RENAULT LATITUDE – Prueba Coche – Más por menos

Por sa , 30/09/2011 | Visto: 10144
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RENAULT LATITUDE – Prueba Coche – Más por menos
Renault llevaba años sin una gran berlina. Safrane y Vel Satis no cumplieron las expectativas y el giro de timón de 180 grados se llama Latitude, coche que fabrica Sambsung en Corea y que cambia lujo por practicidad y buen precio. Prueba del dCi 150.
 
Renault igual debería admitir que el gran público no busca berlinas extra grandes generalistas. Quizá el Latitude sea su último intento. O el penúltimo. En este segmento ha pasado de la extrema imaginación y los arriesgados ejercicios de diseño como el Avantime y el Vel Satis, a la discreción absoluta aparejada a unos rasgos que pasan inadvertidos en casi cualquier parte. Quizá Renault da bandazos una y otra vez sin encontrar el punto medio… aunque las cifras parecen darle la razón, pues hace apenas unos días la marca francesa decía que habían vendido más Latitude en los primeros meses de los que habían pronosticado para el primer año. A lo mejor en la discreción y en la serenidad está el secreto del éxito. La respuesta es impredecible, sobre todo porque si este Renault Latitude no estuviera aparejado a un precio más que competitivo, el resultado sería otro muy distinto.
 
He de reconocer que el Vel Satis me encantaba. Arriesgado, fuera de lo común, superlativo, clásico, espacioso… reunía muchas de las características que tendría mi coche soñado. Pero no caló en absoluto. Con la lección bien aprendida, los chicos de la marca del rombo han optado por un cambio de rumbo brutal y tirando de líneas clásicas, diseño sin estridencias… y del fenomenal trabajo de Samsung en la fábrica coreana de Busan, han desembarcado a este lado de Europa con un producto que no va a romper corazones pero que tampoco romperá bolsillos, y con la crisis que tenemos, la decisión de comercializar esta gran berlina es la más acertada.
 
Renault latitude detalle interiorNo esperes calidad Premium, porque no la hay. No sueñes con detalles al alcance de muy pocos, porque si quieres que el precio de tu coche empiece por un ‘2’, hay que empezar a renunciar a muchas cosas, aunque el espacio y la suavidad de conducción no sean una de ellas. La verdad, es que tampoco renuncias a tantas cosas. Es cierto que la calidad visual percibida es menor que la de un Premium alemán, no nos engañemos, pero puede entablar un tú a tú con el Skoda Superb y mantener la cabeza alta. Quizá sea el checo su principal rival en un segmento en el que la coyuntura económica se ha cebado pero bien. Hace ya año y medio largo que probamos el buque insignia de Skoda. Revisando las notas veo que aunque el habitáculo es más austero y el equipamiento es algo inferior, la sensación de espacio interior y la comodidad de las plazas traseras son mejores en el centroeuropeo que en el francés, sin ser malas en este último. También el maletero del Superb es inigualable. También se le notaba más duro, más prieto, quizá por ser la versión de tracción total y 170 caballos. También era bastante más caro, todo hay que decirlo.
 
Este Renault Latitude no deja de ser un Laguna que ha pegado un estirón considerable, hasta los casi 4,90 metros. Muchos acogerán con reticencia la llegada de este coche sabiendo que se fabrica en Corea y que lo único que hace Renault es colocar su logo en la parrilla. Sin embargo he de decir que en ningún momento se puede pensar que el coche es peor porque no se fabrique en Europa. Los estándares de calidad de Renault siguen siendo los mismos se haga el coche en Valladolid, Palencia, París o Corea. Eso no cambia.
 
Por fuera ya hemos dicho que el coche no enamora, a pesar de que hay varios detalles que nos han gustado. A pesar de que el coche es grande, mucho, no lo aparenta. Eso es porque el habitáculo se ha echado para atrás en buena medida y el tercer volumen no queda tan largo como en otros vehículos de la competencia. A pesar de ello, el maletero no es ni mucho menos la referencia del segmento, pues a pesar de sus más de 5 litros, hay berlinas de menos de 4,70 metros que cuentan con más espacio en el cofre.
 
El morro está bien resuelto, además de que nos gustan las sinuosas formas del voladizo inferior. Quizá el detalle que más nos ha encantado en cuanto a diseño exterior sea la parrilla y las tres barras cromadas que la cruzan, de derecha a izquierda, más finas en los extremos y más anchas justo donde se funden con el rombo de Renault. El efecto es muy bonito. La sencillez hecha belleza, bravo.
 
