MINI COUNTRYMAN JCW – Prueba – Chico malo y urbano

Por sa , 30/07/2013

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MINI COUNTRYMAN JCW – Prueba – Chico malo y urbano
MINI ya no se conforma con hacer coches más habitables y funcionales como el Countryman sino que, además, les dota de todo el ‘power’ que pueden con la versión JCW. 218 CV y tracción 4x4 para un MINI ‘maxi’, el MINI Countryman JCW. ¡La prueba!





John Cooper Works son tres palabras que esconden unas siglas míticas. MINI, llevando su dogma de fe al extremo, no ha querido racanear el JCW a un modelo tan cañero como el Countryman y el MINI más musculado y vitaminado, no luce sólo poderío de puertas para afuera, sino que los 218 caballos que encierra su motor 1.6 van a dar mucha guerra… aunque no quieras. Definitivamente, el MINI Countryman JCW es un objeto de deseo al que muchos perseguirán cual santo grial.


El MINI Countryman JCW pertenece a ese grupo selecto de coches que uno ambiciona y sueña tener en su garaje. Puestos a tener unos pocos, si nos lo podemos permitir, a lo mejor no es de los que más utilizaríamos, pero seguro que cada vez volveríamos con él sucio hasta decir basta después de haber dado caña de la buena por cuantos caminos y senderos hayamos encontrado a nuestro paso.


MINI utilizó la estrategia del ‘4’ para lanzar una carrocería que, por entonces, era la cuarta, y por primera vez con tracción a las cuatro ruedas. En la presentación a la prensa del MINI Countryman comprobamos su capacidad off road, que por fin contaba con un maletero coherente en un MINI y cinco plazas reales, para completar la ecuación de un vehículo que, en versiones más accesibles y menos potentes ha tenido una gran acogida, por supuesto, merecida. En estos tres años a la venta no dejamos de ver Countryman por las carreteras de nuestro país, y siendo un modelo con un toque elitista y un precio que conlleva en parte la marca que pagas, podemos decir que la marca británica del grupo alemán BMW no estará disconforme con los resultados obtenidos.

Si hablamos de la estética del MINI Countryman, a estas alturas poco podríamos aportar a lo ya dicho. Si lo hacemos, en concreto, de esta versión JCW, aquí ya sí que podemos añadir alguna cosita, aunque no es el primero John Cooper Works que cogemos por banda. Aún recuerdo la primera vez, con el MINI JCW, al que pensé de primeras que habían olvidado poner los amortiguadores de lo duro que estaba. Nada que ver en este Countryman, ya lo veremos más adelante. Han pasado tres años y medio desde entonces hasta ahora, pero al menos la paleta de colores típica y tradicional de los JCW sigue siendo la misma, y repasando aquella prueba veo que son casi idénticos, muy pocas diferencias en una y otra decoración en colores, llantas, spoilers, retrovisores, faldones, rejillas, alerones… el motor sí ha ganado siete caballitos, y obviamente, también más adelante, veremos que no es lo mismo ir a ras de suelo con una suspensiones durísimas que más elevado y con un chasis que también tiene que dar la talla entre pedruscos, riachuelos, nieve y todo tipo de caminos de tierra, arena y grava.


En la última comparación que hago con el primer MINI JCW que probamos, veo que hemos salido perdiendo con la tapa del depósito, que era súper fashion en el MINI, cromadita, muy a la antigua, nos encantaba. En el Countryman es tradicional, sin más. Sin embargo, las llantas, aún siendo del mismo porte –19 pulgadas-, en este caso son de color negro, y creo que ganan mucho no, muchísimo. También la decoración del capó es más heavy, huye de las tradicionales bandas longitudinales, y aquí asemeja un tridente, como si el mismísimo diablo fuese montado en él. Por detrás no hay rabo, pero si un faldón trasero que ahorrará mucho trabajo a los amantes del tunning, y un doble escape separado que cuando ruge, lo hace sin medias tintas... sin olvidar esas pinzas enormes de freno rojas que asoman por las maravillosas llantas.


