Lewis Hamilton, tras una carrera perfecta, vence en Canadá y se pone líder de un Mundial que en 7 carreras ha visto 7 vencedores distintos. Fernando Alonso, que arriesgó por el triunfo, se quedó sin ruedas y acabó 5º. Pérez y Grosjean, en el podio.
Todo a medias. Fernando Alonso se subía al coche sabiendo que Nadal no había podido levantar la ensaladera en su séptimo Roland Garros y que España en la Eurocopa no había pasado del empate ante Italia, aunque pilotando para Ferrari esto parecía un resultado ideal para el ovetense. De igual manera, Alonso, saliendo con las máximas aspiraciones en el GP de Canadá, teniendo un segundo puesto en la mano arriesgó de manera valiente por la victoria y, al final, el destino no premió su valor y se tuvo que conformar con un quinto puesto de manera in extremis que no sirve para mantener el liderato de este peleado Mundial, que pasa a manos de un Lewis Hamilton que logra ser el séptimo ganador distinto en estas siete primeras carreras de Mundial.
El calor de Montreal iba a pasar factura de dos maneras distintas, frenos y ruedas. Y justo los dos españoles tuvieron un castigo distinto. En la vuelta 27 Pedro Martínez de la Rosa, cuando iba delante de los dos Marussia y del Caterham de Petrov tuvo que bajarse del coche en su box con los frenos a punto de salir en llamas. No se refrigeraban suficiente y el ritmo del español, muy bueno, acentuó el resultado y el precipitado final. El meteorito asturiano apostó a ganador, quiso aguantar con los neumáticos más duros hasta el final… pero a pocas vueltas del final las gomas perdieron todas sus prestaciones y uno a uno le fueron pasando Hamilton, Grosjean, Pérez y Vettel, en una sangría y en un eterno penar que pudo ser peor si dura una vuelta más, pues Rosberg y Webber habrían hecho también lo propio.
La salida fue la más sosa de la temporada, y me atrevo a decir que de los últimos diez años. Tan solo Rosberg inquietó en las dos primeras curvas a Webber por la cuarta plaza, pero al australiano no le tembló el pulso y aguantó bien el envite inicial. A partir de ahí, todos en sus respectivas posiciones, y buscando aguantar con las ruedas lo más frescas posibles hasta el momento de pasar por boxes para acercarse al de delante y ganar una posición.
Así fue hasta que Vettel, que parecía más rápido que el resto, entró en la vuelta 17. Lewis, que se había pegado al Red Bull, voló literalmente para, a pesar de un semicalado del motor al arrancar, salir por delante del alemán. A Alonso le tocaba parar en la vuelta 19, la siguiente, pero se encontró tan cómodo y tan rápido que, en vez de hacer la de Mónaco, que se le criticó mucho por entrar cuando estaba volando en pista, se quedó una vuelta más. No sabemos que habría pasado entrando en la siguiente, pero en esa segunda vuelta no ganó nada de tiempo, aunque el trabajo impecable en boxes le puso en pista justo, justo por delante de Hamilton y Vettel. Pero tan pegado, que a la mínima que pudo Hamilton aprovechó que las ruedas de Alonso aún no tenían la temperatura óptima y le pasó de manera inmisericorde. Vettel, visto lo visto, intentó lo propio, pero tardó en atacar y el ‘Meteorito Asturiano’ ya tenía el coche lo suficientemente optimizado como para defenderse y poner metros de por medio incluso.
Poco a Poco Hamilton ponía tierra de por medio. Alonso se quedaba a una distancia de entre tres y cuatro segundos y Vettel intentaba no irse más allá de los cuatro segundos con respecto al español, mientras por detrás las peleas entre Grosjean, Raikkonen, Rosberg, Massa, Pérez y Webber eran brutales, pero siempre limpias.