Por lo demás, el morro es el más clásico y sencillo que había en el repertorio de Renault. La línea de perfil sigue con el clasicismo que impera mires por donde mires, pero no se hace monótono ni excesivamente anodino, tiene su elegancia desde esta perspectiva, pues no levanta demasiado del suelo y tiene cierto toque deportivo por su menor alzada que el resto de rivales y, sobre todo, porque el morro, afilado, apunta para abajo mientras la zaga, respingona, apunta hacia arriba. Por detrás, la ancha barra cromada que une ambos pilotos traseros sigue la línea vista hasta ahora, acentuando tanto el clasicismo del conjunto, que dejaría atrás el concierto de año nuevo desde Viena y el cierre de la Marcha Radetzky. Al menos los grupos ópticos son de gran tamaño y le dan un aire más señorial de lo esperable. Para rematar el tema del maletero, he de señalar que es aquí donde se aprecia un rasgo fundamental que le aleja de las berlinas Premium, y es que, al cerrar, el hidráulico apenas retiene, y el sonido a chapa del golpe no invita a sonreír, precisamente.
 
Renault Latitude foto interiorPor dentro, la similitud con el Laguna y con el resto de hermanos pequeños es bastante señalada, aunque en este caso contamos con algún dispositivo y algún botón más. La impresión a los mandos es más que correcta. Todo encaja bien, e incluso nuestra prueba de fuego, la mini guantera que existe en algunos modelos a la izquierda del volante y que suele ser un plástico mal encajado sin más, guarda un buen nivel de calidad y ajuste. La frialdad de los acabados Renault quizá destaca aquí un poco más porque al ser un coche de mayor fuste se espera algo más de empaque que en un Laguna, pero la nota interior es muy similar.
 
El tacto del volante es frío, me gusta que el aro sea fino, pero el cuero no es el más fino del mundo. No me gusta nada el grafismo de las dos grandes esferas que además cuenta con unos toques rojos muy señalados en el cuentarrevoluciones y en la parte alta del velocímetro que en ocasiones puedes confundir, por su intensidad, con señales de alarma porque algo no funcione. Siendo el buque insignia de Renault, tenía fácil destacar de su familia apostando por un navegador grande y ostentoso, pero sigue apostando por el TomTom de pantalla no tan espaciosa como en la competencia, y sigue aprobando raspado la asignatura de ‘aire señorial’. El navegador funciona bien una vez que pones todos los parámetros a tu gusto, y te indica incluso la velocidad máxima de la vía y los radares fijos según te acercas, pero su reducido tamaño no le engrandece, precisamente. La misma pantalla de reducido tamaño sirve cuando engranas la marcha atrás para ver a través de la cámara situada en la parte central del maletero. Se agradece.
 
En el mismo orden de cosas, es un auténtico infierno buscar emisoras nuevas en su equipo de audio. Suena bien, es un Bose, pero la navegación por sus opciones puede sacar de quicio a cualquiera que peine canas desde hace tiempo… o no tanto. El sistema de ventilación es más intuitivo y se agradece una barbaridad, amén de contar con sistemas de ionización del aire y barritas de distintos aromas que ayudan, ahora sí, a subir la nota en la asignatura imaginaria que antes mencionábamos, con funciones Clean o Relax. El ordenador de a bordo es el mismo de toda la familia, cumple sin problemas y da bastante información, bien ordenada. Contrastan todas estas buenas noticias con el mando que, detrás del volante, permite controlar el sistema de audio, pues es voluminoso y común al resto de los pequeños de la familia.
 
A nivel espacial, Samsung… perdón, Renault, ha cuidado especialmente las plazas delanteras. Las traseras no están nada mal, un ministro griego, por aquello de la crisis, podía tener un Latitude de coche ministerial y no poder poner pegas al espacio, aunque tampoco tiene demasiados gadgets a su alcance, salvo las cortinillas laterales y trasera para complementar la acción del ahumado de los cristales ante el sol castigador del verano. El arranque por botón y la tarjeta manos libres también ayuda a acumular puntos en la nota final de la solvencia y practicidad de toda berlina de representación. Pero como decíamos, es el conductor el que mejor sale parado de todo, con un asiento multirregulable y con función masaje que es la que mejor trabajo realiza de todas las probadas, sin ser aún la panacea. Los reposacabezas activos con posición avanzada me siguen ganando y ponen un positivo más en su cuenta.
 
El cambio manual de seis velocidades funciona bien, es fácil de manejar y los recorridos de la palanca son lógicos y precisos, aunque el diseño y volumen del pomo es mejorable bajo nuestro punto de vista, demasiado voluminoso. De huecos no va mal servido, aunque la guantera no sea la más espaciosa del mundo. En las puertas el hueco es amplio, y dispone de más delante de los mandos del navegador, para dos bebidas, y uno más dentro del reposabrazos central, que alberga un práctico ‘ordenamonedas’ –que se desmonta con facilidad- y las entradas auxiliares para dispositivos de audio y el correspondiente USB.
 