El MINI Countryman, y más este JCW, nos parece que tiene cara de enfadado. La rejilla de la principal toma de aire frontal, la superior, con las comisuras tirando hacia abajo, le agrían el carácter, al menos en la estética. Los ojos (faros), que ya no son redondos del todo, también tienen su punto provocador, inconformista, y refleja bien a las claras lo que la marca ha querido expresar con este coche. No dejarás de recorrer muchos centímetros del Countryman sin toparte con un detalle, una chapita, una entrada de aire, un cromado, una raya negra… elementos que construyen una personalidad casi radical, tanto para decir ‘aquí estoy yo’ como para declarar al mundo su intención de no pasar inadvertido.

Por dentro pasa lo mismo, aunque MINI es de las marcas en que casi todos sus modelos son clones por dentro, y apenas varía alguna cosa de un Hatchback a un Roadster, de un Cabrio, a un Paceman, de un Coupé a un Countryman. Lo que nadie discute es la calidad percibida y el gran trabajo de modernizar el interior si perder el aire retro, una simbiosis perfecta que, la verdad, me sería muy difícil plasmar si me dejaran de responsable, y MINI lo ha hecho a la perfección, con guiños aquí y allá, pero una factura impecable, por mucho que utilicen plásticos duros y menos duros.


Sorprende en nuestra unidad que, pese a llevar la amplia esfera que protagoniza la columna central del salpicadero, no posea navegador. También sorprende que, pese a que no es lo más cómodo del mundo, se continúe confiando los mandos de la instrumentación en esta gran esfera a un diminuto joystick anclado muy abajo, casi dando con el freno de mano. Freno de mano con forma poco tradicional, casi más un mando parecido al que se activa para despegar un avión. Tampoco encuentro funcional que la esfera gigante lleve en el borde de la misma el cuentakilómetros, con un pequeño marcador naranja que indica la velocidad de forma analógica. En más de 1.600 kilómetros he mirado ahí cero veces. Para saber la velocidad, de manera digital, en una pequeña ventanita en forma de display en el tacómetro de detrás del volante, se puede configurar para ver el dato sin apartar tanto la vista de lo que de verdad importa. Al menos, en esta gran esfera central, no faltan las dos habituales pantallas con la información del ordenador de a bordo, parcial y total, tan lograda en todo el grupo BMW.


El diseño de todo el habitáculo, salpicadero, cuadro de mandos, teclas, botones, dispositivos y demás historias, no me importa repetirlo, es increíble, con tomas de ventilación más propias de la aviación que de la automoción. Tampoco pueden faltar las costuras rojas en volante, palanca de cambios y asientos, de un cuero negro también muy de estilo MINI en el diseño, pero que en verano dan un calor espantoso. Pedales metálicos, detalles en las puertas de todo tipo, pegatinas, cromados y el logo de John Cooper Works casi por todas partes nos avisa, para que no nos despistemos, que lo que tenemos entre manos no es, ni más ni menos, que 218 caballos de potencia, con tracción, en este caso, a las cuatro ruedas.

Las plazas delanteras son muy confortables y recogen bastante bien, aunque sin ser perfectas. Detrás hay sitio para tres adultos, aunque al del centro le tocará la peor parte. La visibilidad es buena para ser un coche de diseño, y eso siempre se agradece, como los 350 litros de maletero, que aunque no son la bomba, si te salvan de algún aprieto. Nos gusta el doble fondo especialmente, porque puedes separar y ocultar cosas si no tienes la bandeja puesta, y también que la boca de carga sea plana. Acostumbrados al resto de MINI, es un detalle, la verdad.


Y MINI no sería MINI si no tuviera detalles como la posibilidad de cambiar el color de la luz ambiental, por ejemplo. Parece una tontería, pero al final en un mal día un detalle como este te puede alegrar un poco la cara. O comprobar que, sobre su cabeza, el conductor/piloto tiene una segunda visera para cubrirse del sol cuando entra lateral, sin tener que sacrificar la delantera. Son ‘tonterías’, pequeñas fruslerías, como el adaptador –un sencillo aro de metal- que permite cuadrar el tamaño de tu lata o tu botella y poder llevar fija tu bebida sin tener que estar preocupado de que se caiga en cualquier curva. Este tipo de cositas, casi banales, son las que terminan de enganchar y convencer a un posible comprador, y no son de las que cuestan dinero. Aquí entraríamos ya en el fantástico doble techo acristalado, los asientos calefactables, o las brutales llantas de 19 pulgadas, que sí, aquí sí que hay que pasar por caja. 879 euros las llantas, 1.209 el cuero de los asientos, 264 de los retrovisores eléctricos, 571 del acceso sin llave y arranque por botón –al final se te hace imprescindible-, 1.077 del techo ya mencionado, 385 del sensor de distancia trasero en el aparcamiento, los 934 del fantástico sistema de altavoces Hi-Fi Harman/Kardon, los carísimos 803 del sistema bluetooth para móvil, etc, etc, todo sumado, nos vamos a los más de 47.000 euros de nuestra unidad que, de serie, saldría por 37.800 euros.


