INFINITI Q50 – Prueba – Apunta muy alto

Por Andrea Enzo , 10/03/2014

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INFINITI Q50 – Prueba – Apunta muy alto
Infiniti Q50 es el coche con el que la marca de lujo de Nissan se juega mucho en Europa. Diseñado con cierto gusto occidental, es el desembarco de una nueva Infiniti, donde ya se espera al compacto Q30. Prueba del Infiniti Q50 GT 2.2 Aut de 170 CV.

Después de probar el Infiniti Q50 lo primero que se te viene a la cabeza es la idea de un diamante en bruto, una gema que necesita ser pulida para redondear un concepto ambicioso que pinta bastante bien. El lanzamiento de un coche, sea cual sea, partiendo de cero absoluto, siempre tiene sus riesgos, y en Infiniti han apostado fuerte, pues el segmento D Premium no es moco de pavo y necesitan tener un producto que les permita poder mirar a los ojos de rivales tan potentes como Lexus, Mercedes, Audi o la propia BMW.


El Infiniti Q50 es un nuevo camino por explorar, un nuevo mundo de posibilidades. La firma japonesa comienza una aventura nueva en la que, de primeras, no parece ir muy desencaminada, y a la vez abre un abanico de opciones muy interesantes, tanto en este mismo Q50 como en sucedáneos o hermanos que puedan llegar.


Infiniti ha tirado la casa por la ventana en este Q50, tecnológicamente hablando. Incluso podríamos decir que se ha pasado tres pueblos, en el buen sentido de la palabra, con soluciones pioneras, como una dirección ‘by wire’ que es la primera en la que volante y eje direccional no van unidos físicamente. La denominan Direc Adaptative Steering, y es un punto muy a favor para aquellos que no dudan en hacen cola para ser el primero en tener la última actualización del iPhone y presumir de tecnología punta.


Hablamos de diseño y, viendo los precedentes, el trabajo en este apartado de Infiniti ha sido muy notable. Es cierto que, en un primer visionado, por delante nos recuerda un poco a Lexus IS, y por detrás al Mazda 6, pero a poco que te detienes en una observación pormenorizada, aprecias detalles y soluciones fruto de mucho trabajo y horas de investigación, amén de recordarte en bastantes aspectos a lo largo de la carrocería que te encuentras ante un Infiniti.


En la marca de lujo de Nissan soportarán con resignación que la prensa especializada incidamos en que su parrilla, casi trapezoidal, recuerda mucho a la marca de lujo de Toyota, ‘uséase’, Lexus. Los IS y GS que han aparecido a lo largo del último año, poco más, avanzaron la línea de diseño que luego ha recibido toda la familia, con una doble punta de flecha invertida que, suavizada en Infiniti, también parece apreciarse alrededor de la rejilla de ventilación del morro de este Q50. Faros muy rasgados, defensas muy presentes y avanzadas, capó abombado con líneas deflectoras, silueta muy definida y personalizada, aunque con reminiscencias a BMW Serie 5 y Jaguar XF en la delantera, puertas traseras con acabados irregular y maletero muy integrado en el segundo volumen a pesar de sus 4,80 metros, marcan un estudio estético que culmina en una trasera con menos personalidad por culpa de unos grupos ópticos parecidos a algunos modelos ya vistos en el mercado, a pesar de una luneta terriblemente inclinada, una doble salida de escape a ambos lados, otra doble línea horizontal cromada y una especie de alerón-deflector integrado en la parte superior del cofre, que ayuda en términos aerodinámicos y le otorga deportividad y aspecto más potente a partes iguales. También destacan, en nuestra unidad, unas llantas preciosos con un perfil más que deportivo: 19 pulgadas.


En el peor de los casos, para el paladar más sibarita y exquisito del mundo del motor, el exterior promete, y dentro se confirma la sensación de expectación y calidad que sugiere un envoltorio bastante cuidado. Ocurre sólo en los acabados más altos y caros, pero se agradece que el coche te franquee el acceso en cuanto detecta la llave en tu bolsillo. Tampoco hace falta sacarla para arrancar, basta pulsar un botón con el pedal del freno apretado. El motor se pone en marcha y ya, de primeras, descubres que su runrún se deja notar más evidentemente a buen seguro de lo que habías pensado.


