FIAT FREEMONT – Prueba – Mejorado y mejorable

Por sa , 12/11/2012

Fotos relacionadas

+ Ver todas las fotos

Vídeos relacionados

Novedades Salón París 2018
comparte:



Servicios

Zona Fiat
Precios, pruebas, actualidad, portal de la marca.

Últimas Noticias

FIAT FREEMONT – Prueba – Mejorado y mejorable
Hola Fiat Freemont, adiós Dodge Journey. Fiat recoge el testigo de Dodge para hacer su Journey, ahora Freemont, más atractivo en Europa. Apenas cambia por fuera y mejora mucho por dentro. Prueba del Fiat Freemont JTDm 170 CV 4x4 aut.

 


 

El Fiat Freemont puede parecer que es cien por cien herencia de Dodge. Viéndolo desde fuera muchos lo aseguraríamos tras un primer vistazo rápido, pero cuando te subes, y sobre todo cuando lo conduces, descubres en seguida que Fiat ha mejorado una barbaridad el americano tosco y rudo para convertirlo en un europeo muy apañado y con bastantes argumentos, como un precio de entrada ahora mismo, plan PIVE incluido de 22.000 euros. Básicamente os podemos decir que Fiat todavía tiene trabajo por delante, se pueden mejorar muchas cosas, pero el cambio que ha sufrido el Journey no ha sido un mero lavado de cara, y después de más de un millar de kilómetros de prueba queda claro que el Fiat Freemont ha dejado de ser el alumno repetidor que se sienta al fondo de la clase y se dedica a boicotear las explicaciones del profesor, para ser un alumno aplicado, con alguna carencia, pero esforzado y modélico en comportamiento.


Dicho esto, no perdamos de vista una cosa: el Fiat Freemont, de todo lo que hemos visto y probado hasta ahora, es de los mejores vehículos que aúnan espacio (7 plazas) y tracción total, sin perder capacidad rutera ni confort en autovía. El equilibrio de este coche es una de las cosas que más nos han llamado la atención, ya que es muy difícil compaginar el confort en autovía con unas suspensiones muy permisivas pensadas para poder rodar por pistas y caminos de manera exquisita, y además, pensar en el bienestar de siete personas y dotarlas de una comodidad más que aceptable y equipamiento suficiente para satisfacer al más exigente de los consumidores.


El planteamiento es claro a más no poder. Tenemos el Dodge Journey: vamos a mejorarlo lo antes posible sin tener que hacer cambios estructurales significativos. Y Fiat lo ha hecho a la perfección. Para que el notable se convierta en un sobresaliente hay que echarle algún rato más y meter más dinero, pero la verdad que hay que felicitar a Fiat por lo que ha hecho. Habitabilidad, motores, consumos, tracción, facilidad de uso, versatilidad y precio final ayudan muy mucho a elevar al nuevo Freemont, al viejo Journey, al podio.


Estéticamente el Freemont no juega sus mejores cartas. Sigue siendo bastante cuadradote, conservando la figura inicial, aunque luce nuevo maquillaje con llantas, cromados y plásticos que ayudan a mejorar la imagen del coche, volviendo a ponerlo en el mercado de manera atractiva. Obviamente el que se compra un coche como este no va buscando ser el más cool del barrio ni ir a la moda ni romper con ella. Simplemente busca un vehículo funcional que le permita circular tanto por autovía como por pistas lo mejor posible y con espacio suficiente para no dejarse a ningún niño olvidado en casa. La silueta sigue siendo la misma, realzada en nuestra unidad de pruebas por unas espectaculares llantas de 19 pulgadas y un color rojo brillante que realzaba aún más su figura.


El interior es lo más jugoso de este Fiat de nuevo cuño. Para empezar por algún lado hay que decir que estamos en el acabado Lounge, el más equipado de los dos que usa nuestro protagonista (el otro es el Urban) y también con el motor más potente de los que gasta, el bloque dos litros de 170 caballos (la otra opción también es un diesel, pero de 140). Por último, para terminar de situar al sujeto que analizamos, hay que añadir que cuenta con caja automática de seis velocidades, que admite cambio secuencial, y que cuenta con la tracción AWD (All Wheel Drive) inteligente, que sin necesidad de tocar botoncitos, ruletas o palancas, pasa parte de la tracción del eje delantero al trasero, en función de las órdenes que dé oportunamente la centralita que piensa por ti.