Una vez en marcha, los 150 caballos, siendo algo justos, cumplen con dignidad moviendo la poco más de tonelada y media de este Latitude. No me duelen prendas al decir que por debajo de 2.0 vueltas el dCi está absolutamente muerto, recupera con lentitud desesperante, pero a partir de ahí vuelve a la vida y, sin alegrías desbordantes, mueve con pulcritud y solvencia al más grande de los Renault.
 
Renault latitude detalle exterior delanteroSi eres de los que piensas que con cualquier coche puedes afrontar curvas con un mínimo de diversión, en este caso, olvídate. Entre que el motor es tranquilo, un auténtico trotón, y que las suspensiones son blandas de verdad, buscando exageradamente el confort más que la practicidad, se te quitarán las ganas de hilar un par de curvas a ritmo elevado al primer intento. En ningún momento hay peligro, pero está claro que para ese tipo de conducción Renault tiene otros productos mejor preparados. El Latitude ha llegado a nuestro mercado para el que busca comodidad y espacio, sin pretensiones, sin querer aparentar más de lo que se es, y de eso da sobradamente.
 
El consumo final después de casi medio millar de kilómetros se ha estabilizado en un poquito más de siete litros, una cifra lógica, que ni es espectacular, ni desborda las previsiones, aunque está casi dos litros por encima de los datos oficiales, en la parte alta de la horquilla que venimos observando después de más de 150 pruebas de todo tipo de vehículos completadas. En cualquier caso, los 70 litros del tanque de combustible dan para un desplazamiento de más de mil kilómetros si se circula por autovía a límites legales. El coche cuenta con indicador de cambio de marcha para ayudar a reducir el consumo, pero en este orden de cosas echamos de menos un sistema start@stop que seguro habría ayudado bastante más a mantener a raya el consumo y la emisión de CO2.
 
De cualquier manera, lo mejor de este Latitude, de largo, es la suavidad con que se conduce. Silencioso como muy pocos, incluidas las grandes berlinas más caras, la calidad de su rodadura es francamente buena, dejando pasar apenas un murmullo a su habitáculo, siempre hablando, obvio, de velocidades legales. Es en estos momentos cuando me viene a la cabeza la brillante campaña de publicidad que ha hecho Renault. No es como para llegar al extremo de estar disfrutando de un masaje tailandés y pensar en lo cómodo que estás en tu Latitude, pero es un buen paralelismo.
 
Como siempre, Renault ofrece bastantes motorizaciones para que no tengas dificultad para encontrar el que mejor se adapta a tus necesidades. En gasolina está la mecánica de acceso, un gasolina de 140 caballos que sale por 23.3 euros. A partir de ahí, tenemos tres diesel, de 150, 175 y 240, con cambio automático obligatorio el 240 CV y opcional en el 175 CV. La versión probada es la más austera en gasoil, y empieza en los 27.650 euros, un precio bastante, bastante ajustado. Depende de la motorización, los acabados van del Expression al Initiale, pasando por el Privilège, el que venía en nuestra unidad de pruebas.
 
CON LA MANO EN EL CORAZÓN
No es el más bonito ni el mejor en numerosos parámetros, pero es honesto, frugal, espacioso, suave y silencioso, con lo que en estos tiempos que corren resulta ser una elección certera y aconsejable.

UN COCHE PARA...
…si vas justo de dinero y necesitas un coche práctico y cómodo con el que cubrir decenas de miles de kilómetros al año con el mínimo esfuerzo. Si eres de los que no te gusta aparentar y sí disfrutar de los placeres asequibles, este Latitude te satisfará plenamente.

KILÓMETROS PRUEBA – 460 kms

PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 35%-15%-50%



FICHA del RENAULT Latitude dCI 150

 
Cubicaje / Potencia: 1995 / 150 CV

Caja de cambios: Manual 6 velocidades

Alimentación: Common Rail

 
Longitud / Anchura / Altura: 4.897 / 2.072 / 1.483 mm

Distancia ejes: 2.762 mm

Maletero: 511 litros

Nº plazas: 5 plazas

Neumáticos delanteros: 225/50 R17

Tracción: Delantera

Frenos delanteros: Discos ventilados de 296 mm

Frenos traseros: Discos ventilados de 3 mm

 
Aceleración 0-1 km/h: 10,30 seg

Velocidad máxima: 210 km/h

Capacidad depósito combustible: 70 litros

Peso en orden de marcha: 1.535 kgs

Par motor: 340 Nm a 2.0 r.p.m.

Emisiones CO2: 140 g/km

 
Consumos oficiales:

Extraurbano: 4,6 l/1km

Urbano: 7 l/1 km

Mixto: 5,3 l/1 km

 
Bien:

Suavidad

Precio

Equipamiento completo

 
Menos bien:

No tiene personalidad

Diseño exterior anodino

Suspensiones ‘demasiado confortables’

 
Precio: Desde 27.650 euros
 
 
Óscar González Soria - oscar.gonzalez@portalcoches.net