RANGE ROVER SPORT – Prueba – Más fuerte que el odio

Por Andrea Enzo , 30/01/2014

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RANGE ROVER SPORT – Prueba – Más fuerte que el odio
Sabíamos que el nuevo Range Rover Sport era mucho mejor que el precedente, pero no sabíamos que era tan bueno… hasta que hemos hecho la prueba. Imperial entre arena, piedras y barro, la prueba del Range Rover Sport 3.0 SDV6 HSE es brutal.
El nuevo Range Rover Sport supone claramente una diferenciación clara con otros productos similares de otras marcas Premium en este segmento. Volvo XC90, BMW X5, Audi Q7, Volkswagen Touareg, Porsche Cayenne, Mercedes ML, Infiniti FX, Lexus RX 450h… incluso mi amado BMW X6… todos estos coches nos ponen a soñar rápidamente, pero te aseguro que en tus sueños llegarás siempre mucho más lejos con el Range Rover Sport, porque por mucha tracción a las cuatro ruedas y ayudas electrónicas que tengan los demás, el Range Rover Sport es un auténtico coche de campo, un grandísimo 4x4 que, además, tiene una imagen de señorío, lujo y distinción, que nada tiene que envidiar a sus rivales. Y fuera del asfalto, con la mano en el corazón, ninguno de los mencionados antes es rival para este portento de la automoción actual.El Range Rover Sport es un bicharraco de cuatro ruedas que, a simple vista, dirías a buen seguro que pasa de los cinco metros, y en cambio se contiene en los 4,85 metros, no como su hermano, el menos deportivo, más señorial, Range Rover ‘a secas’, que alcanza los 4,99. Es tan alto y tan ancho, que pondrá a pruebas a buena parte de los garajes y parkings subterráneos de todo el mundo. Subirse a él ya es un pequeño esfuerzo que, obviamente, tiene posteriormente amplia recompensa.


Land Rover siempre ha sido un referente, junto a Jeep, en vehículos de tracción total o 4x4. La pugna por tener el mejor todoterreno siempre está latente y, francamente, con este Range Rover Sport, la marca británica le ha pegado una bofetada en toda regla al Jeep Grand Cherokee, a pesar de que el americano ha preferido bajar un poco el nivel para acceder a un público más numeroso.


La estampa del Range Rover Sport es imperial. La mayoría coincidimos en que viendo el éxito de ventas del Range Rover Evoque, la marca ha optado por ‘gemelizar’ al grandullón deportista de la familia, y los rasgos definitorios, ópticas incluidas, son de un Evoque talla XXXXL. Y no han podido acertar más de pleno, porque aún en este grado hiperbólico, el diseño de este Range Rover es un puntazo en toda regla, con muchos y muy buenos detalles, que le ayudan a diferenciarse de todo y de todos.


La silueta no ha variado mucho, pero ahora se le nota bastante más ligero, pasa por poco de las dos toneladas. Mínimamente, pero al igual que el Evoque, de la mitad del techo hacia atrás pierde milímetro a milímetro un poco de altura, lo que le da ese aire de coupé y de deportivo que parece imposible para una bestia parda de tal envergadura. La prolongación del techo con el alerón trasero en la parte superior, también suma puntos en este sentido. Porque de costado nadie le puede quitar la imagen de macizo, de rocoso, y sólo la mayor superficie acristalada y unas increíbles llantas de 21 pulgadas, le diferencian a larga distancia del pequeño de la familia.


Esa trasera alta y respingona, hace que el coche esté inclinado hacia adelante, provocando una sensación de fluidez y deportividad más marcada. La zaga es rotunda, poderosa, con poca chapa, más luneta trasera tintada y paragolpes gris oscuro, que encastra y envuelve los tubos de escape y los reflectores. Los pilotos siguen recordando al exitoso Evoque, avanzan mucho por el lateral en esta ocasión, y una línea horizontal en negro brillante uno ambos por su parte superior. La delantera sigue siendo made in Range Rover. Los pilotos se desmarcan un poco del superventas de la casa, y adquieren por fin una personalidad propia más marcada. Un riesgo calculado, pero que ha culminado con éxito una parrilla con todos los requisitos de Land Rover, para no olvidad de dónde viene y adónde va.