En la vuelta 40 se abrió la ventana de los que iban a una sola vuelta. Habían hecho 40 vueltas con duros y los Pérez, Grosjean, Raikkonen, Hobayashi y compañía pasaban a poner blandos, con los que tenían que hacer 30 giros, aunque con los depósitos de combustible más vacíos.
Por delante el trío favorito dejaba pasar las vueltas con tranquilidad, buscando estar a la distancia óptima en el momento del segundo cambio… era lo que casi todos pensaban. Alonso y Vettel reducían metros y en la vuelta 50, a 20 del final, Hamilton entraba a cambiar ruedas. Máxima tensión. De nuevo al arrancar pierde el de McLaren un segundito y el pánico se instala en el box plateado. Alonso sigue volando en pista, en su carrera número 19 consecutiva en los puntos, tercer mejor registro de la historia, no quiere conformarse con ser segundo y busca la victoria. El ovetense sabe que entrando ahora quedaría siempre, sí o sí detrás de Hamilton, y si Vettel se la juega y llega hasta el final sin entrar a boxes incluso puede ser tercero. Habla con su box y todos piensan lo mismo; es lo más arriesgado, pero si sale se llevan los 25 puntos y la copa más grande. Apuestan a ganador –el que suscribe habría hecho lo mismo- y el español decide no mirar atrás y tirar hasta el final. Serían 50 vueltas con los mismos neumáticos. Van 30 y no parecen a punto de desfallecer.
Hamilton sale de boxes tercero y está a 15 segundos de Alonso. En cada giro la sangría es constante: segundo y poco. Las cuentas no salen y el sudor empieza a poblar las frentes del muro de Ferrari. Alonso mantiene el ritmo hasta que faltan ocho vueltas. Ahí los neumáticos dicen basta y empieza a rodas hasta cuatro segundos más lento por vuelta que los demás. Vettel y el mago Newey se lo han olido y evitan la pelea con Hamilton, que viene lanzado, y a 7 del final entra a poner gomas blandas. Alonso decide aguantar pese a todo, pensando que el alemán no tendrá tiempo a remontar. Se equivocan.
A seis del final Hamilton se pone primero y saborea la victoria. Grosjean viene por detrás y hace lo propio a cuatro giros para ver la bandera a cuadros. El francesito de Lotus no ha parado más que una vez, pero sus gomas blandas aguantan 30 giros como si nada. Pérez tarda dos vueltas más en superar a Fernando. El maestro del ahorro de ruedas, con una conducción deliciosa, lleva a México al tercer cajón del podio. Hasta Vettel, antes de entrar en la última vuelta, pasa a un tortuguil Alonso. Y menos mal. Una vuelta más, y habría perdido las posiciones de Rosberg, Webber y Raikonen.
La valiente apuesta le hace pagar a Alonso un precio muy elevado. Son sólo ocho puntos, pero los suficientes para dejar de ser líder y que Vettel le reste puntos en vez de aumentar la ventaja. ‘El que no se embarca no se marea’, me decía mi abuelo. Prefiero apostar a ganador que borrar los números de la calculadora de tanto usarla. Esto es Fórmula 1, y Alonso ha vuelto a dar una lección de campeón.
Ahora, a lamer heridas, a hacer mil y un cálculos, y a pensar en el Valencia Street Circuit, donde en dos semanas habrá un octavo asalto, que podría tener un octavo ganador distinto a poco que los Lotus, Pérez o Schumchar, máximos candidatos que aún no han vencido, hagan las cosas bien y tengan una pizca de suerte. Pero eso es otra historia, tan distinta a la de hoy, que Nadal podrá ver esa carrera mientras quita el escaso polvo acumulado a la copa de su séptimo Roland Garros y los jugadores de la selección española de fútbol podrán solazarse con las gestas del piloto español de Ferrari mientras saborean los mejores momentos de su victoria en cuartos de la Eurocopa ante Suecia esperando a Alemania en semifinales. Pero eso, eso es otra historia.