Prueba Renault Mégane Sport Tourer – La familia crece

Por GNaya , 26/01/2017

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Prueba Renault Mégane Sport Tourer – La familia crece
Renault completa la gama del superventas Mégane con la incorporación de la nueva carrocería Sport Tourer, la más práctica y funcional del modelo. Probamos el motor 1.5 dCi de 110 CV asociado al cambio automático EDC.

Prueba del Renault Mégane ST 1.5 dCi 110 CV y cambio automático EDC


La gama del Renault Mégane acoge, una generación más, su versión Sport Tourer de carrocería familiar. Una opción ideal para aquellos que, sintiéndose atraídos por la estética y las contrastadas tablas que se ha ganado a pulso el Mégane, busquen un mayor espacio y capacidad de carga en el maletero… y además se resistan a cubrir esas necesidades con un SUV, el segmento de moda por excelencia. Veamos qué tiene para ofrecernos.


Renault Mégane Sport Tourer – Diseño equilibrado, espíritu deportivo


Desde su misma denominación, Sport Tourer, nos encontramos con toda una declaración de intenciones por parte de la marca francesa. El esfuerzo de la firma del rombo por ofrecer un producto con cierto carácter deportivo y personalidad propia se agradece y mucho, aunque el coche, lógicamente, comparte muchos elementos con la berlina de 5 puertas.



El diseño del Renault Mégane ST nada tiene que ver con la solución ‘parche’ con la que muchas marcas han resuelto históricamente sus alternativas break, resumible en la incorporación del pilar D con una caja prácticamente a modo de ‘pegote’. No ocurre así en el Mégane ST, gracias a un trabajo del equipo de diseñadores liderado por el gurú Laurens van den Acker que ha dado sus frutos en forma de un coche muy compensado, un conjunto equilibrado cuya línea discurre con solvente fluidez.


Con 4,62 metros de longitud, hablamos de 27 centímetros ‘extra’ en comparación con el la carrocería ‘hatchback’, una diferencia nada despreciable, al tiempo que le saca otros 4 centímetros de batalla. Con respecto a la tercera generación del ST, es 6 centímetros más largo, igual de ancho y otros 6 centímetros más bajo, transformación esta última responsable en gran parte de ese perfil más estilizado y dinámico.



Estéticamente, el frontal es clavado al de su versión más compacta, destacando la atrevida firma lumínica LED con su inconfundible forma de C, más rasgada y fina en la zona inferior, así como la generosa parrilla presidida por el logo sobredimensionado –un poco demasiado, para mi gusto- que marca el inicio del capó. En la zaga, el diseño de los nuevos grupos ópticos LED, vuelven a resultar fundamentales a la hora de hacer del Mégane un coche claramente diferenciable del resto en la nocturnidad de la autopista, mientras el único cambio reseñable se encuentra en el paragolpes trasero, que ya no alberga la matrícula, subiendo esta al portón del maletero, que se estira facilitando un ángulo de carga mucho más cómodo.


Renault Mégane Sport Tourer – Menos es más


El interior del Renault Mégane Sport Tourer representa una clara apuesta por el minimalismo donde se huye de la sobrecarga de botones para dar paso a la claridad y limpieza en la disposición de los diferentes elementos que reina en el habitáculo.


Y es que, ¿para qué quieres mil botones, cuando puedes configurar la gran mayoría de las funcionalidades desde el mismo lugar y a golpe de tu propio dedo? La unidad que probamos contaba con el acabado Bose, casi el tope de la gama con permiso de los GT Line y GT. Además de un intachable equipo de sonido que firma la marca especialista, con múltiples altavoces repartidos de forma estratégica por todo el vehículo, a partir de este nivel de equipamiento se incorpora la gigantesca pantalla táctil de 8,7” y dispuesta en posición vertical, al estilo Tesla.



Allí se encuentra focalizado el centro de operaciones desde el que podremos acceder al navegador, pero también a un sinfín de posibilidades como la elección del modo de conducción Multi Sense, por supuesto a los reglajes en materia de conectividad y multimedia con el sistema RLink 2 –e incluso, en nuestro caso, del masaje para el asiento delantero-, así como podremos escoger pequeños detalles como la iluminación ambiente que más se corresponda en cada momento con nuestro estado de ánimo. La tendencia a aumentar las posibilidades de personalización en todos los vehículos nos parece digna de aplauso, y en este caso el efecto ambiental que generan los pilotos horizontales LED alojados en todas las puertas del coche y en los laterales del túnel central resulta inútil, sí, pero curioso y simpático.


