Hyundai sorprende con el Veloster, un deportivo de factura impecable y diseño atrevido. El Veloster se presenta rompiendo moldes e impulsa a Hyundai aún más arriba. Analizamos el Hyundai Veloster 1.6 GDI Sport con cambio automático de doble embrague.
El Hyundai Veloster es un soplo de aire fresco en medio de la tórrida cotidianidad del mercado automovilístico mundial. Acostumbrados a apuestas poco arriesgadas, ‘amarrateguis’, donde con una inversión mínima se busca el máximo beneficio, Hyundai, cuarto fabricante mundial junto a KIA, sorprende a propios y extraños con un deportivo coupé que tiene, amén de un cuidado diseño, un concepto nuevo en cuanto a sus puertas, ya que mientras por el lado izquierdo se disfraza de auténtico coupé con una sola entrada, la del conductor, en el flanco derecho son dos puertas las que, sin hacer al coche menos estilizado, le convierten en un vehículo casi tan práctico como un compacto al uso.
Hyundai ha esculpido el Veloster con un puntero láser casi del próximo siglo. Afilado, arriesgado, con aristas y ángulos casi imposibles, pero que en conjunto forman un todo armonioso y que hechizará a todo aquel que esté aburrido de lo mismo. Habrá muchos que piensen que es muy parecido al
Renault Mégane Coupé, o al nuevo Opel Astra de tres puertas que está a la vuelta de la esquina. En cualquier caso, hay muchos rasgos característicos que diferencian y enmarcan a la nueva Hyundai que, por primera vez, no esgrimirá el argumento del precio como razón número 1 de ventas, ya que con el Veloster abre camino en un nuevo nicho de mercado que promete darle muchas alegrías a la mínima que cuide un poco más el modelo a nivel de mecánicas, principalmente.
El Veloster me gusta. Me han disparado directamente al corazón. Entre 20 y 40 años, no tienes qué tener un sueldazo para poder permitirte hacerte con uno de estos. Somos muchos los que nos gusta diferenciarnos del vecino lo máximo posible en todos los ámbitos, y en automoción, coches como el Veloster, marcan la diferencia. Podrá ser más o menos criticado por su concepto de puertas, pero hay cosas innegables, como el salto de calidad, la estética y el cuidado por el producto. Pero también hay sombras, cuidado. Las luces que han alumbrado el nuevo Veloster dejan huecos sin iluminar, y esos también aquí van a quedar de manifiesto.
Empezando por el exterior, como casi siempre, ya ha quedado claro que el Veloster es un coche arriesgado, y eso debe gustar a todos los que tienen un mínimo de espíritu inconformista. Diferenciarse de la plebe, del todo, no ser uno más, cuesta mucho en el día a día, en el plano personal, tanto o más como cuando hablamos de automóviles. Y Hyundai lo ha conseguido, vaya por delante el reconocimiento. El concepto de una puerta en la izquierda y dos en la derecha no ha dejado indiferente a nadie, todos tienen una opinión al respecto, buena o menos buena, pero como decían, ‘me da igual que hablen bien o mal de mí, pero que hablen de mí’. Los coreanos, una vez conseguido esto, han esculpido con la vista puesta en el futuro un coche que tardará en pasar de moda. Afilado, bajito, con una zaga rematada con acierto y esmero… qué alegría ver un coche coreano que estéticamente marca la pauta. Tardaron, pero a partir de ahora va a ser difícil pararles.
El frontal sigue siendo Hyundai, pero todos los elementos estéticos han rejuvenecido. Las ópticas son una sucesión de curvas, líneas cóncavas y convexas que provocan, que sugieren, que enamoran, remarcadas más intensamente por la línea de leds que conforman las luces de día. En la parte superior del morro, donde empieza el capó, va emplazado el logo, y ahora apenas hay abertura en esa zona. La entrada de aire, alargada, se sitúa debajo de la matrícula. Los antiniebla parecen huir hacia los laterales, donde los intermitentes de los faros han ganado ya mucho terreno. La fluidez y las líneas horizontales ganan por goleada, creando una sensación dinámica muy lograda.