Una de las cosas que más me gusta de esta marca es que sabe diferenciarse muy mucho del resto de sellos Premium, alemanes y japoneses preferentemente. La impronta británica queda impresa, principalmente, en un interior sin fisuras, sin tacha, para enmarcar, sin perder la esencia de la casa y sin actuar con dejadez ni abigarramiento en la colocación y ordenación de los elementos. Materiales y tejidos de primerísima calidad, pero con ese toque diferenciador que hasta alguien no iniciado en la materia sabría decir que no es ni Lexus, ni Audi, ni Infiniti, ni BMW, ni Mercedes…


Nos acercamos al coche, y flipamos al darle al botón de abrir el vehículo, aunque no lo necesite. En la oscuridad del garaje donde recogemos el Rover Sport, vemos como, proyectado desde los retrovisores al suelo, podemos leer claramente ‘Range Rover’. Detallazo de aúpa y de los de quedarse boquiabierto buen rato –adjuntamos foto-. Cerramos la boca con la mano y abrimos el coche sin necesidad de sacar la llave del bolsillo, y de inmediato respiras calidad. Los pulmones se te llenan de ese aroma a dinero que tanto gusta a los que no lo tenemos. La piel, la esencia Range Rover, se percibe con los cinco sentidos, incluso con el sexto sentido, el sentido común, a menudo el menos común de los sentidos. No voy a decir que es un éxtasis visual, porque no lo es, pero un rápido vistazo a la zona de la palanca de cambios, desde donde se controla todo el sistema de tracción con múltiples posibilidades, te eleva a una esfera en la que es fácil soñar con un lugar al que te marcharías sin mirar atrás con el Range Rover Sport y nadie pudiera molestarte … ni aunque lleves el mítico Mitsubishi Montero del anuncio del abuelo de Majaelrayo.


Nos sentamos al volante y antes de comenzar a rodar analizamos someramente lo que vemos. El tacto de la piel del volante es exquisito. Todos los mandos y palancas que lleva están colocados de manera ergonómica y son fáciles de activar o pulsar. El volante sigue siendo un puntito más grande de lo habitual, como pensamos que debe ser. Comprobamos que lleva levas, pero en la práctica apenas las hemos utilizado. Detrás del volante, una pantalla TFT/LCD en la que se dibuja con reminiscencias clásicas y futuristas a la vez un cuadro de mandos de fácil lectura y clara visión.


La pantalla del navegador, táctil, está encastrada en el cuero. Un trabajo muy fino. Debajo los mandos de la climatización, sencillo, casi sobrio, y ya aparece la palanca del cambio automático de ocho velocidades, que funciona en modo secuencial y nos ofrece, además, un modo Sport, que de inmediato baja una marcha como poco estés donde estés y rodando a la velocidad que ruedes, siempre que sea posible. Llegamos al Terrain Response, un sistema que puede funcionar en automático y adaptarse a la situación del terreno estemos donde estemos, pero que te permite elegir a priori el programa de tracción ideal, en función de si discurres por asfalto, arena, nieve, barro, agua, rocas…


Junto al mando circular del Terrain Response, tan imprescindible que no se entendería este coche sin él, aparecen distintos sistemas que facilitan aún más la vida y la marcha, como los botones que nos permiten subir y bajar la carrocería unos centímetros, incluso estando en movimiento. También está el control de descenso de pendientes, el que acorta las marchas si la cosa se pone fea, fea para poder salir casi de cualquier sitio, el que desactiva el control de tracción, el que avisa del ángulo de inclinación lateral, el que pone fuera de juego el sistema de parada y arranque automáticos del motor, que funciona de lujo… un sinfín de ayudas que hacen que la vida sea tannnnnnnnnnnnnnn fácil…