Además, el equipamiento de serie en el acabado Bosé incluye una oferta tecnológica de los más completa, con elementos como el sistema de ayuda a la frenada de emergencia, ayudas al aparcamiento tanto delantero como trasero, cámara trasera, la comodísima llave-tarjeta inteligente Renault Manos Libres, alerta por cambio involuntario de carril, reconocimiento de señales de tráfico… entre muchas, muuchas otras.



Por lo demás, el habitáculo confirma el paso adelante en la calidad de los materiales, con abrumadora mayoría de zonas agradables al tacto –salvo en la parte baja del salpicadero- y ajustes más que aceptables. Los asientos resultan del todo confortables, el puesto de conducción es fácilmente regulable a tu gusto con la inestimable ayuda de la electrónica –el reglaje lumbar viene de serie- y el volante también es regulable en altura y profundidad, como debe ser. Las plazas traseras cuentan con espacio de sobra para las rodillas, ganando cota gracias a ese ligero aumento de batalla, y tampoco hemos detectado ningún posible problema con la altura al techo, que consideramos más que suficiente.


Versatilidad y funcionalidad, las claves del maletero


Como comentábamos al inicio de la prueba, el maletero es quizá el gran valor añadido que empujará a clientes potenciales de la carrocería berlina a terminar decantándose por el Mégane ST. La diferencia entre los volúmenes de carga es grande: mientras el primero cuenta con espacio para albergar un total de 384 litros, el break amplía su capacidad hasta los 521 litros. La cifra le sitúa en la tabla media-alta del segmento ya que, sin ser un maletero pequeño -ni mucho menos- en términos absolutos, las referencias de la categoría en este apartado (Civic Tourer y Octavia Combi, principalmente) superan los 600 litros.



Nos hemos encontrado aquí, eso sí, con dosis de versatilidad y practicidad a la altura de muy pocos modelos. Empezando por la buena accesibilidad que ofrece el borde de carga, ubicada a 61 centímetros de altura, 17 cm. más cerca del suelo que en la versión berlina. En el diseño del espacio predominan las formas regulares, al tiempo que la marca se ha preocupado de ofrecer diferentes soluciones para ayudarnos a organizar y fijar la carga. En esta línea, un tabique fácilmente escamoteable permite compartimentar el espacio en dos zonas independientes con la posibilidad de establecer dos alturas. También se han habilitado diversas cuerdas elásticas y ganchos en las esquinas que seguro agradecerán aquellos que vayan a colocar una red, al tiempo que se puede contar con unas pequeñas perchas en los laterales ideales para que no se nos vuelquen las bolsas de la compra.


En configuración 60:40, los asientos se abaten mediante un cómodo tirador (puedes verlo aquí) situado en los laterales del maletero, pasando inmediatamente a contar con 1.524 litros de capacidad. Además, la marca francesa nos ofrece un dato curioso: si plegamos también el asiento del copiloto, podremos llegar a acomodar bultos de hasta 2,70 metros, una cota al alcance de muy pocos. En definitiva, un maletero de notable alto que alcanzaría el sobresaliente de ofrecer algún otro complemento útil como, por ejemplo, la apertura/cierre automática del portón.


Renault Mégane Sport Tourer – Motores y comportamiento dinámico


La gama de motores del Renault Mégane Sport Tourer está compuesta por tres variantes gasolina y otras cuatro diésel –todos ellos sobrealimentados-, formando una oferta muy completa y bastante equilibrada.


Empezando por la opción gasolina que da acceso a la gama, el TCe 100 de 1.2 litros y obligatoriamente asociado al cambio manual de seis velocidades. Por encima de este nos encontramos con el TCe 130, que como opción se puede asociar ya a la transmisión automática EDC de doble embrague y siete velocidades. El techo en cuanto a potencia dentro de los gasolina es para el TCe 205, un motor de 1.6 litros que llega sí o sí con la caja EDC y sólo se venderá con el acabado GT, que incluye una de las grandes novedades del modelo: el sistema 4Control que permite contar con las cuatro ruedas direccionales.



En cuanto a los diésel, la gama parte del 1.5 dCi de 90 CV, seguido del 110 CV –asociable ya al cambio EDC, esta vez con seis velocidades-. Para aquellos que busquen más potencia dentro del gasóleo están pensadas las variantes 1.6 dCi de 130 CV o 165 CV.


Nuestra unidad de pruebas montaba el motor diésel 1.5 dCi de 110 CV asociado a la transmisión automática EDC de doble embrague y seis velocidades, totalmente recomendable para aquellos que se estén planteando la opción de olvidarse de una vez por todas del pedal de embrague. El engranaje automático de las velocidades resulta inmediato, satisfactorio y suave -bendito doble embrague- y aporta un importante extra de comodidad en la conducción entre el tráfico urbano.


