mi gusto no termina de ser redondo, con un par mejorable por debajo de las 2.000 rpm y quizá se echa en falta un poco más de contundencia en aceleración pura, que son 160 CV, pero luego ves cifras de consumos –difícil pasar de 7,5 litros a los cien aunque tengas gusto por pisar el acelerador-, peso, y capacidad para rutear en autovía sin despeinarte y subes la nota final. Asociado al cambio manual de seis velocidades de nuestra unidad aún tienes a ponerle algún positivo más, pues el tacto y el funcionamiento de la palanca de cambios es exquisito y es complicado fallar una sola vez en el engranaje de las marchas. En el salpicadero, al lado del dibujo de una palanca de cambios, unas flechas digitales, hacia arriba o hacia abajo, te aconsejarán qué cambio de marcha efectuar para lograr una conducción más económica y ecológica.
 
Foto detalle del Renault Mégane CCLo que más me ha encantado es el trabajo en el chasis y su puesta a punto. El coche transmite una dureza, y una calidad de compacto, duro, prieto, bien trabajado, que asusta, al tratarse de un descapotable, donde desajustes y holguras tienden a ser lo más común pese a las avanzadas tecnologías que pueblan nuestro planeta. Suspensiones duras sin pasarse, lo justo para curvear hasta decir basta y no ser incómodo en carreteras de segundo orden. Para más señas, aproveché las primeras nieves en la sierra para comprobar si mis primeras impresiones eran acertadas, y fue una revelación enlazar dos puertos de montaña, con la capota puesta –estábamos con temperaturas por debajo de cero- y con asfalto frío, mojado, y en algunos puntos con algo de nieve. La pisada, el aplomo, la firmeza y la trazada precisa, simplemente espectaculares, y la dirección, que al principio me había generado alguna duda, comportándose de manera más que aceptable. Un auténtico placer.
 

Mientras escribo esta crítica Renault tiene una oferta con descuentos de 2.200 euros en todos sus CC. Esto significa que la versión de acceso, con motor gasolina de 130 caballos, está en 24.850 euros. El dCi de 160 CV de nuestro test se queda en 30.500 euros. Nuestra unidad sube hasta los 31.485 euros, tras sumar los 520 del navegador Carminat TomTom, que te indica hasta la velocidad máxima permitida de la vía –y que en su modo noche es tan oscuro que apenas se puede distinguir nada en la pantalla-, los 195 del radar de proximidad delantero y trasero, y los 270 de la red antirremolino. La verdad es que, en honor a la verdad, hay que reconocer que los extras en Renault tienen un precio prácticamente imbatible para las otras marcas. Al césar, lo que es del césar. La gama del CC es muy completa, con motores 130, 140 y 180 en gasolina y 110, 130 y 160 en diesel.

 

CON LA MANO EN EL CORAZÓN

Me ha gustado. No sé si tanto para desbancar de mi corazón al Eos, pero sí como para combatir con el 308 CC. Con una ajustada política de precios y con una calidad innegable, el Mégane CC juega la baza de su practicidad y de aspirar a poder ser coche único con unos argumentos notables. En cualquier caso, una excelente compra.
 

UN COCHE PARA…

…casi cualquiera. Si buscas un descapotable, pocos pueden combatir en la exigente relación calidad/precio. Moderno y funcional, su estética convencerá más a jóvenes que a conservadores, pero sus bondades en marcha aunarán seguro sus voluntades.
 
KILÓMETROS PRUEBA – 625 Kms
 
PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 30%-20%-50%
 
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Ficha del Renault Mégane CC dCi 160 Privilege
 

Cubicaje / Potencia: 1995 cc / 160 CV a 3750 rpm

Caja de cambios: Manual 6 velocidades

Alimentación: Diésel
 

Longitud / Anchura / Altura: 4.485 / 1.810 / 1.434 mm

Distancia ejes: 2.609 mm

Maletero: 211 litros (abierto) 417 (con capota puesta)

Nº plazas: 4

Neumáticos delanteros: 225/45R17

Tracción: Delantera

Frenos delanteros: discos ventilados 296 mm

Frenos traseros: discos 260 mm
 

Aceleración 0-1 km/h: 9.4 seg.

Velocidad máxima: 215 km/h

Capacidad depósito combustible: 60 l

Peso en orden de marcha: 1.625 kg

Par motor: 380 Nm / 2.0 r.p.m.

Emisiones CO2: 175 g/km
 

Consumos oficiales:

Extraurbano: 5.6 l / 100 km

Urbano: 8.6 l / 100 km

Mixto: 6.7 / 100 km
 

Bien:

Estética y techo panorámico

Calidad y acabados

Chasis y manejabilidad
 

Menos bien:

Posición plazas traseras

Techo impracticable en marcha

Modo nocturno de la pantalla del navegador
 
Precio: Desde 24.850 euros
 
Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net