Prueba del SMART FORTWO Pulse 62 Coupé – Cuando aparcar no es el problema

Por sa , 02/03/2010

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Prueba del SMART FORTWO Pulse 62 Coupé – Cuando aparcar no es el problema
Para afrontar la prueba del Smart Fortwo coupé hay que cambiar el chip. Tiene volante y cuatro ruedas, pero el concepto es muy distinto. Diseñado para la urbe, el Smart hace honor a su nombre en inglés (simpático, elegante, listo, inteligente).




Si piensas que el Smart Fortwo (para dos) es un coche convencional, más vale que dejes de leer, porque igual no te gusta nada de lo que aquí vamos a contar. Como vehículo de cuatro ruedas, vamos a analizar el coche en todos sus aspectos, pero su apuesta no es la misma que la del 99 por ciento de lo que se vende en el mercado español, por poner un ejemplo. Eso sí, gracias a ese planteamiento, y a aprovechar sus armas al máximo, ha logrado una cifra de ventas tal que prácticamente resulta imposible pasear por cualquier urbe nacional y no ver uno de estos pequeños coches que tan populares se han vuelto en la última década.
 
El Smart hace un guiño a su propietario. La razón fundamental de compra es su facilidad de aparcamiento y su movilidad en la jungla urbana. Se faja en el ring del día a día con cintura inigualable, prototipo ideal de facilidad de uso, manejo ejemplar y liviana belleza. Punto. Casi todo lo demás está apuntado en la zona de mi libreta en la que resta puntos. Pero claro, en tan pocas líneas ha sumado tantos, que dependiendo de las necesidades, la balanza puede inclinarse a su favor. Hacía tiempo que la parte derecha de mi cuaderno –la de las cosas que no me entusiasman- era más tupida que la de la izquierda, pero ello se debe a la miopía inicial que me ha hecho calibrar la compra de este vehículo con los parámetros establecidos para el amplio espectro de toooooooooooooodos los modelos que hay a la venta en nuestro país. Una vez corregidas las dioptrías, y puesto en mayúsculas los apuntes de la zona izquierda de mi cuaderno –los elementos que me decantarían por comprar un coche como este-, el asunto ya tiene otra –lógica- perspectiva.
 
Al grano. El Smart reúne muchas de las ventajas de una moto en el tráfico urbano y, encima, cuando llueve no te mojas y en caso de accidente vas más seguro, ya que aunque no tan solventes como las de un coche tradicional, el Smart lleva unas medidas de seguridad muy logradas, fruto de un grandísimo esfuerzo por parte de la marca. En el caso de la moto, obvio, el chasis eres tú. En el mismo orden de cosas, la facilidad de aparcamiento de un coche que mide 2,69 metros queda fuera de toda duda, máxime cuando una legión de ayuntamientos dedican muchos de sus esfuerzos a peatonalizar calles y construir aparcamientos subterráneos para dar más espacio al peatón frente al encorsetamiento de los vehículos de cuatro ruedas. Así las cosas, el Smart sólo puede ser considerado como una solución a los problemas del tráfico cotidiano en las ciudades. Establecidos los parámetros de la prueba, el Smart es un acierto. En casi todo lo demás, tiene remarcables lagunas.
 
A nivel externo pocas cosas se pueden comentar. El coche no es feo, pero apenas ha cambiado desde que salió al mercado. Sólo un par de ligeros ‘face-lifts’ que han rediseñado pequeños detalles. El concepto, necesariamente, debe ser el mismo. De hecho, durante más de un lustro convivió con una versión de cuatro plazas, el ‘forfour’, pero esta última, pese a venderse con tintes de exclusividad, no tuvo, ni de lejos, tanta aceptación como la versión biplaza.
 
Foto del interior del Smart Fortwo CoupeTanto en el interior como en el exterior apenas hay lo imprescindible. Los parachoques han quedado reducidos a la mínima expresión, con la idea de poner las ruedas lo más en las esquinas posibles para darle un mínimo de estabilidad. El peso también se ha mirado con lupa. Son 770 kilos. Necesario para no tener que disponer de un motor voluminoso que fuera un lastre. Así las cosas, el habitáculo se presenta digno de Leónidas y los suyos: espartano, vaya. En el acabado Passion, que no es ni con mucho el más rácano, apenas contabas con el radio-CD, el ESP, los airbags, el ABS, un par de huecos para meter cosas y un sistema de aireación plastificado. Ah, y los asientos. Todo puro plástico. Razones ‘de peso’.
 
Fuera de bromas, el coche es lo que es, y algo debe tener cuando las ventas no van tan mal. En 29 se matricularon en nuestro país 3.351 unidades, nada mal, incluso teniendo en cuenta que la marca registró una bajada del 23,8 por ciento con respecto a 28.
 
