CITROEN C4 CACTUS – Prueba – Revolución francesa

Por Andrea Enzo , 24/10/2014

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CITROEN C4 CACTUS – Prueba – Revolución francesa
El Citroën C4 Cactus no es un coche normal. Este Citroen Cactus parte de un prototipo revolucionario hace años y llega un coche que desafía la normalidad con un planteamiento diferente. Prueba a fondo del Citroën C4 Cactus BlueHDI de 100 CV.




El Citroën C4 Cactus es un coche que no deja indiferente a nadie. Para bien o para mal, tiene ese don, esa capacidad. O te encanta, o lo odias. Así, sin medias tintas. Haciendo acopio del máximo de objetividad posible, vamos a intentar analizar sin pasiones pero también sin detestar sin razón, un coche que ha revolucionado el mercado automovilístico gracias a salirse de la línea habitual en un sinfín de apartados y elementos.


Como puedes ver a simple vista, el Citroën C4 Cactus, usando la plataforma del Citroen C3 en vez de la del Citroën C4 al que se acerca más por tamaño, ha decidido salirse de los cánones habituales de diseño y apostar por nuevas soluciones, revolucionarias, que como ya hemos avanzado antes, a algunos les encantará y a otros les causará auténtico horror.


El planteamiento del Citroën C4 Cactus es casi de low cost, aprovechando la plataforma de un coche ya existente en la casa, y construyendo el coche a base de mucho plástico y prescindiendo de elementos que, hasta ahora, apuntábamos como imprescindibles en un coche, como por ejemplo el cuentarrevoluciones o las ventanillas traseras abribles, aunque sea mediante manilla. Como veremos más adelante, estas dos ausencias no son las únicas en un vehículo que tiene, como no puede ser de otra manera cuando se innova, luces y sombras.


La primera impresión que ofrece en visión directa es de, como diría Jorge Valdano con su acento argentino a rabiar, ‘sensasiones encontradas’. Desde Portalcoches.net siempre aplaudiremos la innovación, el riesgo, la búsqueda de lo distinto, y como puedes ver, mires desde el ángulo que mires, es que la marca francesa no ha dudado en romper con lo establecido y saltarse a la torera reglas de la automoción que parecían innegociables.


El Citroën C4 Cactus no se parece a ningún coche existente, incluso, podemos decir que se ha radicalizado un poco con respecto al primer concept car que vimos hace ya muchos años, de aspecto más futurista, orientación eléctrica o al menos híbrida, pero también más ‘normal’, que el producto que ahora tenemos entre manos y conducimos durante una semana para poder contarte nuestras impresiones.


Su estética es una de las cosas más controvertidas en los últimos tiempos en el sector. Fabricado en España, el Citroën Cactus tiene una apariencia muy solvente, a pesar de que está formado por elementos que parece que han sido sacados de un saco por un niño pequeño con los ojos tapados y, saliera lo que saliera, ha sido incorporado al coche con más o menos tino.


La principal característica por la que destaca este Cactus es por sus protecciones denominadas Airbump. Hechas a base de poliuretano termoplástico, contiene cápsulas de aire que amortiguan los choques de poca intensidad. Estos Airbump, situados en los laterales del coche, en la parte media de ambas puertas, vienen de lujo para evitar los típicos roces al aparcar en batería con los coches de al lado en los cada vez más estrechos parkings, y para minimizar los daños en maniobras habituales, columnas, postes, etc. Si el golpe es fuerte, está claro que nos cargaremos los Airbump, pero también tenemos que pensar que sustituir esta protección plástica es más barato que meter el coche en el taller y arreglar la chapa. Por cierto, están disponibles en cuatro colores: negro, duna, gris y chocolate.


Dejando a un lado lo más evidente, tenemos que poner de manifiesto que el Citroën C4 Cactus llama la atención. La posibilidad de jugar con los colores, tanto de carrocería como de las protecciones plásticas, barras de techo y el negro tintado de la mayoría de las superficies acristaladas, componen un paisaje con mucha personalidad y un resultado que, como ya hemos dicho anteriormente, a unos gusta, y a otros les repudia.


Visto por delante, con las distintas luces separadas en tres grupos y muy futuristas alguna de ellas, a muchos les parecerá casi una nave espacial, con las protecciones negras en contrasta con nuestro blanco nacarado. Esta percepción es acentuada por lo abombado del morro y el parabrisas tan echado hacia atrás, con la cabina también desplazada hacia la parte posterior. La visión lateral tampoco es habitual. Pues las barras del techo y el alerón trasero superior le dan hasta cierto aire deportivo, a pesar de su voluminosa figura, que le hacen parecer mayor de los 4,15 metros que en realidad mide. Para mi gusto personal, la parte trasera es la que peor han resuelto, ya que los grupos ópticos, rojos, son bastante pequeños, y la solución de meter una plancha de plástico negro para unirlos, e incluso ganar terreno por la parte baja de estos, me parece realmente fea, aunque no digo que no pueda ser práctica. La unidad que hemos probado, la más equipada y cara, lleva unas llantas negras de 17 pulgadas que juegan a favor de una apreciación más positiva del diseño de este Citroën C4 Cactus. Pero vamos, que si nos dicen que es una evolución humanizada del vehículo diseñado para recorrer la superficie de Marte, también nos lo creemos.