Una vez puestos en antecedentes, es maravilloso como, al estilo de los Premium, no hace falta sacar la llave del bolsillo para acceder al interior, ya que un sensor reconoce que estás cerca. Tampoco hará falta insertar llave o llavero en ningún lado, porque puedes arrancar el motor apretando un botón. Así de fácil, y de serie en con este acabado. Si no vas muy apurado de pasta, la verdad es que merece la pena, porque acarrea un montón de opciones que completan a todo lujo un habitáculo en el que da gusto estar y vivir, con soluciones muy apañadas para la mayoría de casos y condiciones.


Nada más acceder al habitáculo vemos unos asientos de cuero y un salpicadero también negro que rezuma calidad. No sé si destaca más porque no esperábamos tanto nivel, pero la verdad es que los italianos no son lerdos a la hora de hacer que un coche respire lujo por dentro, como ya vimos, por ejemplo, con el Lancia Thema que, por cierto, ‘presta’ su pantalla táctil de gran tamaño (8,4 pulgadas) y su navegador para que el Freemont siga delatando que hay que trabajar mucho en este sistema, muy lento, y con una interfaz que se cuelga a la mínimo y que no nos ha resultado demasiado fiable. Sin duda, uno de los puntos a mejorar, ya que aparenta mucho, pero luego se queda muy regular.


El interior, como ya digo, es muy visual. Vale que es el acabado más alto, pero hay que reconocer las cosas. Los asientos son impecables, con reposacabezas activos y muy regulables, tan sólo la palanca que inclina el respaldo es un poco difícil de coger el punto, pero una vez logrado, ves que recogen de maravilla y, para más inri, los asientos delanteros vienen hasta con calefacción incorporada. El tacto del volante multifunción es fenomenal, la dirección no es tan asistida como también esperaba, floja y ‘blandurria’ como algún coche de la marca que pasó por mis manos hace ya una década. También las grafías del cuadro de mandos tienen su personalidad, siempre con toques rojos, muy acertado. El ordenador de a bordo, entre las esferas grandes, también es heredado del Thema, y su manejo también podría ser mucho más fácil, pero bueno, ahí está, cumpliendo su función. No termino de apañarme con los botones para el volumen y las emisoras que están detrás del volante, al estilo de Volvo para el navegador, pero también te adaptas sin que te cueste demasiado.


El salpicadero es elegante, alto, y la consola central está muy bien segmentada, aunque al tacto de la pantalla tampoco es el mejor, debiendo apoyar de nuevo el dedo en más de una ocasión para lograr que la pantalla capte nuestros deseos. La forma de presentar la información también es mejorable, aunque aporta cosas muy reseñables, como la velocidad real vía GPS al lado de la velocidad máxima de la vía, que te chiva la habitual y pequeña desviación que sufren los cuentakilómetros por aguja habituales. Los dígitos cambian el color negro por el rojo si estás rodando por encima del límite. Muy bien.


Si hablamos de almacenaje, en este apartado el Freemont podría aguantar la mirada a casi cualquier rival. La guantera es notable, el hueco bajo la consola central, profundo; lo mismo que el que hay debajo del reposabrazos, con una bandejita móvil que lo puede dividir en dos y que oculta la toma auxiliar y de USB. Lo menos habitual es que la zona mullida del asiento del copiloto se levante y aquí aparezca, por ejemplo, un hueco con dos parejas de cascos para conectar al sistema de vídeo plegable con pantalla oculta en el techo del que pueden gozar las plazas traseras. Debajo de los pies de la segunda fila de asientos también se ocultan dos huecos muy hermosos bajo una trampilla para situar cualquier bulto que se te ocurra, desde calzado hasta cualquier juguete de los niños. La visibilidad delantera y lateral es muy buena, pero la trasera, con tanto reposacabezas, apenas deja unos pocos centímetros de visión, cosa que arregla con la cámara de marcha atrás que monta esta versión del Freemont.