El Smart está optimizado a más no poder. Hasta la palanca de cambios de nuestra unidad, con el cambio automático ‘softouch’, es diminuta, minúscula. Para su total comprensión tardarás un buen rato. Al menos nosotros tardamos en descubrir que el botón lateral servía para cambiar de secuencial a automático. Además, no dispone de la posición ‘P’ para aparcar. Aún así, por mucha cera que le demos, en ciudad, en pleno atasco o con circulación lenta, el modo automático es una bendición, ahorrándote tener que estar cambiando con la palanca a cada instante.
 
Nuestra unidad de prueba monta un motor de 999 centímetros cúbicos con una potencia de 84 caballos. Para el peso que mueve, el propulsor se muestra ágil, aunque sorprenden muchas cosas de su conjunto. Por ejemplo, para el que no se haya montado nunca en un Smart, comprobará mientras piensa ‘no puede ser’, que cada vez que cambia de marcha en modo automático o manual, el coche sufre una deceleración similar a la de las motos cuando engranas una velocidad superior y aprietas el embrague; y el parón que se sufre una y otra vez cuando vas con el acelerador a fondo te hace sentir un complejo de péndulo terrible. Es como ir montado en la cabina de una noria mecida por el viento. Cuando el coche acelera te vas para atrás, pero cuando cambia de marcha automáticamente, el cuerpo se te va para adelante hasta que pasa un segundito y de nuevo retoma la aceleración. Parce más una montaña rusa, una pequeña noria, que un coche. Pero es lo que hay. Y tiene su punto de peligro si ese ‘impás’ te pilla en pleno adelantamiento. Ignoro si es tan acentuado en las versiones que montan cambio manual normal, pero en el automático es terrible. La aceleración de 0 a 1 sería excelente si no fuera por el segundito que se te va en cada cambio de marcha. Una pena. En cualquier caso, sea en modo automático, sea en secuencial, el cambio de marcha es más para pacientes que para ansiosos.
 
En cuanto a velocidad punta, es más que suficiente para escapadas de fin de semana o desplazamientos medios. Es absolutamente capaz para recorrer distancias más largas e incluso hacer pequeños viajes, pero no nos confundamos, no es su hábitat natural. Por estabilidad, por capacidad de carga y por autonomía, se pueden afrontar trayectos largos con este propulsor. En el caso de la versión probada, el motor nos ha parecido bastante tragón. Contamos con que según pasan los primeros kilómetros el consumo se estabiliza y mengua un poco –la unidad de pruebas que hemos testados apenas tenía 40 kilómetros cuando la recogimos, se puede decir que la hicimos el rodaje-, pero nos ha salido una media de 8 litros a los cien, groso modo, ya que tampoco cuenta este Smart FortTwo 62 Pulse Coupé acabado Passion con ordenador de a bordo. En cualquier caso, muy lejos de los 5,4 homologados de fábrica. Menos mal que la versión híbrida está al caer.
 
A nivel de estabilidad, en alguna curva cerrada parece que te vas a ir fuera de la carretera si la tomas con un poco de ánimo, pero la verdad es que el vehículo te sorprende por su versatilidad, agilidad y capacidad para entrar en la trazada, aunque apures un poco. Con ESP de serie es mucho más fácil, y su poco peso y centro de gravedad bajo ayuda a mantener la posición. No es para hacer rallies, ni mucho menos, pero cuando hay prisa no tienes que andar con un cuidado desmedido, sino el natural cuando vas en coche.
 
Foto del maletero del Smart Fortwo CoupeLos asientos son más cómodos de lo esperado. Son sencillos, no tienen reposacabezas independientes, pero son lo suficientemente altos para que no se te escape la cabeza por arriba. Pese a ser finitos, el mullido es el apropiado, y recogen lo suficiente, sin alharacas. En cuanto a huecos, la cosa está chunga. La guantera es diminuta. A los lados del volante puedes dejar algún objeto, o incluso utilizar el cenicero plegable para dejar el móvil. Punto. En cambio el maletero, con una apertura bien pensada, independiente de luna y portón, es más capaz de lo que puede parecer. 220 litros hasta la bandeja y 340 hasta el techo es más que respetable. En las puertas, sin embargo, apenas una red elástica puede sujetar la cartera y algún pequeño objeto más.
 
Una de las cosas más deficientes en este Smart es el ruido. El motor al ralentí suena como un triciclo de carga de los antiguos. Por estética, por aligerar peso o por brindis al sol, han decidido no poner marco a las ventanillas de las puertas, y eso también influye en la sonoridad. Aerodinámicamente genera ruidos también, y si te decides a poner el sistema de aireación, verás que incluso al ‘1’ es bastante molesto. Eso sí, una cosa hay que reconocer: aún en pleno invierno, en un ‘pis-pás’ calienta el habitáculo. Es el primo rápido de Speedy González a la hora de dar calor a los pasajeros.
 