Los asientos, con una tapicería exquisita, son fácilmente puestos a conveniencia del pasajero, ya que cuentan con memoria y activación eléctrica. Las plazas traseras son enormes, hasta la central goza de gran espacio para las piernas por la ausencia del túnel de transmisión central. Por si fuera poco, el techo panorámico –previo pago- dota de un desahogo aún más acentuado que el ya existente de por sí. Quizá el maletero, con menos de 500 litros, se quede por debajo de la media, aunque es un gustazo encontrar con que la rueda de repuesto tiene el mismo tamaño y características que las que llevas puestas. Y estamos hablando de unas 275/45 R21 que no valen, precisamente, dos duros.


Apretamos el botón y el motor de seis cilindros y 2.993 centímetros cúbicos se pone en marcha. Notamos que está arrancado, pero se percibe menos de lo esperado; primera señal de la buena insonorización del habitáculo. Primeros metros y primeras irregularidades del terreno, suficiente para comprobar que la suspensión neumática nos va a ir desenrollando una alfombra de terciopelo durante los cinco días que tendremos el Range Rover Sport a nuestra disposición. Lujazo.


La primera parte de la prueba se desarrolla en asfalto, mezclando la ciudad con la autovía. Se nota a la legua que en el tráfico urbano no está en su salsa, a pesar de que logra que no se dispare el consumo gracias al excepcional funcionamiento del sistema Start&Stop de la casa. Los giros no los lleva nada bien, más que por longitud, por anchura, y aunque vas situado en una posición ventajosa, alguna que otra vez dudas de si pasará o no pasará por donde quieres meter el coche.


En autovía, como digo, la suspensión es maravillosa. Es como circular en un enorme overcraft, con una suavidad deliciosa. Sin embargo, a la hora de girar a alta velocidad, la efectividad pierde enteros. A pesar del buen trabajo de amortiguaciones y sistemas niveladores hay cierto barqueo, cierto bamboleo, que pensábamos que se notaría mucho menos visto el sistema que monta. Un simple cambio de carril en la M30 genera un pequeño flaneo que no es agradable.


A nuestro paso, sea donde sea, la gente se queda mirando intentando adivinar si el que se esconde detrás del volante es Daniel Craig, el nuevo 007 encargado en su día de presentar el coche en sociedad en rigurosa primicia. Más si cabe cuando hundimos el pie en el acelerador y el cambio se pone a trabajar como un descosido para alcanzar los cien kilómetros por hora, desde parado, en sólo 7,2 segundos. Cifra alta si sabemos que el V6 rinde 292 caballos con un par motor de 600 Newton Metro, pero el 275 que calza, las 21 pulgadas, y los 2.115 son buenos lastres para estos asuntos de las arrancadas a tope.


A pesar de estas medidas y números que dejan bien claro que estamos hablando de una fuerza de la naturaleza, el Range Rover Sport da lo mejor de sí cuando debajo de sus pantagruélicos neumáticos no hay asfalto. Es fuera de él cuando se convierte en el auténtico señor de la tierra, dueño, amo y señor de la misma, capaz de hacer cosas que jamás habría pensado que fuera capaz. ‘Dichosos los que creen sin ver’… pues nosotros no creímos hasta que metimos los dedos en la herida. Mea culpa.


Con la intención de encontrar una pista que usamos en su día para probar el Mitsubitshi Montero, cerca de Majaelrayo, en los pueblos de la pizarra negra de la provincia de Guadalajara, subimos casi un centenar de kilómetros por la A1 para luego girar a la derecha por carreterujas estrechas, sinuosas, ambiente poco propicio para el Rover, pero que solventaba a golpe de gas y con unos frenos a prueba de bombas.