La segunda fila de asientos se abate 60/40, la plaza central también puede ser reposabrazos con hueco para bebidas y en todos los casos las banquetas pueden adelantarse o retrasarse una docena de centímetros, además de reclinarse. Si los habitantes de la segunda opción eligen esto último, obviamente, atrás difícilmente irá cómoda una persona de estatura media, pero si afinamos las posiciones, las dos plazas traseras pueden ser utilizas perfectamente por personas de hasta 1,80 metros y gozar de una posición de piernas bastante cómoda para lo que suelen ser los asientos de la tercera fila generalmente. El acceso a ellas no es de los peores que hemos visto, y lo único malo es que cuando configuras el Freemont con 7 plazas, el maletero, la verdad, es que queda muy pero que muy escaso, con espacio para un par de mochilas y muy poco más. Eso sí, con cinco plazas gozas de 540 litros, y con todos los asientos plegados, pues casi que puedes quedarte a vivir sin demasiadas estrecheces, con una superficie amplia casi plana, a excepción de los huecos entre los asientos.


Pasemos a ver cómo se comporta este campeón dentro y fuera del asfalto, una vez visto que, en habitabilidad, ha sacado un sobresaliente. En este apartado el Fiat Freemont también luce. Y más si miramos la ficha técnica y vemos que gasta ‘tipín’ a pesar de dar en báscula dos toneladas justas. Con este peso, ya imaginamos que los 170 caballos de este propulsor diesel van a tener que emplearse a fondo, sobre todo en las arrancadas, donde tendrá que darlo todo para que las cifras sean, cuanto menos, decentes. Son 11 segundos los que tarda en ponerse a cien por hora, pero lo hace pagando el precio de sentir el ruido del motor a todo lo que da y comprobar que tampoco es que la aceleración sea fulgurante.


Al hilo de esto, he de comentar que los consumos, los reales, no los oficiales, tienen sus luces y sus sombras, porque mientras en carreteras de montaña y en ciudad el consumo es elevado, en autovía, a ritmo legal, el gasto es muy contenido para manejar los pesos y dimensiones que manejamos. La cifra total después de la kilometrada que hemos hecho para probar este Fiat Freemont no llega a ocho litros según nos chiva el ordenador de a bordo, pero insisto en que la diferencia entre rodar plácidamente en autovía y rodar por la ciudad es muy grande. Quizá un sistema de arranque y parada en semáforos le vendría al pelo para pulir unas décimas.


Ya sabemos que la aceleración es ‘regulera’, lógico. También sabemos que el consumo es muy sensible al tipo de conducción y al escenario. Ahora también vas a saber que en carreteras reviradas las inercias son grandes, y si vas cuesta abajo deberás ser previsor a la hora de frenar, porque hay que parar esas dos toneladas más lo que lleves dentro. Es obvio, pero no gasta precisamente cintura de avispa y los cambios de dirección, máxime calzado con unas 19 pulgadas, no son nada ágiles. Sin embargo el aplomo en autovía es remarcable, con una pisada firme, sin balanceos ni inercias apreciables gracias al ERM, un sistema que mitiga los balanceos excesivos y que funciona divinamente.


También nos hemos salido de lo negro, y hemos hecho unas cuantas decenas de kilómetros por pistas de tierra, piedras, roderas, barro, baches, y la verdad que se nota el plus de seguridad y tranquilidad que te da el sistema de tracción AWD. Hemos sido conscientes de cuando ha sido necesario echar mano de la tracción del eje trasero, y la centralita lo ha hecho de manera automática con toda naturalidad. También en curvas y giros se nota si tienes ya unas cuantas horas de vuelo, y se aprecia cuando la tracción en ambos ejes te echa una mano. En este sentido, impecable. El sistema se llama Electronically Controlled Coupling (ECC) y junto al ESP manda el par óptimo a cada rueda. Al más mínimo deslizamiento el sistema entra en funcionamiento y manda toda la potencia que le permite el dispositivo a las ruedas traseras.


