Prueba del MAZDA MX-5 Roadster Coupé – Sensaciones puras

Por sa , 11/05/2010

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Prueba del MAZDA MX-5 Roadster Coupé – Sensaciones puras
Cuesta encontrar un coche con el que sientas de verdad la carretera. Mazda aprovecha la actualización de su MX-5 para recordarnos la esencia de un biplaza deportivo y descapotable. El Mazda MX-5 te acerca al asfalto... también en lo físico.




En un mundo tan ‘tecnologizado’ –si se me permite el palabro- como el que vivimos, cada vez es más difícil encontrar nada en estado puro. Los conceptos se cosifican, se digitalizan, se tecnocratizan, pierden el alma, el espíritu, todo es artificial, lucha y pelea constante entre las sensaciones, los sentidos, y lo bastardo, la imitación del original. Por eso me ha proporcionado tanto placer ponerme al volante de este Mazda MX-5, uno de los pocos coches con los que aún puedes sentir la carretera, cada centímetro de asfalto, y dar rienda suelta a los sentidos para experimentar, de verdad, lo que un día, hace mucho tiempo, tuvo que ser conducir sin tanta artificiosidad ni tanta electrónica, que cercenan de raíz cualquier reacción natural de un vehículo de cuatro ruedas.
 
A ver, tampoco hay que volverse locos. Por supuesto que este Mazda MX-5 tira de ayudas electrónicas para un montón de cosas, pero el concepto de roadster puro, bien cerquita del alquitrán, con una estabilidad excepcional y una tracción trasera que te hace sonreír en cuanto tanteas el acelerador, es algo que menos del uno por ciento de los coches actualmente a la venta en nuestro mercado te puede proporcionar. Como era de esperar, el control de tracción de este MX-5 (DSC) se puede desconectar, apretando un botón bastante escondido casi al lado de la puerta del conductor, a la izquierda del volante. Excuso decirte que la diversión está asegurada, pero que lo hagas con un mínimo de control y seguridad, ya que no es lo mismo un tracción trasera –como éste- que un tracción delantera o integral. Avisado estás.
 
Foto del frontal del Mazda MX-5El Mazda MX-5 acaba de cumplir 20 años. Es la cuarta versión de un modelo longevo, referente en su día, rompedor, abridor de caminos, que se ha ido puliendo durante estas dos décadas para alcanzar lo que en mi modesto entender me parece su culminación final con la capota dura retráctil en sólo 12 segundos. Es cierto que el sistema no es del todo eléctrico, que hay una pestaña en el techo que hay que abrir o cerrar a mano para liberar o asegurar el mecanismo, pero de verdad que es un salto adelante espectacular con respecto a la capota de lona tradicional. Además, la firma japonesa ha logrado que el techo duro del roadster cupé sólo pese 37 kilos más que la blanda, con lo que sólo la diferencia de precio, el sabor más puro y auténtico de la capota de lona –sólo disponible con el motor más pequeño-, te hará inclinarte por lo genuino ante la excelencia del futuro hecho presente.
 
El diseño y la estética, modelada por estos años, han ido perfeccionando un concepto que está muy cerca del millón de unidades vendidas. Este icono de los coches deportivos, a la vez que asequible para un bolsillo medio, ha ido puliendo detalles que ‘chirriaban’ en las primeras versiones, para mostrar una solidez con cada vez menos puntos débiles. Ahora, mires por donde lo mires, la belleza es embriagadora, ensalzada aún más por el color rojo fuego de nuestra unidad de pruebas y sus preciosas llantas de 17 pulgadas. El diminuto habitáculo apenas rompe las formas armónicas de la línea cupé. La delantera es agresiva con la amplia toma de aire y suave a la vez, redondeada pero con los rasgos muy marcados, faros de xenón incluidos. La trasera no ha perdido personalidad, todo lo contrario, a la par que ha ganado clase con los pilotos con fondo blanco y rojo y el doble escape, uno a cada extremo. Estilizado, plano, sensual, cuatro metros de belleza deportiva y excitante... y eso sin haber escuchado aún el ronroneo de su propulsor.
 
También hay que ‘agradecer’ a Mazda que con este coche te sugestione, te haga pensar en tu forma física, que te cuides. Y es que no es fácil entrar en esta maravilla; ir sentado tan cerca del suelo y las formas sinuosas del modelo así lo exigen. No digo que tengas que trabajar en el Circo del Sol o que debas tener un pasado contorsionista para entrar, pero es cierto que ayuda y mucho. Es más, como buen roadster, no es que entres en el coche, más bien ‘te dejas caer’. Y una vez dentro, los asientos de cuero Recaro te recuerdan que no están en una berlina o en un deportivo al uso. Si tu figura no responde a cánones praxitelianos… si están un poco fondón, vamos, notarás como los extremos del asiento, los que sirven para que tu cuerpo no se desplace de un lado a otro y puedas mantener la posición frente al volante, se te clavan como agujas en los riñones o en el costillar, dependiendo de cómo hayas regulado tu postura. A ver… la impresión inicial se suaviza con el paso de los kilómetros, pero os aseguro que la función de este coche es la diversión en cada milímetro recorrido. No es un coche para indiferentes, para ‘sinsangres’. Es un coche de verdad, exigente, pero sincero. De hecho, los asientos son ideales para conducción deportiva… pero algo incómodos en un día a día normal, más si te sobran unos ‘kilines’ y la ‘operación bikini’ no ha dado sus frutos.
 