Faltaban unos 40 kilómetros para llegar al destino cuando a la derecha aparece un camino de tierra, que no dudamos en seguir. La pista a la que nos dirigíamos era más de gravilla y guijarros que de arena y barro, y la situación ofrecía un complemento fantástico para comprobar las cualidades de un vehículo que como el propio Daniel Craig, aún no se había quitado el frac y sólo adivinábamos que a la hora de dar puñetazos también estaría a la altura.


La prueba resultó tan estupenda y maravillosa, que durante 4 horas estuvimos enfangados hasta las cejas, por caminos perdidos de la mano de dios, con roderas de más de medio metro de alto, con desniveles de más 45 grados tanto en subida como en bajada, y sólo un precipicio impracticable que moría en un curso de agua de unos diez metros de ancho con un caudal de escándalo nos pudo detener a falta de apenas 9 kilómetros para llegar al destino marcado. En media docena de obstáculos pensamos que no saldríamos de allí sin ayuda externa –grúa o helicóptero-…


En el camino, mil y una pruebas a la tracción de un Range Rover Sport que superó cum laude todas y cada una de las trampas que le pusimos. Hubo momentos tensos, con las ruedas enfocadas a la derecha y girando para la izquierda por culpa del barro y la pendiente. O inclinaciones laterales que hicieron temer por una pintura que cuesta ni más ni menos que 2.400 euros. Y ya te digo que por milímetros se salvo de rozar con rocas y troncos de árboles. Jugando con los distintos modos del Terraine Response, viendo cómo según las necesidades de cada caso concreto, bloqueaba uno o ambos ejes para asegurar la tracción y salir de auténticas arenas movedizas, terminamos por rendirnos a la solvencia de este gigante 4x4. Sólo digo que planeábamos comer tranquilamente en algún pueblo cercano al mencionado antes, y acabamos a las ocho de la tarde comiendo en un restaurante cercano a casa comida rápida como si no hubiera un mañana, deseando ponernos bajo la ducha como última recompensa a las aventuras vividas.


Narradas y relatadas las peripecias que te permite contar y vivir este ‘carrazo’, es momento para comentar mil y un detalles, no menos importantes que los anteriores. Por ejemplo, seguro que es útil la información del consumo. Para nuestra sorpresa, antes de meterlo en el fango estaba por debajo de los 9 litros a los cien, realmente impactante. Después de la dura brega entre trochas de piedra y tierra ganadas al bosque o vadeos de riachuelos más o menos crecidos a dos por hora, la media total fue de 10,2 litros a los cien, después de más de 480 kilómetros recorridos.


Si hablamos de precios, puedes tener tu Range Rover Sport con un motor diesel de 258 caballos por 66.000 euros. Eso sí, irá bastante pelado. Nuestro V6 de 292 CV está disponible desde 79.000 euros, 85.900 en el acabado que probamos aquí, HSE, muy completo, y con los 2.800 euros añadidos del cambio automático de 8 velocidades. Puedes rizar el rizo con la versión que tiene el propulsor de 5 litros y 510 caballos, disponible desde 130.200 euros.


Si sumamos todos los extras que lleva la unidad probada, alcanzamos los 103.550 euros. Y es que las opciones que desees montar se pagan también a precio Premium. El Pack Carretera/Todoterreno, imprescindible si le vas a dar cera fuera de lo negro, ya vale 4.730 euros. Solo pongo algunos ejemplos: unos cristales tintados valen 540 euros, las levas 470, el asistente de aparcamiento 750, las cámaras surround 880, el aviso de ángulo muerto 570, el acceso sin llave 1.210 y el práctico control de crucero adaptativo la friolera de 2.200. El cuadro de mandos de TFT virtual sale por 770… amén de los 2.420 ya mencionados de la pintura y los 2.780 del increíble techo panorámico. Una pasada. Si quieres montar dos plazas adicionales atrás, en menoscabo del maletero, busca en el bolsillo 1.940 euros más.