La línea lateral es de libro, pues desde que el techo se une con la luna delantera empieza a caer hacia atrás poco a poco creando una forma de coupé inconfundible. Desde fuera se adivina que la habitabilidad de las plazas traseras, obviamente, no va a ser uno de los puntos fuertes del coche, pero de eso hablamos más tarde. Por el lado derecho se adivina la segunda puerta, pero está bien disimulada, como es habitual, con la manilla escondida en la misma ventanilla, en la parte de atrás. El techo no ha terminado de caer, visto de perfil, y ya empieza la luneta trasera, que se come dos cuartas la parte final del techo, para seguir en una franja horizontal separada del mismo techo por un spoiler que realza el toque deportivo del conjunto. Minimalista, la zaga por encima del parachoques es visualmente pequeña, todo confluye hacia el logo de la marca que preside el tirador del maletero. Debajo del parachoques, que recogen unos pasos de ruedas traseras voluminosos y sobredimensionados para potenciar aún más el aspecto poderoso del coche, nos encontramos el lugar de la placa, y la manera más bonita que he visto en un coche de calle de rematar la zona de los tubos de escape. Al estilo del RS del Mégane, el tubo de escape se dobla en la zona central, adquiriendo forma trapezoidal en la parte más baja del conjunto y rodeado de un color negro mate que remata la zona. Me dejo para el final los pilotos traseros, que siendo atractivos, son el rasgo más normal de un diseño que destaca en todos y cada uno de los detalles elegidos. No hace falta que asegure que la visibilidad, tanto trasera como lateral, no es su punto fuerte. Con estas formas, el maletero queda un poco comprometido, no en cuanto a capacidad, pues con 320 litros es más que digno, sino en su boca de carga, muy estrecha, y el borde muy alto, lo que dificulta cualquier maniobra con un bulto pesado. No se puede tener todo en esta vida y contentar a todos, es más que complicado.

Por dentro la sonrisa no se troca en decepción, como cabría pensar siguiendo los prejuicios que unos y otros tenemos con los interiores vistos hasta ahora en las marcas coreanas.
La percepción visual es magnífica, acentuada aún más, precisamente, por el nivel mostrado en Hyundai hasta ahora. Armónico, moderno, bien rematado, da gusto sentarse en este Hyundai y lucir la hache del logotipo con la cabeza alta y el mentón apuntando al cielo. Desde nuestro punto de vista se sigue abusando un poco de los metalizados, pero en cualquier caso mucho menos que antes. La iluminación en tonos azules y blancos denota cierta clase que hasta ahora brillaba por su ausencia en las creaciones de la marca coreana. Volante multifunción, impecables ajustes, exquisito al tacto, quizá más plásticos duros de los deseables, pero no lo notarás hasta que no apoyes el dedo, pues a la vista podría pasar por un interior alemán perfectamente. Asientos de diseño, consola central bien resuelta, con una pantalla táctil de siete pulgadas que echa de menos, en nuestra unidad de pruebas, el sistema de navegación. Tomas de aire más de cara a la galería que prácticas, siguen la norma del diseño, que no perjudica en nada a los relojes del cuadro de mandos, perfectamente claros y legibles, y al ordenador de a bordo, práctico y aplaudido por abandonar los pitorros para accionarlo en el propio cuadro de mandos, encontrando su lugar en el volante multifunción, que tiene un tacto sobresaliente.
Llama la atención un ‘rosetón’ que pone Veloster a la altura de la palanca de cambios. Es de plástico gris y es meramente decorativo, pero es tan evidente que no puedes evitar tocarlo de todas las maneras que se te ocurren para ver si desvela un pasadizo secreto o un cajón oculto. Justo debajo se abre un hueco enorme para vaciar los bolsillos más amplios, que también tiene espacio para que vayan situadas ahí dos entradas aux tipo mechero y el USB. Detrás de la palanca del cambio, cuyo diseño me ha dejado frío después de todos los aciertos anteriores, se abren más huecos para bebidas y un reposabrazos que también oculta un buen hueco para dejar cosas. Dos detalles más que nos han hecho sonreír admirados: el primero, es un sistema que te acerca el cinturón de seguridad en las plazas delanteras y que facilita un acto obligado que en cualquier coupé te obliga a protagonizar escorzos casi inhumanos. El segundo, es otro detalle más de pureza, pues el diseño de las asas y reposabrazos en las puertas delanteras es casi espacial, pero la mar de práctico. Muy bien.