Pero antes de meternos a fondo con el motor, nos detenemos en el cuidado interior, y la sensación de que el mundo Premium no tiene por qué ser siempre cortado por el patrón alemán. Lexus ha trabajado mucho en este sentido, y aquí Infiniti muestra su versión, ni peor ni mejor a priori que Audi, Mercedes y BMW, sencillamente, distinta, y se agradece que el pensamiento único no afecte a la manera de pensar y diseñar al otro lado del mundo.


Destacan sobremanera las dos pantallas de grandes dimensiones que casi acaparan la consola central. Ambas táctiles, en la de arriba el navegador es el que tiene mayor protagonismo, mientras que la de abajo, de similar tamaño, está diseñada a la manera de las habituales tablet, con símbolos e iconos a modo de apps, que conforman el menú para configurar la mayoría de parámetros que se pueden cambiar en este Infiniti Q50. Ya sólo el mero hecho de la concepción y llevarlo a la realidad, se merece el aplauso y el reconocimiento general.


La sensación, sentado al volante, es de estar, sin duda, a los mandos de una berlina Premium. Es más, esta sensación se acentúa por el privilegio de tener al alcance de la mano uno de los coches con más y más moderna tecnología que podemos encontrar ahora mismo en el mercado. Se ha conseguido un ambiente en el habitáculo bastante mátrix… entiéndase lo que diga. Los tonos oscuros, el cuero, y la tecnología latente en cada sistema y en cada elemento de conducción, ayudan a imaginarte que, de verdad, estás conduciendo un coche que se ha adelantado un poco a su tiempo, con alguna cosa por pulir, evidentemente, pero pionero al fin y al cabo.


Salvo en deportivos radicales, es la primera vez que vemos un volante que en vez de estar achatado por la parte inferior, tiene zonas rectas, peculiares, de mitad del aro hacia abajo. Cuando giras en maniobras, extraña un poco. El tacto es fenomenal, y el aspecto del cuadro de mandos es impecable, con distribución, colores y grafías que recuerdan bastante a Lexus. No digo que sea copia, no se me malinterprete por favor, pero sí que la disposición y los tonos empleados podrían pasar por los de la marca rival.


Infiniti ha utilizado este Q50 para renovar un poco su lenguaje de diseño interior, con nuevas agrupaciones de botones en el volante, sin perder un ápice de clase y estilo. Entre las dos grandes esferas analógicas, la correspondiente pantalla multifunción con todos los datos del ordenador de a bordo, de forma clara, sencilla, completa y muy gráfica. El funcionamiento es de nuevo impecable y tienen un gran protagonismo las levas, piezas metálicas enormes detrás del volante, accesibles desde cualquier lado, casi también desde las plazas traseras, a tenor del exagerado tamaño que se les ha dado.


En la consola central, como ya hemos apuntado antes, tenemos más material para el análisis, con la fuerte apuesta de dos pantallas grandes que cumplen su función con la correspondiente profesionalidad que se espera. El navegador nos parece, como mínimo, a la altura de cualquier otra marca Premium, en cuanto a información y gestión de la misma, con bastante intuición en cualquier caso, no debe generar muchos problemas por muy torpe que sea el conductor con las nuevas tecnologías. La segunda pantalla, la inferior, a modo de tablet, es capaz de adecuar infinidad de parámetros del coche, pero también manipular todos los reglajes habidos y por haber de teléfono, bluetooth, perfiles, sonido, ventilación… Obviamente, si estás familiarizado con los smart phone o las tablet tendrás mucho ganado, pero no representa demasiados problemas poner todo a tu gusto. En esta pantalla destaca a mi modo de ver representaciones dignas de modelos deportivos, como sensor de fuerzas G, que hasta ahora sólo habíamos visto en la marca Porsche.


Quizá en la consola central pueda extrañar que se mezclen las teclas virtuales con las reales, creando en bastantes ocasiones duplicidad de mandos. Da la sensación de que en Infiniti se han querido asegurar que ante una eventual caída del sistema informático, podemos poner la radio y elegir la temperatura de la climatización sin problemas. No me parece mal.