Sinceramente, Fiat ha hecho un buen trabajo, pero hay que echar más horas para lograr que el producto sea redondo e imbatible… y mantener los precios, claro. Te sorprendes de la relación calidad precio cuando ves que tienes el Hill Holder de serie (arranque en pendientes sin que el coche ruede), pero también te gustaría que otras cosas estuvieran más pulidas. Como por ejemplo el cambio automático, que es bastante lento, y tiene la dichosa manía de que en cuanto detecta que la carretera apunta ligeramente hacia abajo, te baja una marcha y logra revolucionar el motor de manera poco coherente. Te obliga a echar mano del secuencial y volver la palanca a sexta, si es el caso. Y siempre entre el yin y el yan, porque ves los asientos laterales de la segunda fila, con un dispositivo que eleva el asiento para que vayan niños más cómodamente, y alucinas, o las redecillas en los laterales de la consola central, a la altura de los pies, para pequeños objetos, o el espejo de taxista para controlar a la tropa, o la luz del maletero, que también es linterna extraíble… pero claro, luego te estresar con la lentitud del navegador, por ejemplo, o piensas en que un motor de gasolina, que no hay en catálogo, también le podría venir bien, o incluso, mejorar bastante la iluminación, tanto las cortas como las largas, que cumple muy regular su función.


Nunca mejor dicho, luces y sombras para un coche que con el motor más pequeño, tracción delantera, cambio manual y el acabado más básico puedes adquirir desde 22.000 euros con el plan PIVE, y que se pone en 32.900 euros con el motor de 170 CV, tracción integral, cambio automático y acabado Lounge. Por 1.125 euros más de la pintura y 925 del Pack vídeo tendrás una unidad exacta a la que hemos probado, con un equipamiento de lo más completo, barras en el techo incluidas.


CON LA MANO EN EL CORAZÓN


Bastante bien, sinceramente. Es un coche honesto, que ofrece mucho, cumple con nota, y sólo unos pequeños detalles le quitan el sobresaliente. Apto para siete adultos, cosas que muy pocos pueden decir, el Fiat Freemont cumple como monovolumen y permite excursiones fuera del asfalto de manera tranquila, correcta y dinámica, cosa que tampoco muchos pueden decir.


UN COCHE PARA...


Familias jóvenes numerosas, en peligro de extinción, por cierto, a causa de la crisis, que no paran quietos y no quieren que los niños se apolillen en casa. Los fines de semana, con o sin niños, tendrán una nueva dimensión si en el garaje familiar aguarda un Fiat Freemont.


KILÓMETROS PRUEBA – 1.330 kms


PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 20%-30%-50%


RIVALES


Seat Altea XL, Chevrolet Orlando, Mazda 5, Toyota Prius +, Seat Alhambra, Citroen C4 Grand Picasso, VW Sharan, Opel Zafira Tourer, Peugeot 5008, Renault Espace, SsangYong Rodius, Ford Galaxy, Volkswagen Multivan, Mercedes Viano, Lancia Voyager


FICHA FIAT FREEMONT JTDm 170 4x4 aut


Cubicaje / Potencia: 1.956 cc / 170 CV a 4.000 rpm

Caja de cambios: automático de 6 velocidades

Alimentación: diésel


Longitud / Anchura / Altura: 4.888 x 1.878 x 1.691 mm

Distancia ejes: 2.890 mm

Maletero: 145 litros (7 plazas), 540 (5 plazas) y 1.461 litros (2 plazas)

Nº plazas: 7

Neumáticos: 225/65R17; Unidad - 225/55 R19

Tracción: AWD

Frenos delanteros: Discos ventilados

Frenos traseros: Discos


Aceleración 0-100 km/h: 11,1 seg.

Velocidad máxima: 184 Km/h

Capacidad depósito combustible: 79,9 litros

Peso en orden de marcha: 2.004 Kg.

Par motor: 350 Nm a 1.750-2.500 rpm

Emisiones CO2: 194 g/Km.


Consumos oficiales:

Extraurbano: 9,0 l/ 100km

Urbano: 9,6 l/ 100 km

Mixto: 7,3 l/ 100 km


Bien:

Habitáculo muy práctico

Siete plazas reales

Monovolumen y tracción total en uno


Menos bien:

Maletero con siete plazas

Visibilidad trasera

Iluminación delantera y frenos mejorables


Precio: 32.900 euros (Fiat Freemont 2WD 140 CV desde 22.000 Pive incluido)


Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net