El interior del Cactus tampoco deja indiferente a nadie. Muchas de las superficies y guarnecidos siguen siendo plásticos duros, de un tacto rugoso que no habla muy bien de ellos, aunque a decir verdad, y siendo sinceros, no hay grillos ni malos ajustes. Mezclado con esta sensación, ejercicios de diseño verdaderamente remarcables, como las formas rectangulares del cuadro de mandos, de la pantalla del navegador de 7 pulgadas, y casi de los propios asientos, acabados en tela rugosa en nuestra unidad, que por desgracia apenas cuentan con sujeción lateral, con lo que las curvas se convierten, casi, en un atracción de feria para sus ocupantes.


La verdad es que la sensación dentro del habitáculo es de espacio, mucho espacio, con una gran altura al techo y mucho espacio atrás para que los ocupantes puedan viajar con comodidad, pese a las medidas ya anunciadas, de puro compacto. Hay infinidad de elementos que llaman la atención, como el volante, ligeramente achatado no sólo por abajo, sino también por arriba, o una guantera superior en la parte del salpicadero del copiloto con un diseño vintage que nos ha enamorado, lo mismo que las agarraderas en las puertas delanteras, al más puro estilo de maleta de los años 60. Genial.


Sin embargo, es una lástima que el volante sólo sea regulable en altura y no en profundidad, el resultado, viendo la rectitud de los asientos, es una posición de conducción que no puedo decir que sea precisamente fluida, pues cuesta coger la postura idónea. De igual manera, sorprende ver como las ventanillas traseras no se pueden bajar. Son de compás, a la antigua, otro cosa que no creo que no cueste mucho dinero y que desentona una barbaridad. A esta altura también encontramos el hecho de que la ventanilla del conductor no baje pulsando una sola vez el botón o que Citroen nos obligue a cambiar de oído al suprimir del panel de instrumentación el cuentarrevoluciones. Vale que una flecha nos indica cuando debemos cambiar para efectuar una conducción económica pero… ¿y si no queremos?


Los elementos rectangulares vistos en el salpicadero y el cuadro de mandos se mezclan con otros, como los aireadores, con forma de las burbujas del Airbump exterior. También justo antes de llegar a la palanca del cambio, bajando por la consola central, nos encontramos con una protuberancia que simula la misma forma, previo a un par de huecos para dejar monedas, llaves o poco más. En líneas generales la consola central es bastante minimalista, ya que la pantalla táctil del navegador engloba la mayoría de funciones del coche, para lo bueno y para lo malo, ya que si quieres subir o bajar la temperatura interior, no podrás hacerlo directamente con un botón o ruletilla, sino abriendo el menú del climatizador, y actuando en la pantalla sobre la temperatura. Del mismo modo, los completos datos del ordenador de a bordo, no se pueden ver en la pantalla detrás del volante, que queda infrautilizada, sino también en la pantalla de la consola central.


Nos defrauda un poco el guiado de nuestro cambio manual de cinco velocidades. Hemos tenido especialmente problemas para engranar la tercera velocidad, que parecía que estaba engranada y viceversa. Las primeras marchas son bastante cortas, para luego encontrarte con una quinta más que larga, con la que se logran unos consumos realmente sobresalientes.


Antes de pasar a la dinámica, os comentaré dos temas más. Nuestra unidad, como extra, nos llega con techo panorámico, es una pasada en cuanto a visibilidad y sensación de espacio. Es un doble cristal térmico que en teoría protege de los rayos solares… y ya puede hacerlo, porque no existe ningún tipo de persiana o similar para evitar los 40 grados del mes de agosto en bastantes puntos de España. También me ha quedado hablar del maletero, que ofrece según mediciones de la firma gala 358 litros pero que a nosotros, sinceramente, nos ha parecido que caben bastantes cosas de lo que dicen sus medidas, la verdad por delante.


Una vez en marcha también tenemos bastantes cosas que comentar. La primera de todas ya lo hicimos anteriormente, ya que el escalonamiento de las marchas es bastante desigual, aunque mejor esto que el cambio ETG que se ofrece como opción con una potencia menor (92 caballos con igual motor).


Lo mejor del Citroën C4 Cactus BlueHDI de 100 CV que hemos probado, es el consumo. Hemos realizado mucha circulación por ciudad, y la media final ha sido de 4,9 litros cada cien kilómetros, rozando los 5 litros. En autovía, la media fue de 4,5 litros dentro de los límites legales, algo que nos ha encantado. A pesar de que las cifras lo muestran, la aceleración no está nada mal, principalmente, porque se ha apostado por reducir elementos para contener el precio y el peso, con lo que no se llega a 1.150 kilos en total, lo que repercute en lo bien que se comporta casi en cualquier situación. En ciudad el sistema de parada y arranque automático del motor funciona bastante bien.