En un botón situado muy cerca de nosotros, próximo a la base del cambio automático que nos ha tocado probar, tenemos el Drive Mode, un botón que nos permite elegir la personalidad del coche y su sistema de tracción y empuje, modo Sport, Standard, Snow o personalizado, eligiendo por tu cuenta la mezcla de varios parámetros, como velocidad del cambio y la precisión y dureza de la dirección asistida, otro tema en el que Infiniti ha tirado la casa por la ventana. Siendo sinceros, la dirección by wire nos ha parecido un poco artificial. No deja de ser precisa, pero permite algún extraño en el giro del volante cuando llegas al tope de la dirección de las ruedas. Incluso en rampa pronunciada –salida de un garaje-, con las ruedas giradas, a pesar de la tracción trasera, ha tenido algún problema para salir adelante hasta que no hemos puesto las ruedas delanteras un poco más rectas de lo que nos gustaría.


En cualquier caso, cada perfil tiene personalidad propia, y mientras en modo Standard la entrega de potencia y la dirección son bastante suaves, aunque sin perder contundencia, en modo Sport el tacto se vuelve muy deportivo, tanto en el volante como en la entrega de potencia, buscando siempre la parte alta del cuentavueltas y apostando por marchas cortas siempre que es posible. La respuesta del cambio, de 7 velocidades, responde a las expectativas y sin ser excesivamente brillante, no decepciona ni es motivo de lamento, más que nada, porque viene de Mercedes, donde se denomina 7G/Tronic. Ciertamente, si recapacitas un poco más en este punto, te das cuenta de que una marca Premium debería apostar por un cambio automático de primera línea, y es entendible que a algunos clientes esta caja les parezca más lenta de lo que debiera mostrarse.


Tras entrar en el coche sin sacar la llave del bolsillo y arrancar apretando un botón, toca desbloquear el freno de estacionamiento accionando un pedal en la parte izquierda del pedalier. Algunos lo prefieren, pero teniendo ya frenos eléctricos, como que es un punto anacrónico entre tanta electrónica.


Sorprende de inicio también, un poco, la rumorosidad del motor al ralentí. Según aumentas revoluciones, en marcha, se atenúa y se olvida, pero en parado y empezando la marcha, parece que estás en un coche algo más tosco y poco refinado del que en realidad conduces. Esta sensación desaparece a ritmo de crucero, donde la aerodinámica y sus ruidos apenas llegan a tus oídos, es sólo el ronroneo del motor lo que se percibe a duras penas.


El habitáculo es espacioso, en las plazas delanteras vas como un señor, con cuero microperforado en la versión probada, asientos con calefacción, reglajes electrónicos y memorias… un placer. Detrás tampoco vas mal, ni mucho menos, aunque mejor en las plazas laterales, ya que la central tiene que soportar un túnel de transmisión bastante voluminoso, y el asiento y el respaldo están un pelín abultados con respecto a los asientos de cada lado. En cualquier caso, sitio hay de sobra para piernas, cabeza, hombros, etc. Maletero excelente de 500 litros, sobresaliente si no fuera porque posee formas caprichosas, especialmente sinuosas cuanto más nos introducimos en él. No debe ser un problema en ningún caso para acomodar todo lo que podamos.


Una vez listos y situados, empezamos a comprobar con extrema sensibilidad y todos los sentidos abiertos cómo va este Q50 de Infiniti. Y no va mal. Hay pequeños detalles que te sorprenden, quizá porque esperas en determinados casos o situaciones que responda como un Lexus o un Mercedes, pero tiene su propio lenguaje al que tienes que adaptarte. La dirección es lo que más vas a notar. Se nota el compromiso por buscar un equilibrio entre lujo y rodar refinado con deportividad. Los 170 CV del 2.2 de gasóleo empujan con ganas cuando se lo pides, pero también sabe ser suave en el día a día o en el discurrir por autopista o autovía, donde las suspensiones se muestran de manera intachable, a pesar de que el GT Sport cuenta con una específica, más firme, amén de las llantas de 19 pulgadas.


El pack se muestra ágil para hablar de una berlina de 4,80 metros de grandes ruedas y 1.785 kilos, aunque en la competencia, en igualdad de condiciones, los hay con más pinta de nobles, más deportivos y también más ágiles. Sin embargo el Infiniti Q50 ni suspende en ningún apartado ni pierde la cara en duelos directos. Es más, muestra una excelente materia prima que en posteriores generaciones seguro que hará temblar a algún gigante alemán.


