Prueba del RENAULT SCENIC TCe 130 – Mejorando lo presente

Por sa , 05/05/2010

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Prueba del RENAULT SCENIC TCe 130 – Mejorando lo presente
Sin ver el nuevo Renault Scénic todo el mundo sabía que sería un éxito. Renault sabe hacer monovolúmenes, fue pionero con el Espace, y la última versión corrobora su ‘savoir faire’. El Scénic 5 plazas, que probamos aquí, encierra muchas sorpresas.




Aún esperando un altísimo grado de usabilidad, Renault ha vuelto a rizar el rizo en este nuevo Scénic. Cuatro versiones y un restilyng después, el monovolumen para el pueblo de Renault recupera la ventaja que tenía el Citroën C4 Picasso y de nuevo vuelve a ser la referencia del segmento. Y lo hace con argumentos tan conocidos y de sobra manidos, que es inconcebible ver cómo estando la receta al alcance de todo el mundo sólo Renault y Citroën dan con un sabor inalcanzable para los demás cocineros de cuatro ruedas.
 
La cuadratura del círculo en cuanto a los monovolúmenes no tiene mucho misterio. La clave, aún siendo conocida por todos, sigue teniendo, por lo que se ve, su intríngulis, ya que es patente que no todo el mundo puede construir un vehículo con unas medidas exteriores limitadas, con una estética medianamente agradable, pero que por dentro sea capaz de convertir el minipiso de la ministra de vivienda en un chalet con cinco pisos, 2 metros cuadrados de planta y 2.0 de parcela.
 
Este Scénic no llega a tanto, pero de verdad que, al igual que en su día nos sorprendió el Peugeot 38, dando además un toque todoterreno del que el Renault carece, este coche parece responder a todas las preguntas que pueda efectuar una familia modelo al uso, incluso contesta aquellas que aún no le han sido planteadas. Así, este Scénic es capaz de, en 4,34 metros de longitud, albergar un maletero más que generoso, acoger a cinco personas sin ningún impedimento y, además, encerrar en los escondites más recónditos todo tipo de huecos, cajones y espacios para poder viajar con la mayor comodidad conocida en un vehículo de esta envergadura. Su sensación de amplitud y su gran superficie acristalada colaboran muy mucho en esta faceta sin lugar a dudas.
 
En el apartado estético, la verdad que, siendo los monovolúmenes poco agradecidos en este tipo de historias, Renault ha logrado darle un cierto aire y un cierto estilo bastante acertado. Fiel a su política en sus últimos tiempos, también ha dotado de una personalidad propia a cada uno de sus representantes en este campo, y el siete plazas (Grand Scénic) y el cinco, compartiendo casi todo el frontal –aunque cada uno con detalles propios-, gozan de una línea y una cara propia en la parte trasera, jugando con los ángulos, principalmente, en los pilotos traseros, en forma de boomerang en el más pequeño de los dos.
 
Pero claro, el 90 por ciento de los usuarios y compradores de monovolúmenes medios no se fija tanto en el exterior como en el interior, y es aquí donde Renault saca pecho y muestra todas sus virtudes, libra por libra, a cualquier sparring que quiera disputarle la corona. Así, lo que más nos ha sorprendido es el reposabrazos central deslizante. Puede parecer una enorme chorrada hasta que descubres sus beneficios. Cuando la plaza central trasera está vacía, puedes correr el módulo hacia atrás y la sensación de espacio, amén de los huecos para albergar dos latas o botellas de bebida, se pondrán de manifiesto. Esta posición no es la más cómoda a la hora de manejar la instrumentación del navegador, muy parecida, salvo por las dimensiones del botón central, a la que nos acostumbra BMW. Por cierto, que el hueco que esconde el reposabrazos parece la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones, y cualquier cosa puede esconderse o salir de allí cuando menos te lo esperes.
 
Fotos del interior del Renault ScenicYa que hemos sacado el tema del navegador, aprovechamos para hacer la primera crítica seria al vehículo. La posición y el tamaño de la pantalla no es, sin ningún género de dudas, la más correcta. Los chicos de Renault me da que no han acertado en este tema. Situada en el extremo más alejado de la parte de arriba de la consola central, y no protegida del todo por la visera que deja incidir en buena medida los rayos de sol en la pantalla, su visión en momentos puntuales no es todo lo nítida y aceptable que debiera ser. No me cabe ninguna duda de que en el próximo lavado de cara será una de las primeras cosas que cambiarán. Y ya metidos en harina, también debo decir que el tiempo, mucho, es el mejor aliado de este navegador, que de primeras te abruma con las casi ilimitadas opciones que te da para regular, calibrar y adaptar sus distintos mecanismos. Es de los más completos, por no decir el que más, que me he encontrado en mi vida, pero también es cierto que familiarizarte con él requiere un esfuerzo mucho más elevado que en otros de sus iguales y competidores.
 