De todas maneras, este Mazda MX-5 tiene una doble personalidad marcada a sangre y fuego. Todo lo claustrofóbico y agobiante que puede parecer con el techo puesto, se transforma en sólo 12 segundos en un escenario incomparable donde eres el único espectador que, además, vas a poder interactuar en primera persona con el libreto para llevar a cabo la obra de arte que más te guste y como más te guste. A techo descubierto, las sensaciones se disparan hasta tal punto, que llevar la capota puesta casi diría que es un acto de última y extrema necesidad. Por cierto que para que la electrónica funcione y cubra o descubra tu bólido, la palanca del cambio deberá estar posicionada en la ‘P’ de Parking. Y siempre pendiente de terminar de subir los cristales después del accionamiento del mismo, ya que no suben automáticamente. El MX-5 es un coche para disfrutar la parte más amable de la vida. Si por un casual piensas que en el día a día o para desplazamientos largos te va a servir igual, yo no estaría tan seguro, ya que en autovía, capotado, el ruido aerodinámico es bastante alto, y la exigente posición de conducción te hará parar a ‘repostar’ más a menudo de lo que desearías.
 
Foto del interior del Mazda MX-5Una vez quitado manualmente el cierre de seguridad encima de nuestras cabezas, y apretado el botón durante 12 segundos para dar luz a nuestras vidas, descubrimos que el paso del tiempo le ha sentado muy bien al MX-5. Y le ha sentado bien porque, ahora sí, se ha racionalizado. Cuadro de mandos, volante, salpicadero, consola central, elementos a los que no se había prestado demasiada atención en las versiones anteriores, ahora, sin ser la panacea, si están más al orden del día. Aún así, y sin ánimos de ser quisquillosos, se echa de menos un ordenador de a bordo con algún dato más, como autonomía, tiempo transcurrido al volante o consumo instantáneo, pero se puede perdonar, de hecho se olvida, cuando enciendes el motor… y es que con tan sólo 160 CV se puede lograr una cota de satisfacción sonora increíble. Seguro que el sistema ‘Induction Sound Enhancer’ de Mazda tiene algo que ver en que la música sea redonda. Aunque si quieres música de la otra… te puedes hartar con un equipo de sonido Bose auténticamente espectacular y que suena de maravilla. El volante no es lo que se dice pequeño, pero es redondo completamente, sin florituras, con todos los mandos integrados de manera lógica. En el tablero de instrumentación es cierto que tardas en acostumbrarte a que el indicador del nivel de gasolina no es el que está entre las dos esferas grandes sino en un rincón escondido a la izquierda. El color rojo que lo ilumina de noche también ayuda a las sensaciones racing.
 
La instrumentación y la botonería no es para tirar cohetes. En Mazda no quieren que te despistes y sí que te centres en lo que de verdad importa. El climatizador va de maravilla, no así el bluetooth, que después de varios intentos no hemos conseguido armonizar con nuestro teléfono móvil. La posición al volante ya hemos dicho que es exigente, pero es que este concepto de coche no sería entendible sin ella. Para terminar con la vida a bordo, no esperes muchos huecos para dejar cosas. En las puertas apenas hay una red para un par de papeles y una bebida. Una guantera diminuta en el lado del pasajero y una minúscula para una cartera o el móvil el lado izquierdo del volante. Entre los dos ocupantes puedes dejar las llaves y poco más, y aún cuentas con otra trampilla con hueco en la parte de atrás, lugar, por cierto, donde aparece el tirador que abre el depósito de gasolina… -primera vez en mi vida que veo algo parecido-. La falta de espacio obvia y lógica tiene un par de apuntes: el maletero cuenta con 150 litros de capacidad, con el plus de que es ajeno al espacio para guardar el techo, que es independiente, así que siempre, con techo o sin él, podrás dejar los mismos bultos en la trasera.
 