Pasamos a los consumos, 6,5 litros en ciclo mixto. Suena a elevado, pero hemos hecho mucha ciudad y callejeo, verificando el comportamiento de la dirección, que encantará a los que en su juventud le hayan dado a los videojuegos. El sistema Intelligent Stop-Start hace que el consumo no sea una sangría en ciudad, y se agradece. A poco que metas más autopista la cosa se debería estabilizar en los 6 litros, algo aún más ajustado.


El Infiniti Q50 más económico, con menor equipamiento y un cambio manual de 6 velocidades, sale por 34.900 euros. A partir de ahí, vas subiendo hasta los 48.775 del GT Sport automático, que es el que hemos probado. El sobreprecio del cambio automático es de 2.775 euros con respecto a la versión manual, algo elevado a nuestro parecer. El Q50 híbrido más accesible está en 53.900 euros, con 364 CV. Carece de versión gasolina.


El Q50 no nos ha decepcionado en absoluto, es más, nos hace estar ávidos ya de la próxima generación, ver de qué es capaz en una nueva puesta al día. Nos encantan detalles, Premium o no, como la pintura antiarañazos (Scratch Shield Paint), la tracción trasera que le aporta ese punto extra deportivo, los 115 gramos de CO2 por kilómetros y el dato que te muestra siempre que funciona el sistema de parada y arranque automático del motor. Las cámaras de visión marcha atrás y Around View son top, y no faltan cositas como la información de la velocidad máxima de la vía por la que circulas, entre otros detalles.


CON LA MANO EN EL CORAZÓN


Con un equipamiento avasallador y un diseño innovador y fresco, capaz de contentar a usuarios de más edad y de menos, este Infiniti Q50 nos parece necesario en el mercado actual. Tiene detalles por pulir, y o quizá elementos a los que aún no nos hemos acostumbrado, pero reúne muchas características para ser tenido en cuenta cara a una compra final. Más lógico, más dinámico y más inteligente, son las tres claves de este coche de Infiniti


UN COCHE PARA...


…los que estén cansados de la oferta Premium alemana y Lexus no les convenza. Para los que quieran estar a la última, para los que quieran ser diferentes, para los que quieren aunar deportividad y lujo sin ser uno más. Una berlina que puede encajar a un espectro amplio de los compradores potenciales, jóvenes por tecnología, y más mayores por diseño, aplomo, elegancia e imagen de berlina-berlina.


KILÓMETROS PRUEBA – 550 kms


PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 40%-20%-40%


RIVALES


Lexus IS300h, Ford Mondeo, Peugeot 508, Volvo S60, Opel Insignia, Audi A5 Sportback, Volkswagen Passat, Audi A4, Mercedes Clase C, BMW Serie 3, Infiniti G, Mazda 6, Jaguar XF, Mercedes Clase E, BMW Serie 5, Audi A6, Infiniti M, Volvo S80




FICHA INFINITI Q50 GT SPORT AUT 7V


Cubicaje / Potencia: 2.143 cc / 170 CV

Caja de cambios: automático 7 velocidades

Alimentación: diésel


Longitud / Anchura / Altura: 4.790 / 1.820 / 1.445 mm

Distancia ejes: 2.850 mm

Maletero: 500 litros

Nº plazas: 5 plazas

Neumáticos: 255/55 R17

Tracción: trasera

Frenos delanteros: Discos ventilados

Frenos traseros: Discos ventilados


Aceleración 0-100 km/h: 8,5 seg.

Velocidad máxima: 230 Km/h

Capacidad depósito combustible: 74 litros

Peso en orden de marcha: 1.750 Kg.

Par motor: 400 Nm a 1.600-2.800 rpm

Emisiones CO2: 124 g/Km


Consumos oficiales:


Extraurbano: 4,1 l/ 100 Km

Urbano: 6,0 l/ 100 Km

Mixto: 4,8 l/ 100 Km


Bien:


Premium distintivo

Consumos

Equipamiento


Menos bien:


Sensación extraña de la dirección

Rumorosidad del motor

Freno de estacionamiento de pedal



Precio: 37.675 euros; acabado GT Sport Aut: 48.775 euros.


Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net