En verano, las altas temperaturas producen averías como las que hacen que el sistema de refrigeración del motor trabaje hasta un 20% más, que los plásticos se cuarteen con más facilidad o que el desgaste de las ruedas se incremente hasta un 15%.
En verano, el motor pierde potencia, ya que a mayor temperatura ambiente, el volumen de oxígeno en el aire es inferior y cuanto menos oxígeno llegue al interior de los cilindros, peor se quema la mezcla de aire/combustible. Para evitarlo, se debe comprobar que las bujías y filtros se hayan sustituido en el plazo marcado por el fabricante.
Las altas temperaturas también provocan un mayor desgaste en las ruedas. Para evitarlo, lo mejor es no conducir deprisa, sobretodo en zonas de curvas, y evitar circular a las horas del día con mayor
calor. Además, es importante verificar las presiones de los neumáticos cada semana.
Otro problema que causa el calor es la mala refrigeración de los frenos, que pierden, así, estabilidad. Para evitarlo, no se debe abusar de ellos de forma innecesaria y se debe cambiar el líquido de frenos cada 60.0 km ó cada dos años.
Los líquidos que tiene el coche corren el peligro de que se puedan evaporar. El gas del aire acondicionado también se puede fugar debido a las altas temperaturas.
A estas
averías, se les suma el desgaste de las escobillas, que no se deben mojar con agua fría si han estado mucho tiempo al sol, desajustes en los plásticos, ya que el coche puede llegar a alcanzar, en su interior, 60º C en dos horas, o la pérdida de brillo de la pintura.