Nos ponemos manos a la obra y, en confianza, el MINI Countryman JCW nos encanta, pero en el fondo de nuestra alma aún esperábamos un poco más de chicha. Es cierto que este Countryman tiene la mala suerte de ponerse a nuestra disposición después del Porsche 911 Carrera 4S Cabrio, que casi le dobla en potencia y le triplica, o más, en sensaciones deportivas… aunque también multiplica por cuatro su precio.


Me explico. Es deportivo, mucho para ser un 4x4 que no hace ascos al campo, pero si quieres curvas y más curvas, prueba mejor con el MINI JCW a secas. El Countryman, por su altura elevada y su configuración y peso no está hecho para subir y bajar puertos de montaña a toda. Es así. Es más, si me preguntan si el Countryman necesitaba, pedía, una versión JCW, habría dicho que no, pero entiendo que los éxitos de Nani Roma y Peterhansel en el Dakar necesitan un fiel reflejo en la calle, y en este caso ‘nobleza obliga’… y más tras el privilegiado copilotaje que tuvimos la suerte de disfrutar con el campeón español Nani Roma.


Tirando de lógica, el que se compra un MINI Countryman es por dos razones principales: porque sigue siendo un enamorado de la marca y las necesidades de la vida le hacen pedir a gritos más espacio que el MINI de toda la vida, o porque quieres un 4x4 pequeñín, pintón, sin perder, clase, ni elegancia, ni estilo, ni saber estar, y el único que te ofrece todo eso es el MINI Countryman. Me da, pues, que 218 caballos son muchos tanto para uno como para otro caso, y más después de comprobar que los 184 de la versión S son más que suficientes y divertidos para lograr sensaciones deportivas y racing.


El motor, todo hay que decirlo, está muerto por debajo de 2.500 vueltas. Es a partir de ahí cuando la aguja del cuentarrevoluciones empieza a moverse con más velocidad hasta tocar el techo de la zona roja. A partir de las 4.000 rpm empieza lo mejor de este propulsor, donde disfrutaremos de verdad, pero sin olvidad que la altura al suelo es mayor que la de un deportivo y no podemos apurar tanto como otras veces en las curvas. El corte de encendido es a 6.500 vueltas, poco más, justo donde empieza la zona roja. También nos gustaría que el botón Sport, abajo en la consola, no sólo activase 20 NM más de par para llegar a los 300 e hiciese más directa la dirección y la respuesta al acelerador. Nos encantaría que este botón, u otro similar, endureciese un poco más las suspensiones, o bajase un buen puñado de milímetros la carrocería, para de verdad poder disfrazarte de Dani Sordo en cualquier asfalto… o incluso fuera de él. La tracción es automática, y te permite una aceleración de cero a cien en solo siete segundos, es una buena marca, la verdad.

El consumo tampoco hay que perderlo de vista. Una media de 8,5 litros a los cien después de 1.600 kilómetros en los que ha habido bastante autovía, mucha ciudad, y poco campo y carreteras reviradas, mea culpa. Y eso que en la urbe el sistema Start and Stop funciona de lujo y si sigues el indicador de cambio de marcha, puedes ahorrar unos cuantos litros de gasolina a la larga y emitir menos CO2 a la atmósfera.


Los MINI, afortunadamente, están en el siglo XXI a nivel de seguridad, ya nada es lo que era, sobre todo cuando aún ves alguna unidad de hace 40 ó 50 años sin reposacabezas. DTC, DSC, EBD, CBC, ABS… las habituales siglas que delatan actuales y accesibles sistemas de seguridad no fallan en un MINI como este Countryman, que también destaca, por cierto, por un alumbrado fenomenal cuando circulas de noche.