Los asientos son bonitos, aunque al tacto no mantienen el nivel. En marcha recogen de maravilla, aunque no es fácil encontrar la posición a la primera porque las palancas que lo regulan no tienen un funcionamiento sencillo. Las plazas traseras no son tan amplias como las delanteras. Sólo tiene dos, y menos mal, porque tres adultos irían embutidos ahí atrás. Lo ideal son dos personas para este coche, pero al menos con la tercera puerta se ha convertido en bastante más que un 2+2. La verdad es que la práctica supera la teoría y la configuración ‘raruna’ del techo de cristal en la parte de atrás hace posible que personas de hasta 1,80 metros puedan ir razonablemente cómodos. Y es que aunque la zona donde acaba el techo en la parte trasera está más cerca de nuestras cabezas, éstas están justo bajo el cristal del techo, que está algo más elevado y tiene más espacio libre, por lo que aunque la entrada es angosta, una vez con la cabeza apoyada en el reposacabezas, la sensación de desahogo es mayor. Eso en cuanto a la altura, porque para las piernas tampoco vas a tener demasiados problemas. No tienes los mismos centímetros que en una berlina como para gozar de excesiva comodidad, pero la verdad que la realidad supera siempre a la ficción. El acceso a las plazas no es fácil, pues la puerta es más estrecha de lo normal, pero franqueado este problema, todo pinta mucho mejor. Todo esto hace pensar que para trayectos por ciudad son muy útiles, pero si el kilometraje es mayor, los ocupantes deben ser muy tiquismiquis o muy altos para que se te puedan quejar.
A nivel dinámico el coche se defiende con orden y disciplina. El motor de la unidad de prueba, por fuerza debe ser el 1.6 GDI de 140 caballos, pues hasta la fecha no hay otro disponible, y este es su principal fallo. No sólo no hay versión diesel, sino que en gasolina no hay más que uno disponible. Está bien situado en el rango de potencia y consumo, pero debería haber, obviamente, más variedad. No llega a los 8 litros de sin plomo cada 1 kilómetros por poco, y reconozco que sin picarte mucho a la conducción deportiva, algún episodio ha habido para comprobar su practicidad en terreno sinuoso. Su bastidor podría aguantar más potencia, aunque seguro que si el día de mañana se plantea esta opción se retocará un poco el tema de suspensiones y reparto de pesos. Las ruedas de 18 pulgadas pueden con todo, va muy bien calzado, y con la entrega de potencia de este GDI nunca vas a tener problemas en este sentido, es más, unas 17 lo harían igual de bien, mejorando un poco el consumo. El compromiso de las suspensiones entre dureza y comodidad es óptima, aunque para los que crean que el Veloster es eminentemente deportivo, he de decir que a nivel de prestaciones y firmeza en todo tipo de curvas, es mejorable, y no es tan radical en su planteamiento como parece.

El lanzamiento del Veloster venía aparejado con un cambio manual de seis velocidades que cumplía su función.
Nuestra unidad de pruebas es de las primeras en el país que viene con el cambio automático de doble embrague DCT. Según Hyundai, este cambio de seis relaciones optimiza el consumo de combustible. Con dos cajas de cambios manuales separadas y controladas electrónicamente, embragadas sin un pedal de embrague convencional, los cambios son más rápidos y suaves, sin ninguna pérdida de par. La verdad se ha dicha, en marcha, desde que avanzas los primeros metros, te das cuenta de una cosa que no esperabas, y es la increíble suavidad y la poca sonoridad del conjunto. Pareciera que han dado con la varita mágica que ahorra fricciones y rozamientos en todos los sentidos, con el asfalto e incluso aerodinámicos, y la verdad que junto a un habitáculo muy bien aislado, puedo prometer y prometo que la sensación Premium al rodar es total. Al ralentí es prácticamente imposible apreciar que el motor está en marcha.