Esta sensación sería mucho más evidente si se hubiera optado por montar unas suspensiones algo más duras. Obviamente, nadie se va a comprar un Cactus para hacer carreras, pero quizá se ha primado en exceso el confort y la comodidad de marcha. Obvio que los baches e irregularidades de la vía quedan muy amortiguados, pero el bamboleo de la carrocería nos parece remarcable, aunque en una conducción pausada y habitual en el día a día, por supuesto, no representa ningún problema.


El Citroën C4 Cactus está disponible con tres potencias nada más, lo que no va a impedir que sea un éxito de ventas puesto que están muy bien posicionadas. En gasolina nos encontramos un 1.2 VTi de 82 caballos, que está disponible tanto en cambio manual como automático. En diesel hay dos potencias disponibles, pertenecientes a un 1.6 que con cambio ETG ofrece 92 caballos y con cambio manual sube a los 100 que nosotros hemos testado aquí. Existen un montón de acabados y opciones, con lo que podemos tener un Cactus desde 14.750 euros, con promociones incluidas. Con el propulsor de nuestra unidad, en el acabado más austero, te saldrá por 17.950 euros. El Citroën C4 Cactus BlueHDI que hemos probado nosotros pasa ampliamente de los 22.000 euros.


La relación de amor-odio que tenemos con el Cactus podría seguir casi hasta el infinito. Nos encanta que se arriesgue en el diseño, pero no todo vale. No nos gusta que se prescinda de elementos importantes en el coche, pero nos gana cuando vemos que los limpia parabrisas llevan el líquido integrado (Magic Wash), o que lleva rueda de repuesto. Es como una montaña rusa, porque claro, miras encima de las ventanillas en el interior, y ves que no hay las habituales asas para agarrarse. Nos encanta comprobar que puede montar cámara de visión trasera, pero la luz blanca que avisa y señaliza dicha maniobra es incapaz de iluminar de manera eficiente y en un aparcamiento interior no verás la pared o el obstáculo que sea cuando estés en ello. Una cosa de locos esta disparidad de sensaciones. Quizá por eso el Citroën C4 Cactus nos ha gustado… y nos ha enfadado.


Con la mano en el corazón


Tengo que repetir aquí lo de ‘sensaciones encontradas’. Me encanta la valentía de una marca que rompe con lo establecido, y el premio va a ser la cantidad de ventas que va a hacer con este modelo. Pero creo que en su afán por reducir gastos se ha prescindido de elementos que no deberían desaparecer, como casi todos los que he enumerado durante el análisis. Me gustan muchas cosas del Citroën C4 Cactus, pero también hay otras que me impedirían comprar este modelo.


Un coche para…


… un amplio sector de la clientela de nuestro país. Seguro que en el mercado femenino tendrá muchos aliados, y no sólo por el Airbump, aunque su diseño juegue un poco en su contra por su radicalidad. Sus consumos son de bandera, y con un precio contenido seguro que también entra en bastantes casas con presupuestos ajustados. También apunta maneras como un segundo coche ‘diferente’ para el día a día y la urbe.


KILÓMETROS PRUEBA – 445 kms


PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 35%-15%-50%


RIVALES


Mitsubishi ASX, MINI Paceman, MINI Countryman, Skoda Yeti, Opel Mokka, Nissan Juke, Renault Captur, Peugeot 2008, Chevrolet Trax, Suzuki SX4, Fiat Sedici


FICHA CITROEN C4 CACTUS BlueHDI


Cubicaje / Potencia: 1.560 cc / 99 CV a 3.500 r.p.m.

Caja de cambios: manual 5 velocidades

Alimentación: diésel


Longitud / Anchura / Altura: 4.157 / 1.729 / 1.480 mm

Distancia ejes: 2.595 mm

Maletero: 358 litros

Nº plazas: 5 plazas

Neumáticos: 205/55 R16; unidad probada: 205/50 R17

Tracción: delantera

Frenos delanteros: Discos ventilados

Frenos traseros: Tambor


Aceleración 0-100 km/h: 10,7 seg.

Velocidad máxima: 184 Km/h

Capacidad depósito combustible: 45 litros

Peso en orden de marcha: 1.145 Kg.

Par motor: 254 Nm a 1.750 rpm

Emisiones CO2: 87 g/Km


Consumos oficiales


Extraurbano: 3,2 l/ 100 Km

Urbano: 3,8 l/ 100 Km

Mixto: 3,4 l/ 100 Km


Bien:


Consumo

Diseño y apariencia muy distintas a las habituales

Habitabilidad interior


Menos bien:


Sin cuentarrevoluciones

Ventanillas traseras de compás

Volante sin regulación en profundidad


Precio: 17.950 euros


Óscar González Soria – oscar.gonzalez@portalcoches.net