En el debe hay que apuntar varias cosas. Un depósito de sólo 47 litros hace que sea casi imposible hacerte un Madrid-Coruña o un Madrid-Barcelona del tirón. No digo que haya que hacerlo –ya sabes que conviene parar cada dos horas o 200 kilómetros para hacer una pausa- pero si quisieras, no podrías. Meter marcha atrás también ha sido una labor muy engorrosa, habría que revisar el sistema. El tema de las suspensiones, con 218 caballos a bordo, lo veo fundamental, aún siendo conscientes de que no pueden ser muy duras por la condición off road del coche. Aunque tampoco cuadra esto con las llantas, con un perfil 40, de la unidad probada. En cuanto al confort de marcha, en autovía, con asfalto impecable, se cuela mucho ruido dentro del habitáculo, y habría que mejorar sin falta este apartado, lo mismo que recolocar el retrovisor derecho, pues con el asiento del conductor en la posición más baja, aún midiendo 1,80 metros, te pierdes el 25% del espacio del espejo. Y por último, no olvidar que no es un coche diseñado para andar por el campo, aunque tenga algunas posibilidades. En el vídeo adjunto a este análisis, podemos comprobar que hay zonas por las que un 4x4 sin pretensiones de puro rally puede acceder y superar, y este Countryman se queda a las puertas.


Con la mano en el corazón


Me ha gustado pero no me ha conquistado. A lo largo del texto expongo las razones, pero en resumidas cuentas, el Countryman no necesita una versión JCW, más que nada porque es muy difícil nadar entre dos aguas, deportividad y off road, sin salir malparado en alguna de las dos… o en ambas a la vez. Aún así, un gran esfuerzo para homenajear a dos grandes como Nani Roma y Peterhansel, y con esta razón casi todo vale. Un buen coche, divertido, pero que me da en la nariz que no veremos muchos por la calle.


Un coche para…


…aquellos y aquellas que comenté antes, gente al que el MINI de todo la vida se le quedó pequeño y quieren más espacio y maletero sin perder el toque deportivo y capacidad para andar por pistas y por el campo, o gente que quiere un pequeño 4x4 con mucho estilo… y muchos caballos. En cualquier caso un perfil que me parece es muy joven y muy masculino.


KILÓMETROS PRUEBA – 1.685 kms

 

PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 25%-25%-50%

 

RIVALES

Audi Q3, BMW X1, Mitsubishi ASX, MINI Paceman, Skoda Yeti, KIA Sportage, Nissan Qashqai, Opel Mokka, Nissan Juke, Renault Captur, Peugeot 2008, Chevrolet Trax, Suzuki SX4, Fiat Sedici


FICHA MINI Countryman JCW 218 CV manual

 

Cubicaje / Potencia: 1.598 cc / 218 CV a 6.000 rpm

Caja de cambios: manual 6 velocidades

Alimentación: Gasolina

 

Longitud / Anchura / Altura: 4.133 x 1.789 x 1.549 mm

Distancia ejes: 2.596 mm

Maletero: 350 litros

Nº plazas: 4 plazas

Neumáticos: 225/45 R18; Unidad probada: 225/40R19

Tracción: 4x4

Frenos delanteros: Discos ventilados

Frenos traseros: Discos

 

Aceleración 0-100 km/h: 7,0 seg.

Velocidad máxima: 225 Km/h

Capacidad depósito combustible: 47 litros

Peso en orden de marcha: 1.480 Kg.

Par motor: 300 Nm entre 2100 y 4500 rpm

Emisiones CO2: 172 g/Km.

 

Consumos oficiales:

Extraurbano: 6,2 l/ 100km

Urbano: 9,4 l/ 100 km

Mixto: 7,4 l/ 100 km


Bien:


Estética agresiva

Tracción 4x4 permanente

El toque retro sin perder un ápice de modernidad


Menos bien:


Depósito de combustible pequeño

Difícil combinar deportividad, exclusividad y 4x4, donde debe mejorar más

Seleccionar marcha atrás en el cambio


Precio: 37.800 euros


Óscar González Soria – oscar.gonzalez@portalcoches.net