En líneas generales, este dCi 110 nos ha parecido un motor muy progresivo, de sonido y respuesta agradable y pensado para un rodaje tranquilo, para ir sin prisas. Si este no es tu estilo, o vas a circular habitualmente por carreteras secundarias con necesidad de maniobras y adelantamientos más rápidos, tienes por encima dos opciones más potentes dentro de los diésel que seguro se adaptarán mejor a tus necesidades.


La mecánica encuentra, sin lugar a dudas, su mayor virtud en la capacidad demostrada de marcar un consumo de combustible muy ajustado, siendo fácil bajar de los 5 litros a los cien de promedio a poco que gestionemos con dulzura el pedal derecho. A la causa contribuye también el eficiente Start and Stop, un sistema de ahorro ideal para arañar unas décimas extra en ciudad o tráfico denso.



La tendencia a la personalización que alabábamos antes no debería reducirse a elementos ornamentales o puramente estéticos, sino que la posibilidad de modificar el reglaje de algunos parámetros del coche de forma que afecte a la conducción será siempre, para mi gusto, una buena noticia. En este sentido, con el simple toque de un botón en el túnel central se activa el sistema Multi Sense de Renault e, inmediatamente, la gran pantalla nos mostrará los diferentes modos de conducción a elegir.


Podremos escoger entre Eco, Neutro, Confort, Sport o Personalizado -si deseamos configurarlo a la carta-. En función del modo por el que nos decantemos, se modificarán diferentes parámetros del comportamiento del coche, como es el caso del tacto de la dirección, el sonido del motor, el funcionamiento del cambio EDC o incluso la activación o no del masaje del asiento del conductor. Lógicamente, la diferencia que se siente entre los modos más extremos (Eco y Sport) no es precisamente un abismo –no esperes que con ponerte ‘en Sport’ tu break va a transformarse en un Mégane RS, vamos J-, aunque sí es cierto que el sonido que nos devuelve el capó llega con algo más brío al habitáculo, el cambio automático responde antes y estira un poco más las revoluciones antes de engranar la siguiente marcha y la dirección de vuelve un poco más durita, con un tacto más deportivo. Entre un modo y otro, también nos percataremos de los cambios que experimenta el cuadro de instrumentación digital, modificando el diseño (en Sport se vuelve rojo, en Eco verde…) o la información que se nos presenta (en Sport da prioridad a las revoluciones, en Confort a la velocidad…) en cada momento.


En marcha, el coche hace gala de un buen comportamiento, tiene un paso por curva estable gracias a un chasis equilibrado y un tarado de las suspensiones generalmente cómodo pero que sujeta a la perfección la carrocería cuando encadenamos algún giro un poco más brusco. La dirección es precisa, mucho más firme, una buena muestra de la evolución de Renault en los últimos años. La insonorización del habitáculo es buena, la entrada de ruidos del exterior es mínima y el confort de marcha está asegurado, con el apoyo extra que ofrecen tecnologías como el control de velocidad crucero adaptativo proyectado sobre el Head-Up Display -opcional-; damos fe de que rodar por autopista con el Mégane Sport Tourer es una experiencia satisfactoria.


Renault Mégane Sport Tourer – FICHA TÉCNICA


MOTOR


Cilindrada: 1.461 cc

Potencia: 110 CV a 4.000 rpm

Par máximo: 270 Nm a 1.750 rpm


TRANSMISIÓN


Tracción: Delantera

Caja de cambios: Automático 6 velocidades


BASTIDOR


Suspensión delantera: Tipo McPherson

Suspensión trasera: Rueda tirada con elemento torsional

Neumáticos: 205/50 R17

Frenos delanteros: Discos ventilados

Frenos traseros: Discos

Capacidad depósito combustible: 47 litros

Peso en orden de marcha: 1.290 kg


CARROCERÍA


Longitud / Anchura / Altura: 4,62 / 1,81 / 1,45 metros

Distancia ejes: 2,71 m

Maletero: 521 litros

Nº plazas: 5 plazas


RENDIMIENTOS OFICIALES


Aceleración 0-100 km/h: 12,7 seg.

Velocidad máxima: 187 km/h


CONSUMOS OFICIALES


Extraurbano: 3,5 l/ 100 km

Urbano:4,0 l/ 100 km

Mixto:3,7 l/ 100 km

Emisiones CO2: 95 g/km


DESTACABLE


· Consumo

· Equipamiento tecnológico

· Diseño exterior

· Practicidad maletero


MEJORABLE


· Motor perezoso

· Visibilidad trasera


VALORACIONES


· Respuesta motor 6,0

· Cambio 8,0

· Maniobrabilidad urbana6,0

· Comportamiento en carretera 8,0

· Estabilidad en curva 7,0

· Confort 8,0

· Frenos 8,0

· Habitabilidad 7,5

· Maletero 8,5

· Equipamiento 8,5

· Nota media 7,5