Visto lo visto, seguimos con el interior, y con lo que primero percibimos sentados en nuestro asiento de conductor. El mullido y la sujeción del mismo es ideal, igual que los reposacabezas, que se inclinan hacia adelante para acoger de maravilla el cuello y la cabeza. Me encantan, soy fan. El volante parece diferente al no albergar detrás el tablero de la instrumentación, desplazado hacia la zona central, pero el tacto es ideal, sin estar recargado de botones, algo a lo que últimamente nos tienen muy acostumbrados casi la totalidad de marcas. La pantalla digital TFT que hace las funciones de cuadro de mandos está a medio camino entre la parte trasera del volante y el centro del coche, y se puede regular de varias maneras en cuanto a intensidad de color y el propio fondo de los relojes. El cuentavueltas es digital, al igual que la información de la velocidad. Hay gente a la que no le hace mucha gracia esta historia, pero es cuestión de gustos. A mí no me molesta, la verdad, aunque sí es cierto que su posición obliga a alejar en demasía la pantalla del navegador, dificultando enormemente su lectura.
 
Por lo demás, la consola central es prima hermana del resto de vehículos de la marca, con una climatización bizona ejemplar y un sistema de audio ya testado en Laguna y Mégane. La botonería, eso sí, está muy dispersa por todo el coche, habiendo botoncitos en la zona izquierda del volante, en una piña muy abultada detrás del volante en la parte derecha, en el reposabrazos, e incluso en una pequeña repisa delante del navegador y el cuentakilómetros. Demasiados quizá. Eso sí, todo ello está instalado en un salpicadero de aspecto rugoso pero más blandito de lo esperado, dotando de mucha más clase si cabe y una categoría más elevada a la máquina de la marca francesa.
 
Pero en un monovolumen los auténticos protagonistas, al menos en la mayoría de ellos, son o deben ser los niños, monopolizadores y usufructuarios de la segunda fila de asientos. No digo que no puedan ir adultos detrás, ni mucho menos, es más, no tendrán ningún problema de altura o espacio para piernas, sobre todo en los dos laterales, digo sólo que la mayoría de familias que optan por esta configuración automovilística es para dotar de un espacio propio a ‘esos locos bajitos’ que decía Serrat. En cualquier caso, en el Scénic gozarán de unas comodidades, como mínimo, a la altura del mejor de sus rivales. Así, los tres asientos poseen una independencia total con respecto a los otros, pudiendo adelantarse o retrasarse hasta el límite del maletero, con una boca de carga con poca altura para facilitarnos la tarea y un volumen de 437 litros con los asientos traseros en su posición más holgada para los ocupantes. También se pueden plegar y desmontar a conveniencia, haciendo gala de una versatilidad modelo. En cualquier caso, en el piso de todas las plazas, se goza de una especie de falso suelo, donde se puede esconder algún objeto más a los que ya se han metido en las espaciosas bandejas de las puertas, en la ya reseñada del reposabrazos central o en el auténtico pozo sin fondo en el que se ha convertido una simple guantera. Todo esto, se añade a los cajones bajo los asientos y a las bandejas detrás de los asientos delanteros. La verdad que resulta muy difícil pensar en alguna opción más de almacenaje que las que trae este coche de serie… y siempre con un suelo plano tanto delante como detrás, sin el bulto habitual del hueco de la transmisión. Hablando del espacioso maletero, lástima que no cuente con rueda de repuesto al uso y en su lugar sólo disponga de un kit reparapinchazos. No se puede pedir todo, la verdad.
 
Foto detalle del Renault ScenicA la hora de hablar del motor, en el caso de la versión probada, las dudas se instalan en nuestro interior, sobre todo en lo que se refiere al consumo. No hemos llegado a mil kilómetros por muy poco en nuestra prueba, con un porcentaje bastante alto en carreteras con amplias rectas y autovías, y sin dar demasiada vida al acelerador, ha sido muy difícil bajar de los nueve litros de consumo por cada cien kilómetros recorridos. Si el consumo no es importante para ti no te quedará ninguna duda, porque el propulsor TCe 130 que se fabrica en Valladolid es un ejemplo en cuanto a refinamiento, par motor, rango de uso y, unido a un excepcional cambio de seis velocidades, se convierte en una auténtica delicia. Por si fuera poco, aunque no demasiado visible, en el tablero de mandos te aparecerá una flechita que te indicará el momento óptimo de cambio para economizar en la medida de lo posible el consumo, algo elevado de por sí. Para ser un monovolumen, la agilidad en movimiento es sorprendente. Su tarado de suspensiones es igual de sorprendente, ya que tira más hacia la dureza de un deportivo y, aunque sigue absorbiendo las irregularidades del terreno con diligencia, si que van más con otra filosofía que la de la comodidad. En cualquier caso, con carga o sin ella, verás que en zona de curvas es más divertido de lo que a priori pueda parecer.
 