Entre los detalles que más nos ha sorprendido, dos cosas. Tiene un sistema para regular el haz de luz, y cuando entras en reserva, en vez de marcarte el contador parcial de kilómetros recorridos, te indica cuántos litros de gasolina te quedan hasta hacer el vacío al depósito. Francamente ingenioso, a la par que eficiente. Tampoco hay que olvidar, que por razones de tamaño y cilindrada, es de los que menos contamina del mercado. Recientemente, su hermano CDi ha marcado, con 86 gramos de CO2 por kilómetro el récord de emisiones. Esta unidad, con motor de 84 CV, se contenta con 119 con cambio manual de cinco marchas, 120 con el cambio automático con otras tantas velocidades. Tampoco puedo dejar de destacar en el acabado Passion su techo panorámico con persiana integrada, ideal para dar sensación de desahogo a un habitáculo ya de por si reducido, así como las llantas de 15 pulgadas.
 
La tracción trasera le da bastante estabilidad en cualquier terreno, pero no todo es color de rosa en la marca. No sabemos si por la misma razón que el consumo nos ha parecido alto, el pedal de freno estaba durísimo. Estaría bien saber si es sólo en nuestra unidad o pasa en todas, pero no estaría de más pedir la pierna derecha prestada a un leñador canadiense para no sufrir en cada frenada.
 
Igual que aplaudimos que el ESP sea de serie, tenemos que censurar que si quieres un cuentarrevoluciones lo tengas que pagar aparte. También es censurable, por estética y por practicidad, aunque si lo han hecho, por algo será, es colocar una obsoleta antena de radio de las ya antiguas al lado del retrovisor del conductor. También que el volante no sea regulable ni en altura ni en profundidad. Tampoco el radio de giro nos ha parecido espectacular para las medidas del coche. Ahora bien, si te cansas del color de tu Smart, nada más fácil que cambiarlo con los paneles reciclables e intercambiables de distintos colores.
 
No quiero olvidarme del precio. En torno a dos millones de las antiguas pesetas esta versión. Perfectamente asumible… sobre todo si calculas lo que te vas a ahorrar en párkings y, sobre todo, buscando aparcamiento, porque… ¿cuánto vale tu tiempo?
 

CON LA MANO EN EL CORAZÓN

Sólo valdría como coche único si estás completamente seguro que rara vez necesitarás ir más allá de Toledo… si vives en Madrid (80 kilómetros). Aún así, con este motor de 84 CV podrías plantearte hacer unos pocos cientos de kilómetros, pero ya estarías olvidándote del concepto del coche y el motivo por el que te has hecho con él. No te va a librar de los atascos, no es una moto, pero lo vas a poder aparcar con terrible facilidad, y eso, hoy en día, tiene un precio.
 

UN COCHE PARA…

…los que ya tienen uno y necesitan no perder un segundo en sus desplazamientos por la ‘city’ sin tener que recurrir a una moto. O para jóvenes con amigos que tienen un coche ‘tradicional’ y saben que no se van a quedar en la ciudad en vacaciones. O para todo aquel que, simplemente, quiera ir del punto A al punto B de la ciudad de la manera más rápida sobre cuatro ruedas y no perder la vida buscando aparcamiento.
 
KILÓMETROS PRUEBA – 400 Kms
 
PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 70%-10%-20%
 
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Smart Fortwo Pulse 62 Coupé 84 CV

Cubicaje / Potencia: 999 cc – 84 CV a 5.250 RPM

Caja de cambios: Automatizado de 5 velocidades

Alimentación: Inyección electrónica multipunto, acelerador electrónico
 

Longitud / Anchura / Altura: 2.695 / 1.559 / 1.542 mm

Distancia entre ejes: 1.867 mm

Maletero: 220 litros (340 hasta el techo)

Nº plazas: 5

Neumáticos: 175/55/15 (det) y / 155/60/15 (del)

Tracción: Trasera

Frenos: Discos (delante) / Tambor (detrás)
 

Aceleración 0-1 km/h: 10,9 segundos

Velocidad máxima: 145 km/h

Capacidad depósito combustible: 33 l.

Peso: 770 kilos

Par motor: 120 Nm a 3.250 RPM

Emisiones CO2: 120 g/km
 

Consumos oficiales:

Extraurbano: 4,4 l / 100 kms

Urbano: 6,6 l / 100 kms

Mixto: 5,2 l / 100 kms
 

Bien:

Maniobrabilidad en ciudad

Potencia apta para carretera

ESP de serie
 

Menos bien:

Parones en el cambio de marcha

Pedal de freno durísimo

Nivel sonoro de motor y sistema de aireación
 
 
Precio: Desde 11.850 euros
 
 
Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net