En cuanto al día a día, es verdad que el DCT no es nada malo, pero todavía se puede optimizar. Los cambios, efectivamente, son rápidos, pero arrancando de parado y pisando a fondo de inicio se espera algo más de velocidad a la hora de coger velocidad. También la reacción cuando pisas el pedal es mejorable y seguro que en futuras versiones se mejoran todos estos aspectos. Nuestra unidad también llevaba levas en el volante, muy bien situadas y prácticas, aunque con 140 caballos es un poco un quiero y no puedo. Lo que me ha llamado la atención, negativamente, es que las levas son de plástico duro. Primera vez que las veo. También me ha decepcionado el limpiaparabrisas, principalmente, porque las escobillas hacen un ruido muy desagradable cuando actúan. En el lado contrario, un detalle práctico y que nos ha encantado es que si con el motor apagado dejas la radio puesta o cargando algún dispositivo electrónico vía USB, el coche, en determinado momento, avisa que se puede quedar si batería y te invita a arrancar el motor para que eso no pase mediante un mensaje en el display de la pantalla táctil. Espectacular.
Con la garantía Hyundai de 5 años de serie, la versión que hemos probado es la 1.6 GDi Sport, y el nivel de equipamiento es notable, con 6 airbags, ESP, BAS, leds, luces automáticas, USB, HAC, climatizador bizona, etc, etc. Su precio es 25.140 euros, aunque anda danzando en estas fechas un descuento promocional de 2.0 euros que hace aún más atractiva la compra de un vehículo transgresor y que, por qué no, puede que comience una nueva era y una nueva forma de pensar en el automóvil del futuro.
CON LA MANO EN EL CORAZÓN
Todos los jóvenes y no tan jóvenes nos hemos frotado las manos inconscientemente viendo este Veloster y su precio. Es asequible, sin ser barato, y contar con un coche con estética deportiva y arrebatadora es hoy, gracias a Hyundai, más fácil. Además, en cuanto a calidad la cosa ha mejorado mucho y se puede lucir la hache del morro con orgullo. Eso sí, pide una mecánica diesel y otra gasolina más potente ¡a gritos!
UN COCHE PARA...
…los jóvenes, principalmente. Soltero, con o sin pareja, que quieran vivir la vida con cierta deportividad y un mínimo de dinamismo. Un coche para fardar con los amigos, deportivo, que incluso permite llevas a cuatro personas. Un acierto de Hyundai.
KILÓMETROS PRUEBA – 650 kms
PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 30%-20%-50%
FICHA HYUNDAI VELOSTER 1.6 GDi Sport
Cubicaje / Potencia: 1.591 cc / 140 CV a 6.300 rpm
Caja de cambios: Automático de doble embrague
Alimentación: inyección directa
Longitud / Anchura / Altura: 4.220 / 1.790 / 1.399 mm
Distancia ejes: 2.650 mm
Maletero: 320 litros
Nº plazas: 4
Neumáticos: 215/40/18
Tracción: delantera
Frenos delanteros: discos ventilados
Frenos traseros: discos
Aceleración 0-1 km/h: 9,7 seg.
Velocidad máxima: 201 km/h
Capacidad depósito combustible: 50 litros
Peso en orden de marcha: 1.260 kms.
Par motor: 167 Nm a 4.850 rpm
Emisiones CO2: 148 gr/km.
Consumos oficiales (litros)
Extraurbano: 5.3
Urbano: 8.1
Mixto: 6.5
Bien:
Diseño y estética
Suavidad y escasa sonoridad
Calidad visual percibida
Menos bien:
Sólo 4 plazas
Un único motor
Boca de carga del maletero pequeña y alta
Precio: Desde 21.690 euros