Los números de las capacidades teóricas de este bicharraco son espectaculares. 850 milímetros de profundidad máxima de vadeo. Puede montar un sensor que te avisa si por dónde vas a cruzar es accesible o no. El ángulo de entrada es de 33 grados, 27,2 el ventral y 31 el de salida. La suspensión neumática es capaz de reducir 50 milímetros (5 centímetros) las alturas marcadas en las cifras estándar del vehículo.


Si eres un fanático de la seguridad y crees conocer todas las siglas de seguridad activa y pasiva, te voy a dar un poco de trabajo. Entre otros, este Range Rover Sport monta PAS, EBA, ABS, CBC, DSC, EBD, ETC, HDC, DPF, RSC (antivuelco)… Nuestra unidad también montaba una alerta de alcance por colisión, bastante preventiva para nuestro gusto.


Detalles como el portón eléctrico, la nivelación automática de la altura según la carga que transportes, el disco duro para guardar música, imágenes o lo que se te ocurra… todo es configurable, al detalle. Quizá el ordenador de abordo exige muchos toques para mostrar la información que deseas y con tal pantallón se podrían mostrar muchos datos a la vez, pero no es así. Seguro que toman nota para la próxima edición. Como Premium de maxi lujo, el ajuste de puertas mal cerradas automático no podía faltar.


En el debe, el precio, que no sea siete plazas de serie, el volumen del maletero, el dineral que se te va a ir cuando cambies las ruedas, el sistema de plegado de los retrovisores –tienes que dar a dos botones a la vez- y el precio de algunos extras, serían las cosas que debería pulir para ser aún mejor de lo que ya es, un Range Rover Sport con el que tu ego crecerá en la misma medida del coche que conduces.


CON LA MANO EN EL CORAZÓN


Espectáculo puro. Experimentar al volante como trepar por sitios imposibles y desciende por auténticos barrancos sin perder el paso ha sido digno de verse y una gran experiencia. Es caro, mucho, pero sabe que pocos pueden llegar hasta donde él llega. Y encima, a todo lujo. Chapeau.


UN COCHE PARA...


…gente con pasta, gente al que le va la distinción, elegante de por sí, y que tiene ese puntito de presunción que dice sin hablar ‘puedo llegar más lejos que tú cuando quieras y donde quieras’. Cazadores de postín y dueños de fincas y cortijos sin problemas para llegar a fin de mes serán grandes y buenos clientes de este no menos grande y bueno Range Rover Sport.


KILÓMETROS PRUEBA – 480 kms.


PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía-tierra y barro) 25%-25%-10%-40%


RIVALES


Volvo XC90, BMW X5, Audi Q7, Volkswagen Touareg, Porsche Cayenne, Mercedes ML, Infiniti FX, Lexus RX 450h, Jeep Grand Cherokee, BMW X6





FICHA RANGE ROVER SPORT 3.0 SDV6 HSE


Cubicaje / Potencia: 2993 cc / 292 CV


Caja de cambios: automático 8 velocidades


Alimentación: diésel



Longitud / Anchura / Altura: 4.850 / 1.983 / 1.780 mm


Distancia ejes: 2.923 mm


Maletero: 489 litros


Nº plazas: 5 plazas


Neumáticos: 275/45 R21


Tracción: total


Frenos delanteros: Discos ventilados


Frenos traseros: Discos ventilados



Aceleración 0-100 km/h: 7,2 seg.


Velocidad máxima: 209 Km/h


Capacidad depósito combustible: 77 litros


Peso en orden de marcha: 2.115 Kg.


Par motor: 600 Nm


Emisiones CO2: 199 g/Km



Consumos oficiales:


Extraurbano: 6,8 l/ 100 Km


Urbano: 8,7 l/ 100 Km


Mixto: 7,5 l/ 100 Km



Bien:


Consumo

Excelentes aptitudes en barro y terrenos rotos y empinados

Simbiosis entre el lujo Premium y el 4x4 más puro


Menos bien:


Maletero escaso para tamaño

Sistema de plegado de retrovisores

Precio de los extras



Precio: 85.900 euros.



Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net