Un maquinón como este necesita un motor que ayude al objetivo final, y los 160 CV de este dos litros son más que suficientes. En nuestro caso, hemos comprobado que con el cambio automático -1.800 euros más con respecto a su hermano con cambio manual, que sale por 33.240- Mazda ha tenido el acierto de colocar de serie levas en el volante, con lo que la cuadratura del círculo se ha cerrado con éxito. Es muy excitante afrontar carreteras de montaña, reviradas, sinuosas, y tirar de levas sin ningún esfuerzo. El cambio automático o secuencial –también puedes cambiar manualmente con la palanca en la posición ‘M’- tiene una rápida respuesta al pedal del acelerador, cosa que nos ha dejado muy sorprendidos, siempre en términos positivos. También es cierto que cualquier toque leve al pedal del gas se transforma en una subida casi inmediata de revoluciones, incluso aunque sólo quieras mantener la velocidad o ganar un mínimo de velocidad… y es que este deportivo no puede ocultar ni sus genes ni las instrucciones que los preparadores nipones le han dado. De verdad que es remarcable una respuesta del motor casi instantánea a nuestros impulsos. Nos ha encantado. El cambio con el pedal a fondo se produce por término medio a 6.500 vueltas… y menos mal que lo hace solo porque es sólo descuidarte unas décimas de segundo y el motor ya estaría esperando tu reacción en la zona roja, rugiendo como un descosido.
 
El Mazda MX-5 tiene en opción dos motores de gasolina –meterle un diesel sería romper su filosofía, algo así como meter alerones deportivos y llantas de perfil bajo a una furgoneta de reparto-; de 126 y 160 caballos. El de 160, sea automático o no, siempre irá con el techo duro. El de 126 puede montar techo duro o el soft-top (25.750 y 23.800 euros, respectivamente, un precio absolutamente a tener en cuenta). En el apartado de consumos, sorpresa de las buenas, ya que después de 1.300 kilómetros por todo tipo de carreteras, no ha pasado la barrera de los 9 litros por cada cien kms recorridos. Una pena que el depósito no dé para una autonomía mucho más allá de los 500 kilómetros.
 
Mazda, para esta prueba, nos proporcionó el tope de gama, el Sportive Automático, que cuenta, sin sobreprecio a los 35.040 euros del precio base, hasta asientos calefactados, estribos de acero deportivos y personalizados, y un paquete de seguridad en el que no faltan el ABS, airbags frontales y laterales, EBD (Distribución electrónica de la frenada), EBA (Asistencia a la frenada de emergencia), DSC (Sistema de control de estabilidad) y TCS (Control de tracción).
 
Pegado al suelo, al ras, un coche puro, de reacciones deportivas, poco importará que todos te miren de arriba abajo… porque no lo harán durante mucho tiempo. Una aceleración y una explosividad más que aceptable para el caballaje que manejamos, gracias a un centro de gravedad bajísimo y un peso contenido… este roadster biplaza es un auténtico cúmulo de sensaciones que está al alcance de cualquiera para el que conducir sea algo más que un desplazamiento. Cuatro metros justos de energía vital y adrenalina a partes iguales… para disfrutar preferiblemente a techo abierto.
 

CON LA MANO EN EL CORAZÓN

Un roadster puro, un cupé de pelo en pecho capaz de abrir los poros hasta al conductor más insensible. Como dice el epígrafe, con la mano en el corazón, me parece un precio muy ajustado para lo que puede parecer un capricho, pero que en realidad te brinda la oportunidad de subirte a una montaña rusa cada día.
 

UN COCHE PARA…

…el que gustándole conducir, le emocione paladear un sabor puro, añejo, o llevar cada mañana en su trayecto al trabajo una sonrisa de oreja a oreja, transformando algo monótono e insípido en un rally vital. Familias numerosas abstenerse.
 
KILÓMETROS PRUEBA – 1.300 Kms
 
PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 20%-45%-35%
 
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Mazda MX-5 Roadster Coupé
 

Cubicaje / Potencia: 1.999 cc – 160 CV a 6.700 RPM

Caja de cambios: Automático 6 velocidades

Alimentación: Gasolina. Inyección Multipunto
 

Longitud / Anchura / Altura: 4.020 / 1.720 / 1.255 mm

Distancia ejes: 2.330 mm

Maletero: 150 litros

Nº plazas: 2

Neumáticos: 205/45/17

Tracción: Trasera

Frenos: Discos ventilados 290 mm (del) y macizos 280 mm (det)
 

Aceleración 0-100 km/h: 8,9 seg.

Velocidad máxima: 194 km/h

Capacidad depósito combustible: 50 l.

Peso en orden de marcha: 1.100 kilos

Par motor: 188 Nm / 5.000 rpm

Emisiones CO2: 188 g/km
 

Consumos oficiales:

Extraurbano: 6,1 l / 100 kms

Urbano: 10,9 l / 100 kms

Mixto: 7,9 l / 100 kms
 

Bien:

Sensaciones deportivas, agarre

Tarda sólo 12 segundos en descapotarse

Respuesta inmediata del motor al acelerar
 

Menos bien:

Entrada complicada al habitáculo

Con el techo puesto puede ser algo claustrofóbico

Ordenador de a bordo muy básico
 
Precio: Desde 35.040 euros
 
Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net