En cualquier caso, si no realizas más de 10.000-15.000 kilómetros al año, este gasolina es una excelente opción, ya que el precio de adquisición, siempre sin añadir las ofertas de turno, está en 20.860 euros, en su versión Privilège, la testada por nosotros aquí, que cuenta con un equipamiento completito como ESP, ASR, airbags delanteros y de cortina, regulador y limitador de velocidad, cortinillas en las ventanillas traseras, freno de parking asistido, encendido automático de luces y sensor de lluvia, climatizador bizona, el reposabrazos central deslizante, asiento del pasajero abatible con regulación lumbar, faros antiniebla y volante de cuero. La unidad que Renault nos cedió para su prueba sale por 25.0 euros, ya que cuenta, además de lo mencionado de serie, pintura metalizada, cristales sobretintados y los packs Xenon (853 euros), Sport Plus (937), Navegación (1.354) y Confort Plus (640), que añaden faros de xenón con lavafaros, llantas de 17 pulgadas y techo de doble hoja panorámico, el Carminat Bluetooth DVD con radio-navegador, radar de proximidad ¡con cámara!, retrovisores abatibles eléctricos y tarjeta manos libres para abrir y cerrar el vehículo. Opciones bastante aconsejables por su practicidad y su ajustado precio, todo hay que decirlo.
 
Si el bebedor TCe 130 no te convence, a pesar de ser hijo del ‘downsizing’, capaz de sacar 130 CV a un bloque de menos de 1.4 centímetros cúbicos, en gasolina tienes versiones de 110 y 140 CV. Si te van más los ahorrativos diesel, puedes escoger potencias de 85, 105, 130 y 160 CV, los dos primeros, con el emblema ‘Eco’ de Renault, por emitir menos de 140 gramos de CO2 a la atmósfera por cada kilómetro recorrido.
 

CON LA MANO EN EL CORAZÓN

El Scénic probado cumple todas las expectativas. De una gran relación calidad/precio, tan sólo ponemos el ‘pero’ en su consumo, la verdad, nada esperable. Sin embargo, su amplia oferta en materia de propulsores, especialmente en diesel, le hace ser una auténtica referencia en el segmento.
 

UN COCHE PARA…

…cualquier familia que pretenda utilizar el coche no sólo como un instrumento para ir del punto A al punto B, sino como un medio más de disfrute, con muchas opciones de utilización, y una capacidad prácticamente ilimitada en cuando a capacidad. Modulable hasta casi decir basta, hasta las familias más exigentes se sentirán cómodas y agradecidas a la marca.
 
KILÓMETROS PRUEBA – 950 Kms
 
PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 30%-25%-45%
 
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Renault Scénic TCe 130
 

Cubicaje / Potencia: 1.397 cc – 130 CV a 5.500 RPM

Caja de cambios: Manual de 6 velocidades

Alimentación: Gasolina. Inyección Directa ‘Common Rail’ con Turbocompresor
 

Longitud / Anchura / Altura: 4.344 / 1.845 / 1.637 mm

Distancia ejes: 2.702 mm

Maletero: - 437 litros

Nº plazas: 5

Neumáticos: 205/60/16 (unidad probada 205/55/17)

Tracción: Delantera

Frenos: Frenos de disco ventilados del. (296mm) y discos tras. (260 mm)
 

Aceleración 0-1 km/h: 10,5 seg

Velocidad máxima: 190 km/h

Capacidad depósito combustible: 60 l.

Peso en orden de marcha: 1.379 kilos

Par motor: 190 Nm / 2.250

Emisiones CO2: 168 g/km
 

Consumos oficiales:

Extraurbano: 5,8 l / 100 kms

Urbano: 9,4 l / 100 kms

Mixto: 7,1 l / 100 kms
 

Bien:

Visibilidad, espacio y sensación de amplitud

Precio

Motor
 

Menos bien:

Consumo

Posición del navegador

Botonería dispersa
 
Precio: Desde 20.860 euros
 
Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net